Juan Martínez Andreu (Murcia, 57 años) es un informático murciano, concretamente, del histórico barrio de Churra. A pesar de estos datos, que pueden resultar anodinos, Juan alberga una historia familiar fascinante, que encierra a la vez retazos de melancolía, de tristeza, de paz y de restitución de la memoria histórica. Él y su familia acaban de recuperar, 82 años después, el reloj de pulsera que le fue confiscado por los nazis a su tío, Blas Martínez Aranda, durante su deportación al campo de concentración de Neuengamme, en Alemania.El reloj estuvo durante décadas custodiado en los Archivos Arolsen (Alemania), el mayor centro de documentación del mundo sobre las víctimas de la persecución nazi, y permanecía depositado en el Archivo General de la Región de Murcia desde el año 2020, como parte del programa ‘Stolen Memory’, para colaborar en la búsqueda de familiares de deportados murcianos. La localización reciente de sus descendientes ha permitido culminar hace escasos días el proceso de restitución de la pieza. Juan atiende por teléfono a LA RAZÓN en esta entrevista, días después del gran hito.Juan, ¿qué sintió usted cuando tuvo por primera vez entre las manos el reloj que perteneció a Blas Martínez, después de 82 años? ¿Fue recuperar ese objeto, de alguna manera, volver a encontrarse con su antepasado?Fue cerrar una etapa de mi vida y la de mi familia, ya que que no teníamos la certeza de qué había ocurrido con este familiar. Fue consumar el cierre. Porque el reloj en sí, al final, es un objeto que no tiene valor económico ninguno y es un recuerdo de esta persona, pero la incertidumbre siempre la habíamos tenido.En su familia, Juan, ¿cómo se había mantenido viva la memoria de Blas Martínez durante todos estos años? ¿Qué sabían ustedes de él y qué silencios o incógnitas os han acompañado durante las generaciones?Mi padre era el hermano menor, Blas era su hermano mayor, ¿no? Mi padre idolatraba a su hermano mayor. Se hablaba poco de él, porque siempre quedaba esa duda de qué había sido de él.Tuvimos diferentes versiones, la versión de que había muerto de hambre, la versión de que lo habían matado en la Segunda Guerra Mundial en algún bombardeo, o algo de esto. La versión de que se había ido a Rusia… Pero realmente no sabíamos nada de él. La que lo conservaba todo de mi tío Blas era mi abuela, después lo guardó mi padre y, bueno, lo tenemos nosotros actualmente.Ese reloj sobrevivió a la barbarie nazi y ha recorrido un largo camino hasta regresar a Murcia. ¿Qué cree que habría significado para Blas saber que sus descendientes lo recuperarían tantas décadas después?Uf, esa pregunta es complicada, se la tendría que hacer a él más bien, pero yo entiendo que le gustaría saber que, por lo menos algo que era suyo, terminaba en manos de su familia.Porque, ¿a qué edad desaparece? ¿Cuándo se le pierde la pista?Él desaparece, él fallece con 25 años. A él lo captu Noticias de Murcia: última hora de hoy en La Razón
Juan Martínez Andreu (Murcia, 57 años) es un informático murciano, concretamente, del histórico barrio de Churra. A pesar de estos datos, que pueden resultar anodinos, Juan alberga una historia familiar fascinante, que encierra a la vez retazos de melancolía, de tristeza, de paz y de restitución de la memoria histórica. Él y su familia acaban de recuperar, 82 años después, el reloj de pulsera que le fue confiscado por los nazis a su tío, Blas Martínez Aranda, durante su deportación al campo de concentración de Neuengamme, en Alemania. El reloj estuvo durante décadas custodiado en los Archivos Arolsen (Alemania), el mayor centro de documentación del mundo sobre las víctimas de la persecución nazi, y permanecía depositado en el Archivo General de la Región de Murcia desde el año 2020, como parte del programa ‘Stolen Memory’, para colaborar en la búsqueda de familiares de deportados murcianos. La localización reciente de sus descendientes ha permitido culminar hace escasos días el proceso de restitución de la pieza. Juan atiende por teléfono a LA RAZÓN en esta entrevista, días después del gran hito. Juan, ¿qué sintió usted cuando tuvo por primera vez entre las manos el reloj que perteneció a Blas Martínez, después de 82 años? ¿Fue recuperar ese objeto, de alguna manera, volver a encontrarse con su antepasado? Fue cerrar una etapa de mi vida y la de mi familia, ya que que no teníamos la certeza de qué había ocurrido con este familiar. Fue consumar el cierre. Porque el reloj en sí, al final, es un objeto que no tiene valor económico ninguno y es un recuerdo de esta persona, pero la incertidumbre siempre la habíamos tenido. En su familia, Juan, ¿cómo se había mantenido viva la memoria de Blas Martínez durante todos estos años? ¿Qué sabían ustedes de él y qué silencios o incógnitas os han acompañado durante las generaciones? Mi padre era el hermano menor, Blas era su hermano mayor, ¿no? Mi padre idolatraba a su hermano mayor. Se hablaba poco de él, porque siempre quedaba esa duda de qué había sido de él. Tuvimos diferentes versiones, la versión de que había muerto de hambre, la versión de que lo habían matado en la Segunda Guerra Mundial en algún bombardeo, o algo de esto. La versión de que se había ido a Rusia… Pero realmente no sabíamos nada de él. La que lo conservaba todo de mi tío Blas era mi abuela, después lo guardó mi padre y, bueno, lo tenemos nosotros actualmente. Ese reloj sobrevivió a la barbarie nazi y ha recorrido un largo camino hasta regresar a Murcia. ¿Qué cree que habría significado para Blas saber que sus descendientes lo recuperarían tantas décadas después? Uf, esa pregunta es complicada, se la tendría que hacer a él más bien, pero yo entiendo que le gustaría saber que, por lo menos algo que era suyo, terminaba en manos de su familia. Porque, ¿a qué edad desaparece? ¿Cuándo se le pierde la pista? Él desaparece, él fallece con 25 años. A é
Este informático asegura que cada vez que ha visitado campos de concentración, buscaba el nombre de su tío Blas Martínez Aranda en la lista de presos
