Ana Cristina Díaz tiene 27 años, vive en Bolaños de Calatrava (Ciudad Real) y pasa buena parte del día pendiente de unas 700 ovejas.. Según explica en una entrevista con el medio castellanomanchego En Castilla-La Mancha, también enseña cómo es realmente la vida en el campo a través de redes sociales, donde suma cerca de 50.000 seguidores entre Instagram y TikTok mostrando el día a día de la ganadería, sin idealizar el mundo rural.. Aunque siempre le gustaron los animales y estudió formación relacionada con el sector agrario, su vida dio un giro durante la pandemia, cuando un problema de salud de su tío hizo que tuviera que echar una mano en la explotación familiar.. Una vida pendiente de 700 ovejas y jornadas de hasta 14 horas. Lo que empezó como algo puntual acabó convirtiéndose en su profesión. “La ganadería no puede descansar”, recuerda sobre aquellos meses en los que empezó a implicarse de lleno.. Ana Cristina decidió quedarse en su pueblo en un momento en el que muchos jóvenes optan por marcharse a la ciudad y defiende que en el medio rural también hay oportunidades, aunque el camino no siempre sea sencillo.. En su explotación, explica, no existen horarios fijos ni dos días iguales y, durante la época de partos, las jornadas pueden alargarse hasta 14 horas entre el cuidado de las ovejas, la atención a los corderos recién nacidos y cualquier complicación que pueda surgir.. El resto del año el trabajo tampoco se detiene. Revisar el ganado, mover el cercado, controlar el pasto o vigilar el estado de los animales forma parte de una rutina marcada por el tiempo y las estaciones, pero también por la necesidad de estar pendiente de cualquier problema antes de que vaya a más.. Además de enseñar el día a día del campo, la joven ganadera también pone el foco en las dificultades para incorporarse al sector. Cree que sigue habiendo demasiado papeleo y poco apoyo real para quienes quieren empezar y, en su caso, asegura que tardó cerca de un año en conseguir el código de explotación necesario para arrancar.. A eso se suma la preocupación por enfermedades como la lengua azul, que el pasado verano provocó pérdidas en su granja. Pese a todo, insiste en reivindicar otra imagen del mundo rural y anima a otros jóvenes a mirar hacia los pueblos. “Estamos en el campo porque queremos trabajar en el campo”, defiende.
Tiene miles de seguidores en redes, jornadas que pueden superar las 14 horas y una idea clara: enseñar cómo es realmente la vida rural, sin filtros ni idealizaciones, en un momento en el que el relevo generacional preocupa cada vez más al sector
Ana Cristina Díaz tiene 27 años, vive en Bolaños de Calatrava (Ciudad Real) y pasa buena parte del día pendiente de unas 700 ovejas.. Según explica en una entrevista con el medio castellanomanchego En Castilla-La Mancha, también enseña cómo es realmente la vida en el campo a través de redes sociales, donde suma cerca de 50.000 seguidores entre Instagram y TikTok mostrando el día a día de la ganadería, sin idealizar el mundo rural.. Aunque siempre le gustaron los animales y estudió formación relacionada con el sector agrario, su vida dio un giro durante la pandemia, cuando un problema de salud de su tío hizo que tuviera que echar una mano en la explotación familiar.. Lo que empezó como algo puntual acabó convirtiéndose en su profesión. “La ganadería no puede descansar”, recuerda sobre aquellos meses en los que empezó a implicarse de lleno.. Ana Cristina decidió quedarse en su pueblo en un momento en el que muchos jóvenes optan por marcharse a la ciudad y defiende que en el medio rural también hay oportunidades, aunque el camino no siempre sea sencillo.. En su explotación, explica, no existen horarios fijos ni dos días iguales y, durante la época de partos, las jornadas pueden alargarse hasta 14 horas entre el cuidado de las ovejas, la atención a los corderos recién nacidos y cualquier complicación que pueda surgir.. El resto del año el trabajo tampoco se detiene. Revisar el ganado, mover el cercado, controlar el pasto o vigilar el estado de los animales forma parte de una rutina marcada por el tiempo y las estaciones, pero también por la necesidad de estar pendiente de cualquier problema antes de que vaya a más.. Además de enseñar el día a día del campo, la joven ganadera también pone el foco en las dificultades para incorporarse al sector. Cree que sigue habiendo demasiado papeleo y poco apoyo real para quienes quieren empezar y, en su caso, asegura que tardó cerca de un año en conseguir el código de explotación necesario para arrancar.. A eso se suma la preocupación por enfermedades como la lengua azul, que el pasado verano provocó pérdidas en su granja. Pese a todo, insiste en reivindicar otra imagen del mundo rural y anima a otros jóvenes a mirar hacia los pueblos. “Estamos en el campo porque queremos trabajar en el campo”, defiende.
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