El jerezano, 70 años, es uno de los grandes cantaores vivos. Su más de medio siglo de carrera, pues empezó en la música cuando era un niño, se ha plasmado en casi una veintena de discos. El último, «José Mercé canta a Manuel Alejandro», es un trabajo hermoso y emocionante que lo mantendrá de gira hasta principios de 2027. Le digo de entrada que ha tardado demasiado en grabar un disco en honor a un paisano ilustre al que él, de hecho, considera el mejor escritor de canciones (o «escribidor», como gusta decir de sí mismo Manuel Alejandro) de España: «Sin lugar a dudas he tardado mucho –reconoce–, pero tiene su porqué. Hemos nacido en el mismo barrio, el de Santiago, y en la misma calle, La Merced, yo en el número 16 y él, en el 1. La época en que pudimos haber hecho un disco con canciones nuevas fue muy difícil en el mundo del flamenco. Más que respeto, me daba miedo. Porque en esos años te hacían una crítica mala en “El País” o en el “ABC” de Sevilla y te dejaban sin comer seis o siete meses, y por eso no lo he hecho antes.. Ahora las cosas han cambiado y me he permitido el lujo de hacerle este pequeño homenaje para lo que merece Manuel». ¿Era, pues, una asignatura pendiente? «Por supuesto que sí. Y me encantaría poder hacer un disco nuevo con todos los temas de Manuel. Porque él tiene muchos temas inéditos que no se los ha dado a nadie». No deberían dejarlo, le digo, para dentro de cinco años, porque Manuel Alejandro, aunque su espíritu es jovencísimo, tiene ya una edad: «No, no, por supuesto que no. La idea sería poder hacerlo en un año o dos, siempre que él esté de acuerdo en darme los temas inéditos que yo sé que tiene. Mientras él esté bien, que es lo que pido, que tenga mucha salud y esté maravillosamente, que pueda hablar conmigo y sentarse al piano y decir: “Esto es lo que quiero de ti, José”. Eso me encantaría. Esas conversaciones se han dado, y los dos tenemos muchas ganas, yo más que él, ja, ja, de llevar nuevos temas de Manuel Alejandro al flamenco. Pero, de momento, he hecho estos temas suyos y me los he llevado a lo mío, pero sin perder su melodía y su esencia».. Tiene razón Mercé, pues él ha tomado canciones de autores inmensos, como Aute o Víctor Jara, y las ha hecho enteramente suyas. De alguna manera se ha convertido en el artista flamenco que mejor lee a los grandes cantautores. Otros muchos colegas han hecho versiones de importantes compositores, pero lo de Mercé casi es ya una tradición, y él ha ido varios pasos más allá: «Sí, quizá. Pero lo que pasa es que yo, cuando me gusta la música, no veo que sea flamenco ni pop ni clásica, no. Cuando escucho un tema y me gusta y me llena, trato de hacerlo mío. Recuerdo al gran maestro Aute, Dios lo tenga en su Gloria, que cuando algunos compañeros le hicimos ese disco de “¡Mira que eres canalla, Aute!” no quería que nadie tocara “Al alba”. Bueno, pues yo les dije a los de la casa de discos, la multinacional, que quería hacer esa canción y me contestaron “es que Luis Eduardo no quiere”. Y yo dije: “Bueno, pues lo hago y si después no lo quiere poner en el disco, que no lo ponga”. Y no solo se incluyó en el disco, sino que tiempo después, en una entrevista que nos hicieron a los dos, él dijo: «Es que cuando yo estaba escribiendo ‘Al alba’ estaba pensando en que la iba a cantar José Mercé», ja, ja, ja. Aute era muy grande, tío, muy grande».. Nostalgia de Camarón. El género que él cultiva nunca ha gozado de tan buena salud como ahora, ya que son numerosos los artistas flamencos que publican y emprenden giras. Pero ¿cuánto de lo que sale merece realmente atención? «Pues no tanto como yo quisiera, la verdad –responde con franqueza–. Veo que entre la gente nueva del flamenco falta personalidad. Cantan muy bonito, muy afinado, pero les falta alma, embrujo. Les falta que rompa, que hiera, que duela. Pero la música de raíz es eterna y el flamenco es música de raíz y, afortunadamente, hay mucha gente joven muy buena que lo está haciendo muy bien.. Lo que digo es que falta un poco de personalidad. En mi época escuchabas a uno, escuchabas a otro y sabías quiénes eran, y hoy en día te cuesta más trabajo reconocerlos». Le digo que la huella de Camarón, a quien él trató de cerca en sus comienzos, ha sido tan honda que por un lado ha ayudado mucho al flamenco, pero por otro ha eclipsado a muchos: «Así es. Además, se ha cogido la última parte de José, cuando ya no era José/José». ¿Acaso han tomado lo peor de Camarón? «Correcto, correcto. Estás hablando ahora mismo el Evangelio. De Camarón han cogido lo peor, la peor parte de José, y eso también es triste. Además, escuchas a uno, escuchas a otro y todos suenan igual. Y te dices: pero bueno, ¿y por qué no habéis cogido al José de los años 70, hombre? El Camarón rompedor y el que cantaba como Dios manda. Como cantaba José, vamos, su eco, que era almíbar. Parece ser que lo más difícil les cuesta más trabajo. Las cosas malas son más fáciles de imitar». ¿Cuál sería para Mercé la Santísima Trinidad del cante de todos los tiempos? «Mairena, Caracol y Camarón, esa sería la Santísima Trinidad del cante. Tres cimas».. Y me llevo al cantaor a la política nacional, que atraviesa uno de los momentos de mayor desafección por parte de la ciudadanía de toda la democracia. Le digo que Dani Martín, en uno de los 10 conciertos que está ofreciendo en el Movistar Arena, animó a la gente a no votar a ninguna formación política porque, afirmó, nosotros somos mucho más valiosos que ellos y no nos damos cuenta, y porque nos utilizan: «Sí, sí, le doy toda la razón a mi Dani, porque eso que ha dicho es lo que yo creo que pensamos casi todos. Que no lo digamos es una cosa, pero que es así, es la puta realidad. Tengo que decirte que este es el perfil más bajo que yo he conocido en el mundo de la política desde que existe la democracia. No es tan fácil que salgan políticos con la categoría de los de antes. Cada cual con su pensamiento y su forma de sentir y de ver las cosas, pero respetándose y dialogando. Esto de ahora parece el patio de un colegio, qué forma de insultarse… El congreso da vergüenza verlo. Y no hacemos nada, tío, estamos parados», concluye.. Jerez a todas horas. Por Javier Menéndez Flores. Se desparrama el empedrado de la calle Merced en el cielo de la boca de José, que se saca de las vísceras «Procuro olvidarte» mientras su cabeza es un templo erigido a todos los recuerdos que con él caminan. Y cumplidos los 70 se declara rebelde como quien lanza a los tanques botellas cargadas con hermosos claveles; cócteles molotov de quienes no han asesinado en su vida a una mosca. Y el mundo entero cabe en ciertos balcones, en aquel zaguán iluminado por las sombras, en el cuero remendadísimo de un balón o en torno a una fuente en la que ríen los niños con tanta fuerza que sacan de quicio a los psicópatas y hacen llorar a los poetas.. A sus espaldas hay una alfombra de tablaos y no pocas madrugadas lo asalta, como un susto de dicha, la risa de Antonio Gades, aquella lanza, con el que pisó más aeropuertos de Europa y América que cualquier piloto al borde de la jubilación. Y es capaz de deletrear del tirón hasta el último detalle del rostro severo de Mario Maya, del de Paco (sin apellido, porque es y será único), del de Manolo Sanlúcar. Y cuando sabe que las lágrimas lo van a vencer, se agarra bien fuerte al recuerdo de Chiquito de la Calzada, al que tanto amó, y se atraganta de la risa. Benditos sean todos ellos, magos supremos de los que aprendió que las prisas son malas pero quedarse quieto es mil veces peor.. Aquel muchacho que nació con un rubí en la garganta es hoy un hombre que canta solo aquello que le permite seguir amando su oficio. Y por eso ha arribado ahora al universo de un maestro total al que le unen mucho más que una ciudad y una calle. Instalado en la retaguardia, a salvo de los focos, Manuel Alejandro se lanzó a escribir canciones de amores eternos aun después de muertos que cantaron las voces mejores, estrellas de un tiempo que ha sido fatalmente barrido por el tiempo. Solo merece ser llamado artista aquel que consigue crear un mapa de emociones al límite, y él fundó toda una geografía de anhelos y dolor y reproches. Fabricó tempestades y confinó en ellas a los amantes para que naufragasen sin remedio, y en esos textos estamos enteramente reflejados, en algún instante de nuestras vidas, todos nosotros. También José, que acaba de inmortalizar nueve de esas piezas arrebatadísimas con esa voz suya que suena a lamento de hoguera en la madrugada.. A José lo sorprendió el amanecer junto a la guitarra con alas de Vicente Amigo y, poco después, terminó de rematar la faena un aire hermano que lo bañó en platino de la coronilla a los pies y lo asentó en la cima. Y en el Teatro Real se arrancaron las gorgueras y aplaudieron con entusiasmo salvaje a un talento que, si te pilla en un mal día, te puede matar. Fue así, resumiendo una barbaridad, como su nombre se hizo leyenda.. Mercé sabe ya qué cosas tolera su organismo y cuáles otras ha de evitar, por eso se mantiene lejos de las seguiriyas de Manuel Torres, ya que siempre que ha devorado ese plato le ha entrado en el cuerpo un estilete invisible que lo ha dejado fuera de combate. Ese «ay», José, tú lo sabes, no es de este mundo.. Han pasado los años rapidísimo, con su aluvión de maletas y escenarios, pero tú te has negado a encerrar en un cajón el entusiasmo. El mismo que te ha devuelto a Jerez, a tu calle, a tu raíz profundísima. Porque las deudas que uno contrae consigo mismo deben saldarse.
El cantaor publica el disco «José Mercé canta a Manuel Alejandro», en el que se lleva a su terreno a un maestro de la canción romántica
El jerezano, 70 años, es uno de los grandes cantaores vivos. Su más de medio siglo de carrera, pues empezó en la música cuando era un niño, se ha plasmado en casi una veintena de discos. El último, «José Mercé canta a Manuel Alejandro», es un trabajo hermoso y emocionante que lo mantendrá de gira hasta principios de 2027. Le digo de entrada que ha tardado demasiado en grabar un disco en honor a un paisano ilustre al que él, de hecho, considera el mejor escritor de canciones (o «escribidor», como gusta decir de sí mismo Manuel Alejandro) de España: «Sin lugar a dudas he tardado mucho –reconoce–, pero tiene su porqué. Hemos nacido en el mismo barrio, el de Santiago, y en la misma calle, La Merced, yo en el número 16 y él, en el 1. La época en que pudimos haber hecho un disco con canciones nuevas fue muy difícil en el mundo del flamenco. Más que respeto, me daba miedo. Porque en esos años te hacían una crítica mala en “El País” o en el “ABC” de Sevilla y te dejaban sin comer seis o siete meses, y por eso no lo he hecho antes.. Ahora las cosas han cambiado y me he permitido el lujo de hacerle este pequeño homenaje para lo que merece Manuel». ¿Era, pues, una asignatura pendiente? «Por supuesto que sí. Y me encantaría poder hacer un disco nuevo con todos los temas de Manuel. Porque él tiene muchos temas inéditos que no se los ha dado a nadie». No deberían dejarlo, le digo, para dentro de cinco años, porque Manuel Alejandro, aunque su espíritu es jovencísimo, tiene ya una edad: «No, no, por supuesto que no. La idea sería poder hacerlo en un año o dos, siempre que él esté de acuerdo en darme los temas inéditos que yo sé que tiene. Mientras él esté bien, que es lo que pido, que tenga mucha salud y esté maravillosamente, que pueda hablar conmigo y sentarse al piano y decir: “Esto es lo que quiero de ti, José”. Eso me encantaría. Esas conversaciones se han dado, y los dos tenemos muchas ganas, yo más que él, ja, ja, de llevar nuevos temas de Manuel Alejandro al flamenco. Pero, de momento, he hecho estos temas suyos y me los he llevado a lo mío, pero sin perder su melodía y su esencia».. Tiene razón Mercé, pues él ha tomado canciones de autores inmensos, como Aute o Víctor Jara, y las ha hecho enteramente suyas. De alguna manera se ha convertido en el artista flamenco que mejor lee a los grandes cantautores. Otros muchos colegas han hecho versiones de importantes compositores, pero lo de Mercé casi es ya una tradición, y él ha ido varios pasos más allá: «Sí, quizá. Pero lo que pasa es que yo, cuando me gusta la música, no veo que sea flamenco ni pop ni clásica, no. Cuando escucho un tema y me gusta y me llena, trato de hacerlo mío. Recuerdo al gran maestro Aute, Dios lo tenga en su Gloria, que cuando algunos compañeros le hicimos ese disco de “¡Mira que eres canalla, Aute!” no quería que nadie tocara “Al alba”. Bueno, pues yo les dije a los de la casa de discos, la multinacional, que quería hacer esa canción y me contestaron “es que Luis Eduardo no quiere”. Y yo dije: “Bueno, pues lo hago y si después no lo quiere poner en el disco, que no lo ponga”. Y no solo se incluyó en el disco, sino que tiempo después, en una entrevista que nos hicieron a los dos, él dijo: «Es que cuando yo estaba escribiendo ‘Al alba’ estaba pensando en que la iba a cantar José Mercé», ja, ja, ja. Aute era muy grande, tío, muy grande».. Nostalgia de Camarón. El género que él cultiva nunca ha gozado de tan buena salud como ahora, ya que son numerosos los artistas flamencos que publican y emprenden giras. Pero ¿cuánto de lo que sale merece realmente atención? «Pues no tanto como yo quisiera, la verdad –responde con franqueza–. Veo que entre la gente nueva del flamenco falta personalidad. Cantan muy bonito, muy afinado, pero les falta alma, embrujo. Les falta que rompa, que hiera, que duela. Pero la música de raíz es eterna y el flamenco es música de raíz y, afortunadamente, hay mucha gente joven muy buena que lo está haciendo muy bien.. Lo que digo es que falta un poco de personalidad. En mi época escuchabas a uno, escuchabas a otro y sabías quiénes eran, y hoy en día te cuesta más trabajo reconocerlos». Le digo que la huella de Camarón, a quien él trató de cerca en sus comienzos, ha sido tan honda que por un lado ha ayudado mucho al flamenco, pero por otro ha eclipsado a muchos: «Así es. Además, se ha cogido la última parte de José, cuando ya no era José/José». ¿Acaso han tomado lo peor de Camarón? «Correcto, correcto. Estás hablando ahora mismo el Evangelio. De Camarón han cogido lo peor, la peor parte de José, y eso también es triste. Además, escuchas a uno, escuchas a otro y todos suenan igual. Y te dices: pero bueno, ¿y por qué no habéis cogido al José de los años 70, hombre? El Camarón rompedor y el que cantaba como Dios manda. Como cantaba José, vamos, su eco, que era almíbar. Parece ser que lo más difícil les cuesta más trabajo. Las cosas malas son más fáciles de imitar». ¿Cuál sería para Mercé la Santísima Trinidad del cante de todos los tiempos? «Mairena, Caracol y Camarón, esa sería la Santísima Trinidad del cante. Tres cimas».. Y me llevo al cantaor a la política nacional, que atraviesa uno de los momentos de mayor desafección por parte de la ciudadanía de toda la democracia. Le digo que Dani Martín, en uno de los 10 conciertos que está ofreciendo en el Movistar Arena, animó a la gente a no votar a ninguna formación política porque, afirmó, nosotros somos mucho más valiosos que ellos y no nos damos cuenta, y porque nos utilizan: «Sí, sí, le doy toda la razón a mi Dani, porque eso que ha dicho es lo que yo creo que pensamos casi todos. Que no lo digamos es una cosa, pero que es así, es la puta realidad. Tengo que decirte que este es el perfil más bajo que yo he conocido en el mundo de la política desde que existe la democracia. No es tan fácil que salgan políticos con la categoría de los de antes. Cada cual con su pensamiento y su forma de sentir y de ver las cosas, pero respetándose y dialogando. Esto de ahora parece el patio de un colegio, qué forma de insultarse… El congreso da vergüenza verlo. Y no hacemos nada, tío, estamos parados», concluye.. Jerez a todas horas. Por Javier Menéndez Flores. Se desparrama el empedrado de la calle Merced en el cielo de la boca de José, que se saca de las vísceras «Procuro olvidarte» mientras su cabeza es un templo erigido a todos los recuerdos que con él caminan. Y cumplidos los 70 se declara rebelde como quien lanza a los tanques botellas cargadas con hermosos claveles; cócteles molotov de quienes no han asesinado en su vida a una mosca. Y el mundo entero cabe en ciertos balcones, en aquel zaguán iluminado por las sombras, en el cuero remendadísimo de un balón o en torno a una fuente en la que ríen los niños con tanta fuerza que sacan de quicio a los psicópatas y hacen llorar a los poetas.. A sus espaldas hay una alfombra de tablaos y no pocas madrugadas lo asalta, como un susto de dicha, la risa de Antonio Gades, aquella lanza, con el que pisó más aeropuertos de Europa y América que cualquier piloto al borde de la jubilación. Y es capaz de deletrear del tirón hasta el último detalle del rostro severo de Mario Maya, del de Paco (sin apellido, porque es y será único), del de Manolo Sanlúcar. Y cuando sabe que las lágrimas lo van a vencer, se agarra bien fuerte al recuerdo de Chiquito de la Calzada, al que tanto amó, y se atraganta de la risa. Benditos sean todos ellos, magos supremos de los que aprendió que las prisas son malas pero quedarse quieto es mil veces peor.. Aquel muchacho que nació con un rubí en la garganta es hoy un hombre que canta solo aquello que le permite seguir amando su oficio. Y por eso ha arribado ahora al universo de un maestro total al que le unen mucho más que una ciudad y una calle. Instalado en la retaguardia, a salvo de los focos, Manuel Alejandro se lanzó a escribir canciones de amores eternos aun después de muertos que cantaron las voces mejores, estrellas de un tiempo que ha sido fatalmente barrido por el tiempo. Solo merece ser llamado artista aquel que consigue crear un mapa de emociones al límite, y él fundó toda una geografía de anhelos y dolor y reproches. Fabricó tempestades y confinó en ellas a los amantes para que naufragasen sin remedio, y en esos textos estamos enteramente reflejados, en algún instante de nuestras vidas, todos nosotros. También José, que acaba de inmortalizar nueve de esas piezas arrebatadísimas con esa voz suya que suena a lamento de hoguera en la madrugada.. A José lo sorprendió el amanecer junto a la guitarra con alas de Vicente Amigo y, poco después, terminó de rematar la faena un aire hermano que lo bañó en platino de la coronilla a los pies y lo asentó en la cima. Y en el Teatro Real se arrancaron las gorgueras y aplaudieron con entusiasmo salvaje a un talento que, si te pilla en un mal día, te puede matar. Fue así, resumiendo una barbaridad, como su nombre se hizo leyenda.. Mercé sabe ya qué cosas tolera su organismo y cuáles otras ha de evitar, por eso se mantiene lejos de las seguiriyas de Manuel Torres, ya que siempre que ha devorado ese plato le ha entrado en el cuerpo un estilete invisible que lo ha dejado fuera de combate. Ese «ay», José, tú lo sabes, no es de este mundo.. Han pasado los años rapidísimo, con su aluvión de maletas y escenarios, pero tú te has negado a encerrar en un cajón el entusiasmo. El mismo que te ha devuelto a Jerez, a tu calle, a tu raíz profundísima. Porque las deudas que uno contrae consigo mismo deben saldarse.
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