Estamos ante uno de los pueblos con más encanto de la provincia de Ávila, y que cuenta con el marchamo de «los más bonitos e España». Un lugar con encanto y con mucha historia y que fue refugio de reyes y obispos a lo largo de la historia y cuyos cielos inspiraron para sus obras inmortales al gran Francisco de Goya, quien pasó varias temporadas por estos lares.. Nos desplazamos hasta la comarca de El Barco de Ávila-Piedrahíta. Ahí aparece el municipio de Bonilla de la Sierra, a escasas dos horas por carretera de Madrid. Una localidad, que como muchas otras de esta ancha Castilla, ha ido perdiendo población y actualmente resisten en ella unas 150 personas. Ello no es óbice para disfrutar de una jornada en una localidad con mucho encanto y muchas sorpresas.. Ya para empezar, el paisaje resultar abrumador, con zonas montañosas predominantes y la naturaleza brillando por doquier. Y es que el pueblo, ubicado en un precioso valle, se eleva 1079 metros sobre el nivel del mar.. Declarado Conjunto Histórico-Artístico, su inmenso e importante patrimonio cultural así lo atestigua. Su castillo, o lo que queda de él, se remonta al siglo XII, y ha servido de morada a destacados personajes de la historia española y que ha servido, hasta el siglo XIX de residencia de verano de distintos obispos. Hoy, propiedad privada, pero que se puede visitar. Entre sus muros murió Alonso de Madrigal,“El Tostado”, consejero de Juan II, padre de Isabel la Católica, este le nombró, en un primer momento, canciller mayor y abad de la Colegiata de Valladolid y más adelante Obispo de Ávila, cargo que ocupó hasta su muerte. Bonilla fue el lugar elegido por este prelado para estudiar y escribir parte de su gran obra.. Juan II también moró entre los muros del castillo. Buscaba refugio en la Torre del Homenaje en 1440, de la mano del obispo Lope Barrientos, durante las disputas con los infantes de Aragón, en 1440. Junto al castillo se encuentra la muralla, que contaba con cuatro puertas de acceso a la villa, y en los últimos años se han ido haciendo diferentes reformas para su restauración y consolidación.. Un paseo por la villa nos acerca hasta la Iglesia Colegiata de Santa María de Tours, una pequeña catedral del siglo XV donde destacan sus retablos, en especial el de estilo renacentista de la capilla de los Guzmanes. Otro lugar de interés es el Puente de Chuy, de estilo románico, o las propias casas de la localidad que algunas de ellas mantienen sus escudos heráldicos, o el Pozo de Santa Bárbara, cuya construcción se remonta al siglo XII y XIII. Y bien merece conocer la Plaza Mayor, donde sobresalen sus casonas solariegas. Y en sus cercanías, se han descubierto en los últimos años dos altares rupeestres, con escaleras talladas en roca.. Un idílico lugar para descubrir en estos primeros días de primavera y donde también se puede degustar de una extraordinaria gastronomía, donde destaca la ternera de Ávila, el embutido, las patatas revolconas o los judiones, sin olvidar para los más golosos, las rosquillas, los mantecados o las perrunillas.. Por lo que no es de extrañar que tanto reyes como obispos hasta el propio Goya, se acercaran hasta aquí para descansar y buscar inspiración.
Fue una localidad elegida por reyes y obispos para descansar
Estamos ante uno de los pueblos con más encanto de la provincia de Ávila, y que cuenta con el marchamo de «los más bonitos e España». Un lugar con encanto y con mucha historia y que fue refugio de reyes y obispos a lo largo de la historia y cuyos cielos inspiraron para sus obras inmortales al gran Francisco de Goya, quien pasó varias temporadas por estos lares.. Nos desplazamos hasta la comarca de El Barco de Ávila-Piedrahíta. Ahí aparece el municipio de Bonilla de la Sierra, a escasas dos horas por carretera de Madrid. Una localidad, que como muchas otras de esta ancha Castilla, ha ido perdiendo población y actualmente resisten en ella unas 150 personas. Ello no es óbice para disfrutar de una jornada en una localidad con mucho encanto y muchas sorpresas.. Ya para empezar, el paisaje resultar abrumador, con zonas montañosas predominantes y la naturaleza brillando por doquier. Y es que el pueblo, ubicado en un precioso valle, se eleva 1079 metros sobre el nivel del mar.. Declarado Conjunto Histórico-Artístico, su inmenso e importante patrimonio cultural así lo atestigua. Su castillo, o lo que queda de él, se remonta al siglo XII, y ha servido de morada a destacados personajes de la historia española y que ha servido, hasta el siglo XIX de residencia de verano de distintos obispos. Hoy, propiedad privada, pero que se puede visitar. Entre sus muros murió Alonso de Madrigal,“El Tostado”, consejero de Juan II, padre de Isabel la Católica, este le nombró, en un primer momento, canciller mayor y abad de la Colegiata de Valladolid y más adelante Obispo de Ávila, cargo que ocupó hasta su muerte. Bonilla fue el lugar elegido por este prelado para estudiar y escribir parte de su gran obra.. Juan II también moró entre los muros del castillo. Buscaba refugio en la Torre del Homenaje en 1440, de la mano del obispo Lope Barrientos, durante las disputas con los infantes de Aragón, en 1440. Junto al castillo se encuentra la muralla, que contaba con cuatro puertas de acceso a la villa, y en los últimos años se han ido haciendo diferentes reformas para su restauración y consolidación.. Un paseo por la villa nos acerca hasta la Iglesia Colegiata de Santa María de Tours, una pequeña catedral del siglo XV donde destacan sus retablos, en especial el de estilo renacentista de la capilla de los Guzmanes. Otro lugar de interés es el Puente de Chuy, de estilo románico, o las propias casas de la localidad que algunas de ellas mantienen sus escudos heráldicos, o el Pozo de Santa Bárbara, cuya construcción se remonta al siglo XII y XIII. Y bien merece conocer la Plaza Mayor, donde sobresalen sus casonas solariegas. Y en sus cercanías, se han descubierto en los últimos años dos altares rupeestres, con escaleras talladas en roca.. Un idílico lugar para descubrir en estos primeros días de primavera y donde también se puede degustar de una extraordinaria gastronomía, donde destaca la ternera de Ávila, el embutido, las patatas revolconas o los judiones, sin olvidar para los más golosos, las rosquillas, los mantecados o las perrunillas.. Por lo que no es de extrañar que tanto reyes como obispos hasta el propio Goya, se acercaran hasta aquí para descansar y buscar inspiración.
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