Huelva afronta una campaña agrícola, en la que destaca el cultivo de frutos rojos, marcada por la incertidumbre. Pese a contar con agua tras las lluvias y una demanda estable por parte de los mercados, el sector advierte de un déficit crítico de trabajadores que amenaza con dejar parte de la producción en el suelo y golpear la economía rural de la provincia.. Manuel Piedra, secretario de Inmigración y Empleo Agrario de UPA y secretario general de UPA Huelva, traslada a LA RAZÓN una preocupación que recorre las fincas de la provincia. El diagnóstico es claro: existe una brecha creciente entre las necesidades de producción y las de mano de obra que tiene en las autorizaciones de mano de obra concedidas por el Ministerio para contratar a trabajadores extranjeros su principal causa. «Hay un déficit que cada año se incrementa más», advierte.. Para entender la magnitud del problema, hay que desgranar las cifras de la «contratación en origen». Para la presente campaña, se ha autorizado la llegada de 21.500 trabajadores extranjeros. Una cifra que a simple vista parece contundente, pero no es así.. De ese total, unos 18.000 son «repetidores». Se trata de personas que, tras la última reforma laboral, han adquirido derechos y son llamadas de forma recurrente cada año. El problema real reside en las nuevas incorporaciones. «Los empresarios solicitaron cerca de 8.000 nuevas plazas, pero solo se han concedido por parte del Gobierno unas 4.200: 3.300 procedentes de Marruecos y apenas 900 de Sudamérica», explica.. El sector había puesto grandes esperanzas en el mercado latinoamericano, solicitando más de 2.000 temporeros, pero la respuesta ministerial quedó a menos de la mitad. Mientras tanto, el histórico caladero de mano de obra de Europa del Este se agota por una cuestión puramente demográfica. Aquellas mujeres rumanas que llegaron hace dos décadas han envejecido y no hay un relevo generacional en sus países de origen que quiera trabajar en el campo español. A esto hay que añadir una realidad cada vez más acuciante, la competencia de la agricultura con otros sectores económicos. Con el auge de la construcción y la recuperación total de la hostelería, el campo ha perdido su exclusividad como receptor de mano de obra extranjera. «Estamos compitiendo ya en el mismo mundo», señala Piedra. «Antes este proyecto era casi exclusivamente agrícola, pero ahora vemos cómo la construcción también entra en las peticiones de mano de obra externa. Estamos todos pidiendo del mismo sitio». Esta competencia encarece y dificulta la logística de las campañas, dejando al sector primario en una posición vulnerable. Ante esta situación de déficit de mano de obra las instituciones suelen lanzar un mensaje de tranquilidad: «Si el año pasado se sacó la campaña, este año también se hará». Pero para los agricultores, esa es una lectura simplista que ignora las pérdidas silenciosas.. Cuando, por ejemplo, la producción de fresa, arándano y frambuesa llega a su pico en los meses de marzo y abril, si no hay manos suficientes, el agricultor se ve obligado a tomar una decisión drástica: abandonar parcelas. «No es que no se termine la campaña, es que se deja de recolectar lo que no da tiempo», explica UPA.. Las consecuencias de dejar fruta sin recoger trascienden la finca del agricultor, es, en su opinión, un golpe directo a la línea de flotación de la economía provincial. Si se pierden, por ejemplo, un millón de kilos de fresa por falta de manos, el impacto se siente en el transporte con cientos de camiones que no se flotan; en la industria auxiliar ya que se producen menos envases, cajas y plásticos fabricados; además, cae el empleo en almacenes y naves de envasado y los ingresos que circulan en las tiendas y supermercados de los pueblos. «Cuando tiramos ese producto o no lo recolectamos, lo estamos pagando también con mano de obra indirecta. Si se para la producción, se para la vida en el mundo rural», sentencia. Ante este escenario, el sector propone tres posibles soluciones que, según denuncian, el Gobierno aún no ha terminado de habilitar por falta de voluntad política o bloqueo parlamentario.. En primer lugar, aumentar el contingente de contratación en origen (GECCO), especialmente reforzando los acuerdos con países de Sudamérica. En segundo lugar, aprovechar la «Protección Internacional». Aunque existen miles de personas en España bajo este estatus, las trabas burocráticas limitan su incorporación. «Pedimos 3.000 personas de este colectivo y nos dijeron que solo podía atendernos 1.500», lamentan desde UPA. La tercera vía es la más ambiciosa: un permiso de trabajo temporal para personas que ya están en España en situación irregular. Esta medida, según Piedra, no solo solucionaría la falta de mano de obra en la campaña de Huelva y en otras tantas, sino que permitiría a estas personas cotizar y contribuir a las arcas públicas. Huelva afronta una campaña, en principio, con agua, calidad excelente y precios competitivos, pero con un eslabón que cada año es más débil, el factor humano. La advertencia del sector es clara: de nada sirve tener algunos de los mejores productos del mundo si cuando hay necesidad de recolectarlo no hay gente suficiente para hacerlo.
El sector en Huelva advierte de un déficit crítico de trabajadores que amenaza con dejar parte de la producción en el suelo
Huelva afronta una campaña agrícola, en la que destaca el cultivo de frutos rojos, marcada por la incertidumbre. Pese a contar con agua tras las lluvias y una demanda estable por parte de los mercados, el sector advierte de un déficit crítico de trabajadores que amenaza con dejar parte de la producción en el suelo y golpear la economía rural de la provincia.. Manuel Piedra, secretario de Inmigración y Empleo Agrario de UPA y secretario general de UPA Huelva, traslada a LA RAZÓN una preocupación que recorre las fincas de la provincia. El diagnóstico es claro: existe una brecha creciente entre las necesidades de producción y las de mano de obra que tiene en las autorizaciones de mano de obra concedidas por el Ministerio para contratar a trabajadores extranjeros su principal causa. «Hay un déficit que cada año se incrementa más», advierte.. Para entender la magnitud del problema, hay que desgranar las cifras de la «contratación en origen». Para la presente campaña, se ha autorizado la llegada de 21.500 trabajadores extranjeros. Una cifra que a simple vista parece contundente, pero no es así.. De ese total, unos 18.000 son «repetidores». Se trata de personas que, tras la última reforma laboral, han adquirido derechos y son llamadas de forma recurrente cada año. El problema real reside en las nuevas incorporaciones. «Los empresarios solicitaron cerca de 8.000 nuevas plazas, pero solo se han concedido por parte del Gobierno unas 4.200: 3.300 procedentes de Marruecos y apenas 900 de Sudamérica», explica.. El sector había puesto grandes esperanzas en el mercado latinoamericano, solicitando más de 2.000 temporeros, pero la respuesta ministerial quedó a menos de la mitad. Mientras tanto, el histórico caladero de mano de obra de Europa del Este se agota por una cuestión puramente demográfica. Aquellas mujeres rumanas que llegaron hace dos décadas han envejecido y no hay un relevo generacional en sus países de origen que quiera trabajar en el campo español. A esto hay que añadir una realidad cada vez más acuciante, la competencia de la agricultura con otros sectores económicos. Con el auge de la construcción y la recuperación total de la hostelería, el campo ha perdido su exclusividad como receptor de mano de obra extranjera. «Estamos compitiendo ya en el mismo mundo», señala Piedra. «Antes este proyecto era casi exclusivamente agrícola, pero ahora vemos cómo la construcción también entra en las peticiones de mano de obra externa. Estamos todos pidiendo del mismo sitio». Esta competencia encarece y dificulta la logística de las campañas, dejando al sector primario en una posición vulnerable. Ante esta situación de déficit de mano de obra las instituciones suelen lanzar un mensaje de tranquilidad: «Si el año pasado se sacó la campaña, este año también se hará». Pero para los agricultores, esa es una lectura simplista que ignora las pérdidas silenciosas.. Cuando, por ejemplo, la producción de fresa, arándano y frambuesa llega a su pico en los meses de marzo y abril, si no hay manos suficientes, el agricultor se ve obligado a tomar una decisión drástica: abandonar parcelas. «No es que no se termine la campaña, es que se deja de recolectar lo que no da tiempo», explica UPA.. Las consecuencias de dejar fruta sin recoger trascienden la finca del agricultor, es, en su opinión, un golpe directo a la línea de flotación de la economía provincial. Si se pierden, por ejemplo, un millón de kilos de fresa por falta de manos, el impacto se siente en el transporte con cientos de camiones que no se flotan; en la industria auxiliar ya que se producen menos envases, cajas y plásticos fabricados; además, cae el empleo en almacenes y naves de envasado y los ingresos que circulan en las tiendas y supermercados de los pueblos. «Cuando tiramos ese producto o no lo recolectamos, lo estamos pagando también con mano de obra indirecta. Si se para la producción, se para la vida en el mundo rural», sentencia. Ante este escenario, el sector propone tres posibles soluciones que, según denuncian, el Gobierno aún no ha terminado de habilitar por falta de voluntad política o bloqueo parlamentario.. En primer lugar, aumentar el contingente de contratación en origen (GECCO), especialmente reforzando los acuerdos con países de Sudamérica. En segundo lugar, aprovechar la «Protección Internacional». Aunque existen miles de personas en España bajo este estatus, las trabas burocráticas limitan su incorporación. «Pedimos 3.000 personas de este colectivo y nos dijeron que solo podía atendernos 1.500», lamentan desde UPA. La tercera vía es la más ambiciosa: un permiso de trabajo temporal para personas que ya están en España en situación irregular. Esta medida, según Piedra, no solo solucionaría la falta de mano de obra en la campaña de Huelva y en otras tantas, sino que permitiría a estas personas cotizar y contribuir a las arcas públicas. Huelva afronta una campaña, en principio, con agua, calidad excelente y precios competitivos, pero con un eslabón que cada año es más débil, el factor humano. La advertencia del sector es clara: de nada sirve tener algunos de los mejores productos del mundo si cuando hay necesidad de recolectarlo no hay gente suficiente para hacerlo.
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