El alto el fuego que mantenía una tensa calma en Oriente Medio desde el pasado 8 de abril se encuentra al borde del colapso total. En una vertiginosa sucesión de ataques cruzados, Israel e Irán han roto dos meses de tregua con un intercambio de misiles que amenazan con enterrar los esfuerzos diplomáticos internacionales. La reactivación del conflicto no solo dinamita los puentes construidos en las últimas semanas, sino que arrastra de nuevo a la región a un escenario de guerra abierta con múltiples frentes simultáneos.. La mecha se encendió tras los recientes bombardeos israelíes contra posiciones de Hizbulá en los suburbios de Beirut, que provocaron la muerte de al menos dos personas. En respuesta, Teherán lanzó anoche una intensa oleada de misiles contra el norte de Israel, alcanzando también las inmediaciones de Jerusalén y el centro del país. La réplica de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) no se hizo esperar: a primera hora de esta mañana, su Fuerza Aérea ejecutó ataques de represalia contra objetivos militares estratégicos en el centro y el oeste de Irán, incluyendo instalaciones petroquímicas en la localidad costera de Mahshahr.. Esta contundente respuesta militar de Tel Aviv se ha llevado a cabo desafiando las órdenes de la Casa Blanca. Según fuentes diplomáticas, el presidente estadounidense Donald Trump mantuvo una tensa conversación telefónica con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en la que le instó de forma tajante a abstenerse de lanzar una contraofensiva. La principal preocupación de Washington es que la acción militar israelí descarrile por completo las negociaciones secretas que Estados Unidos mantiene con Irán, las cuales, según el propio mandatario norteamericano, se encontraban muy cerca de materializar un acuerdo histórico de estabilidad regional.. La negativa de Netanyahu a frenar las operaciones evidencia la profunda brecha estratégica que separa actualmente a los dos aliados. Mientras que la administración Trump presiona para congelar las incursiones en el Líbano y unificar la diplomacia con Teherán bajo la premisa de que «Estados Unidos lleva la voz cantante», el gobierno israelí insiste en separar los frentes y neutralizar de forma independiente la amenaza de las milicias de Hezbolá. Esta desconexión política ha elevado la fricción entre ambos líderes hasta niveles inéditos, debilitando el frente diplomático occidental.. Por si fuera poco, la crisis ha comenzado a expandirse geográficamente de forma inmediata. Coincidiendo con los ataques iraníes, los sistemas de defensa aérea de Israel tuvieron que activarse para interceptar un misil de largo alcance disparado desde Yemen por las milicias hutíes. Este movimiento coordinado por los aliados satélites de Teherán demuestra la capacidad del eje liderado por la Guardia Revolucionaria Islámica para activar múltiples puntos de presión de manera simultánea ante cualquier vulneración de lo que consideran sus líneas rojas.. El impacto de este recrudecimiento bélico ha tenido un reflejo instantáneo en la estabilidad global. Como medida preventiva de seguridad ante posibles nuevas oleadas de bombardeos, las autoridades aeronáuticas de Teherán han suspendido de manera indefinida todos los vuelos comerciales con destino al Aeropuerto Internacional Imam Jomeini. En paralelo, el temor a un desabastecimiento energético por el bloqueo de rutas marítimas clave ha sacudido con fuerza los parqués financieros, provocando un repunte inmediato del 2,6% en el precio del crudo Brent en los mercados asiáticos.
El alto el fuego que mantenía una tensa calma en Oriente Medio desde el pasado 8 de abril se encuentra al borde del colapso total. En una vertiginosa sucesión de ataques cruzados, Israel e Irán han roto dos meses de tregua con un intercambio de misiles que amenazan con enterrar los esfuerzos diplomáticos internacionales. La reactivación del conflicto no solo dinamita los puentes construidos en las últimas semanas, sino que arrastra de nuevo a la región a un escenario de guerra abierta con múltiples frentes simultáneos.. La mecha se encendió tras los recientes bombardeos israelíes contra posiciones de Hizbulá en los suburbios de Beirut, que provocaron la muerte de al menos dos personas. En respuesta, Teherán lanzó anoche una intensa oleada de misiles contra el norte de Israel, alcanzando también las inmediaciones de Jerusalén y el centro del país. La réplica de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) no se hizo esperar: a primera hora de esta mañana, su Fuerza Aérea ejecutó ataques de represalia contra objetivos militares estratégicos en el centro y el oeste de Irán, incluyendo instalaciones petroquímicas en la localidad costera de Mahshahr.. Esta contundente respuesta militar de Tel Aviv se ha llevado a cabo desafiando las órdenes de la Casa Blanca. Según fuentes diplomáticas, el presidente estadounidense Donald Trump mantuvo una tensa conversación telefónica con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en la que le instó de forma tajante a abstenerse de lanzar una contraofensiva. La principal preocupación de Washington es que la acción militar israelí descarrile por completo las negociaciones secretas que Estados Unidos mantiene con Irán, las cuales, según el propio mandatario norteamericano, se encontraban muy cerca de materializar un acuerdo histórico de estabilidad regional.. La negativa de Netanyahu a frenar las operaciones evidencia la profunda brecha estratégica que separa actualmente a los dos aliados. Mientras que la administración Trump presiona para congelar las incursiones en el Líbano y unificar la diplomacia con Teherán bajo la premisa de que «Estados Unidos lleva la voz cantante», el gobierno israelí insiste en separar los frentes y neutralizar de forma independiente la amenaza de las milicias de Hezbolá. Esta desconexión política ha elevado la fricción entre ambos líderes hasta niveles inéditos, debilitando el frente diplomático occidental.. Por si fuera poco, la crisis ha comenzado a expandirse geográficamente de forma inmediata. Coincidiendo con los ataques iraníes, los sistemas de defensa aérea de Israel tuvieron que activarse para interceptar un misil de largo alcance disparado desde Yemen por las milicias hutíes. Este movimiento coordinado por los aliados satélites de Teherán demuestra la capacidad del eje liderado por la Guardia Revolucionaria Islámica para activar múltiples puntos de presión de manera simultánea ante cualquier vulneración de lo que consideran sus líneas rojas.. El impacto de este recrudecimiento bélico ha tenido un reflejo instantáneo en la estabilidad global. Como medida preventiva de seguridad ante posibles nuevas oleadas de bombardeos, las autoridades aeronáuticas de Teherán han suspendido de manera indefinida todos los vuelos comerciales con destino al Aeropuerto Internacional Imam Jomeini. En paralelo, el temor a un desabastecimiento energético por el bloqueo de rutas marítimas clave ha sacudido con fuerza los parqués financieros, provocando un repunte inmediato del 2,6% en el precio del crudo Brent en los mercados asiáticos.
Donald Trump había pedido al primer ministro Netanyahu que no respondiera a los ataques iraníes para no poner en peligro la tregua del 8 de abril
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