Existen bastantes estudios que relacionan la contaminación atmosférica con diferentes tipos de patologías y problemas de salud. Por ejemplo, se asume que esta es un factor de riesgo en enfermedades pulmonares, participando en un cuarto de las muertes por enfermedad pulmonar y, a nivel cardiovascular, también hay evidencias acerca de su participación en la mortalidad cardiovascular. De hecho, los episodios de alta contaminación se relacionan con un aumento de ingresos hospitalarios y de mortalidad cardiovascular.. En esta línea, la Organización Mundial de la Salud alerta sobre esa asociación entre la exposición a contaminantes atmosféricos y millones de muertes prematuras cada año, muchas de ellas relacionadas con enfermedades cardiovasculares, pero hasta el momento aún no se había logrado establecer una relación causa/efecto al no haber sido posible describir los mecanismos específicos por los que la contaminación afecta al corazón.. En este contexto, un estudio liderado por el grupo de Enfermedades Cardiovasculares del Vall d’Hebron Institut de Recerca (VHIR), perteneciente al CIBER de Enfermedades Cardiovasculares, arroja nueva evidencia al respecto que permite demostrar que la exposición continuada a partículas de diésel, un componente habitual de la contaminación en las ciudades, incrementa el riesgo de desarrollar arritmias ventriculares que, como indica Antonio Rodríguez, investigador principal del Grupo de Investigación en Enfermedades Cardiovasculares del VHIR, «son las más peligrosas, ya que son las que degeneran fácilmente en fibrilación ventricular, que es una arritmia mortal». «Si no se desfibrila, el paciente muere».. En el marco de este estudio, los investigadores trabajaron con modelos animales sanos, a los que expusieron de forma repetida durante tres semanas a partículas diésel. Tras este periodo, estudiaron el funcionamiento eléctrico del corazón de los mismos mediante técnicas electrofisiológicas avanzadas para comprobar que la exposición «desencadena un aumento tanto en la incidencia como en la duración de las arritmias ventriculares sostenidas, que, en este modelo, son las que duran más de 30 segundos», explica Rodríguez.. Además, los electrocardiogramas de los animales expuestos presentaban alteraciones asociadas a un mayor riesgo arrítmico. Los resultados indican, pues, que la contaminación no solo puede desencadenar arritmia, sino que produce una serie de modificaciones en el corazón que lo hacen más vulnerable a sufrir estos episodios, lo cual resulta especialmente relevante por cuanto, en el marco de este trabajo, «estos cambios se observan en animales sanos, así que eso sería mucho peor en pacientes con una patología previa», destaca el investigador. El estrés oxidativo, la clave. Por lo tanto, como pone de relieve Rodríguez, «a diferencia de estudios anteriores, ya no hablamos solo de asociaciones estadísticas entre contaminación y problemas cardiovasculares, sino de una relación causal directa entre la exposición a partículas diésel y la aparición de arritmias ventriculares» y este estudio describe además los mecanismos biológicos responsables de estos efectos.. «La exposición a estos contaminantes desencadena un proceso inflamatorio sistémico por la producción de radicales libres de oxígeno y ese proceso inflamatorio, a su vez, va a producir la aparición de fibrosis, que conlleva una alteración en cómo se propaga el impulso eléctrico dentro del corazón, favoreciendo la aparición de arritmias», explica Rodríguez, quien al respecto concluye que «el estrés oxidativo actúa como mecanismo central que conecta la contaminación con el daño cardíaco».. Al respecto, aclara que si bien «el estrés oxidativo es necesario porque actúa en la señalización en el organismo en general, si hay un exceso, es malo porque acaba produciendo alteraciones en proteínas, ácidos nucleicos…». Ante esta evidencia y dado que «el mecanismo desencadenante es una mayor producción de radicales libres de oxígeno», los investigadores buscaron » una estrategia que pudiera reducir esa producción de estrés oxidativo» y para ello recurrieron a nanopartículas de óxido de cerio, que es un antioxidante conocido, para tratar a los animales.. «Hemos visto que las nanopartículas de óxido de cerio reducen el estrés oxidativo, por tanto, reducen la inflamación y, por tanto, reducen la fibrosis y, como consecuencia, se reduce la aparición de arritmias, haciéndolas desaparecer», comenta el investigador, quien si bien indica que «la idea no es tratar a toda la población con estas nanopartículas, que hemos usado para demostrar que es el estrés oxidativo el que está produciendo todo esto a nivel de salud, pero quizá se podrían buscar estrategias antioxidantes que puedan ser útiles en determinados sectores de la población, como por ejemplo, aquellos que ya son más propensos a padecer arritmias, pacientes que ya tengan algún tipo de patología previa».. En definitiva, los resultados de este trabajo, tal y como indica Rodríguez, «podrían servir como forma de presión hacia la autoridades, para que sean conscientes de la necesidad de establecer límites más estrictos en los niveles que se pueden alcanzar de contaminación en cuando a materia particulada» y, además, abrirían la puerta a «proponer estrategias antioxidantes para poblaciones de pacientes que sean más susceptibles de padecer estas arritmias».
Un estudio liderado por un equipo de VHIR pone de manifiesto que el estrés oxidativo actúa como mecanismo central que conecta la contaminación con el daño cardíaco y propone una estrategia con antioxidantes para proteger el corazón
Existen bastantes estudios que relacionan la contaminación atmosférica con diferentes tipos de patologías y problemas de salud. Por ejemplo, se asume que esta es un factor de riesgo en enfermedades pulmonares, participando en un cuarto de las muertes por enfermedad pulmonar y, a nivel cardiovascular, también hay evidencias acerca de su participación en la mortalidad cardiovascular. De hecho, los episodios de alta contaminación se relacionan con un aumento de ingresos hospitalarios y de mortalidad cardiovascular.. En esta línea, la Organización Mundial de la Salud alerta sobre esa asociación entre la exposición a contaminantes atmosféricos y millones de muertes prematuras cada año, muchas de ellas relacionadas con enfermedades cardiovasculares, pero hasta el momento aún no se había logrado establecer una relación causa/efecto al no haber sido posible describir los mecanismos específicos por los que la contaminación afecta al corazón.. En este contexto, un estudio liderado por el grupo de Enfermedades Cardiovasculares del Vall d’Hebron Institut de Recerca (VHIR), perteneciente al CIBER de Enfermedades Cardiovasculares, arroja nueva evidencia al respecto que permite demostrar que la exposición continuada a partículas de diésel, un componente habitual de la contaminación en las ciudades, incrementa el riesgo de desarrollar arritmias ventriculares que, como indica Antonio Rodríguez, investigador principal del Grupo de Investigación en Enfermedades Cardiovasculares del VHIR, «son las más peligrosas, ya que son las que degeneran fácilmente en fibrilación ventricular, que es una arritmia mortal». «Si no se desfibrila, el paciente muere».. En el marco de este estudio, los investigadores trabajaron con modelos animales sanos, a los que expusieron de forma repetida durante tres semanas a partículas diésel. Tras este periodo, estudiaron el funcionamiento eléctrico del corazón de los mismos mediante técnicas electrofisiológicas avanzadas para comprobar que la exposición «desencadena un aumento tanto en la incidencia como en la duración de las arritmias ventriculares sostenidas, que, en este modelo, son las que duran más de 30 segundos», explica Rodríguez.. Además, los electrocardiogramas de los animales expuestos presentaban alteraciones asociadas a un mayor riesgo arrítmico. Los resultados indican, pues, que la contaminación no solo puede desencadenar arritmia, sino que produce una serie de modificaciones en el corazón que lo hacen más vulnerable a sufrir estos episodios, lo cual resulta especialmente relevante por cuanto, en el marco de este trabajo, «estos cambios se observan en animales sanos, así que eso sería mucho peor en pacientes con una patología previa», destaca el investigador. El estrés oxidativo, la clave. Por lo tanto, como pone de relieve Rodríguez, «a diferencia de estudios anteriores, ya no hablamos solo de asociaciones estadísticas entre contaminación y problemas cardiovasculares, sino de una relación causal directa entre la exposición a partículas diésel y la aparición de arritmias ventriculares» y este estudio describe además los mecanismos biológicos responsables de estos efectos.. «La exposición a estos contaminantes desencadena un proceso inflamatorio sistémico por la producción de radicales libres de oxígeno y ese proceso inflamatorio, a su vez, va a producir la aparición de fibrosis, que conlleva una alteración en cómo se propaga el impulso eléctrico dentro del corazón, favoreciendo la aparición de arritmias», explica Rodríguez, quien al respecto concluye que «el estrés oxidativo actúa como mecanismo central que conecta la contaminación con el daño cardíaco».. Al respecto, aclara que si bien «el estrés oxidativo es necesario porque actúa en la señalización en el organismo en general, si hay un exceso, es malo porque acaba produciendo alteraciones en proteínas, ácidos nucleicos…». Ante esta evidencia y dado que «el mecanismo desencadenante es una mayor producción de radicales libres de oxígeno», los investigadores buscaron » una estrategia que pudiera reducir esa producción de estrés oxidativo» y para ello recurrieron a nanopartículas de óxido de cerio, que es un antioxidante conocido, para tratar a los animales.. «Hemos visto que las nanopartículas de óxido de cerio reducen el estrés oxidativo, por tanto, reducen la inflamación y, por tanto, reducen la fibrosis y, como consecuencia, se reduce la aparición de arritmias, haciéndolas desaparecer», comenta el investigador, quien si bien indica que «la idea no es tratar a toda la población con estas nanopartículas, que hemos usado para demostrar que es el estrés oxidativo el que está produciendo todo esto a nivel de salud, pero quizá se podrían buscar estrategias antioxidantes que puedan ser útiles en determinados sectores de la población, como por ejemplo, aquellos que ya son más propensos a padecer arritmias, pacientes que ya tengan algún tipo de patología previa».. En definitiva, los resultados de este trabajo, tal y como indica Rodríguez, «podrían servir como forma de presión hacia la autoridades, para que sean conscientes de la necesidad de establecer límites más estrictos en los niveles que se pueden alcanzar de contaminación en cuando a materia particulada» y, además, abrirían la puerta a «proponer estrategias antioxidantes para poblaciones de pacientes que sean más susceptibles de padecer estas arritmias».
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