Cuando entré en el pabellón del Colegio Sagrado Corazón de Venta de Baños, donde entrena la Escuela Taurina de Palencia, una voz fuerte e impetuosa decía: “¡Vamos, vamos, que el toro en la plaza no concede descansos!”. No hacía falta más presentación. Juan Cantora, director de la Escuela, ordena, corrige y exige como quien sabe que esto no es un juego.. Allí no hay tiempo muerto. Son auténticos atletas. Corren, saltan, se exprimen en flexiones y vuelven a arrancar. Después, los trastos. Capote primero, muleta después. Y, al final, el carretón: banderillas, colocación, la suerte suprema. Todo con la seriedad de quien entrena para algo que no admite errores.. Pero más que esfuerzo hay actitud. Cuando llegas te das cuenta de que los alumnos, llegados desde diferentes puntos de Castilla y León y Cantabria, y con edades entre los ocho y veinte años, son algo más: auténticos señores y señoras. Te dan la mano con la fuerza y el respeto de quien está curtido en muchas batallas -y de las duras-. Por su forma de expresarse y entender la vida ya son auténticos toreros.. Junto a Cantora está el matador palentino Carlos Doyague, acompañado de otros profesionales que completan la formación. Ninguno cobra. Nadie viene aquí a hacer caja. Vienen a sostener la cantera. La Escuela, con sede en Palencia y Santander, reúne a cerca de una treintena de alumnos: algunos más hechos, otros dando sus primeros pasos, pero todos con el mismo compromiso.. Me cuenta Doyague que un día llevó al pabellón a un equipo de fútbol profesional para que vieran los valores, el respeto y el compañerismo que se respira en ese vestuario particular. Quedaron asombrados. “Aquí hay una serie de reglas no escritas, pero que todos conocen”, dice el matador, “y eso, en otras disciplinas, no ocurre”.. Cantora conoce el oficio y el terreno que pisa. “Entrenamos martes y viernes por la tarde, y sábados por la mañana. No siempre están todos, porque estudian o trabajan, pero la respuesta es muy buena”. Algunos alumnos ya están dando el salto. “Ruiz de Velasco torea novilladas picadas. Otros, como David Cob o Alejandro Chavarri, empiezan a asomarse a citas importantes como Villaseca de la Sagra o el Memorial Iván Fandiño”.. En ese contexto, la idea de prohibir la entrada de menores a los toros suena a desconexión con la realidad. Cantora lo despacha sin rodeos: “Son debates que se lanzan para entretener. Nosotros vemos en las plazas que cada vez hay más gente joven”. Y remata con una verdad incómoda, a modo de media verónica: prohibir suele tener el efecto contrario.. Entre participaciones en bolsines, clases prácticas y novilladas sin caballos, la Escuela llega al centenar de espectáculos al año. Entre ellos destaca el Certamen de Ampudia, su. presencia en la Feria Chica de Palencia o la clase práctica en la Feria de San Antolín. Pero también ha toreado en Valencia, Castellón, Sevilla o Arlés en este lustro de vida de la Escuela, que se creó bajo los auspicios de la Asociación Cultural Taurina de Palencia.. Antes de irme, hablo con Rocío y Valeria, de trece y quince años. Una viene de Ciudad Rodrigo, la otra de Santander. Quieren ser toreros. Sin matices. Rocío lo resume mejor que nadie: “El animal no entiende de géneros. Da igual hombre o mujer. Lo que hace falta delante del toro es pasión y valentía”.. Trece años. Y lo tiene claro.
Entre capotes, esfuerzo y compromiso, una treintena de alumnos de Castilla y León y Cantabria se prepara para un oficio que no admite tregua
Cuando entré en el pabellón del Colegio Sagrado Corazón de Venta de Baños, donde entrena la Escuela Taurina de Palencia, una voz fuerte e impetuosa decía: “¡Vamos, vamos, que el toro en la plaza no concede descansos!”. No hacía falta más presentación. Juan Cantora, director de la Escuela, ordena, corrige y exige como quien sabe que esto no es un juego.. Allí no hay tiempo muerto. Son auténticos atletas. Corren, saltan, se exprimen en flexiones y vuelven a arrancar. Después, los trastos. Capote primero, muleta después.Y, al final, el carretón: banderillas, colocación, la suerte suprema. Todo con la seriedad de quien entrena para algo que no admite errores.. Pero más que esfuerzo hay actitud. Cuando llegas te das cuenta de que los alumnos, llegados desde diferentes puntos de Castilla y León y Cantabria, y con edades entre los ocho y veinte años, son algo más: auténticos señores y señoras. Te dan la mano con la fuerza y el respeto de quien está curtido en muchas batallas -y de las duras-. Por su forma de expresarse y entender la vida ya son auténticos toreros.. Junto a Cantora está el matador palentino Carlos Doyague, acompañado de otros profesionales que completan la formación. Ninguno cobra. Nadie viene aquí a hacer caja. Vienen a sostener la cantera. La Escuela, con sede en Palencia y Santander, reúne a cerca de una treintena de alumnos: algunos más hechos, otros dando sus primeros pasos, pero todos con el mismo compromiso.. Me cuenta Doyague que un día llevó al pabellón a un equipo de fútbol profesional para que vieran los valores, el respeto y el compañerismo que se respira en ese vestuario particular. Quedaron asombrados. “Aquí hay una serie de reglas no escritas, pero que todos conocen”, dice el matador, “y eso, en otras disciplinas, no ocurre”.. Cantora conoce el oficio y el terreno que pisa. “Entrenamos martes y viernes por la tarde, y sábados por la mañana. No siempre están todos, porque estudian o trabajan, pero la respuesta es muy buena”. Algunos alumnos ya están dando el salto. “Ruiz de Velasco torea novilladas picadas. Otros, como David Cob o Alejandro Chavarri, empiezan a asomarse a citas importantes como Villaseca de la Sagra o el Memorial Iván Fandiño”.. En ese contexto, la idea de prohibir la entrada de menores a los toros suena a desconexión con la realidad. Cantora lo despacha sin rodeos: “Son debates que se lanzan para entretener. Nosotros vemos en las plazas que cada vez hay más gente joven”. Y remata con una verdad incómoda, a modo de media verónica: prohibir suele tener el efecto contrario.. Entre participaciones en bolsines, clases prácticas y novilladas sin caballos, la Escuela llega al centenar de espectáculos al año. Entre ellos destaca el Certamen de Ampudia, su. presencia en la Feria Chica de Palencia o la clase práctica en la Feria de San Antolín. Pero también ha toreado en Valencia, Castellón, Sevilla o Arlés en este lustro de vida de la Escuela, que se creó bajo los auspicios de la Asociación Cultural Taurina de Palencia.. Antes de irme, hablo con Rocío y Valeria, de trece y quince años. Una viene de Ciudad Rodrigo, la otra de Santander. Quieren ser toreros. Sin matices. Rocío lo resume mejor que nadie: “El animal no entiende de géneros. Da igual hombre o mujer. Lo que hace falta delante del toro es pasión y valentía”.. Trece años. Y lo tiene claro.
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