Aunque hoy resulte difícil de creer, no hace tanto el acoso escolar se entendía como una chorrada: cosas de niños, episodios sin importancia e incluso experiencias que “curtían” a los supuestos niños más débiles. Con esa idea aún presente en parte de la sociedad, el psicólogo educativo y sanitario José Antonio Luengo (Madrid, 65 años) ha escrito su quinto libro, El algoritmo del miedo (Plataforma Editorial, 2026), una radiografía del acoso escolar que busca ayudar a padres, centros educativos y a la sociedad en su conjunto a comprender una violencia que aún se cobra vidas.. Seguir leyendo
El vicepresidente del Consejo General de Psicología de España publica ‘El algoritmo del miedo’, una radiografía del ‘bullying’ con la que quiere ayudar a padres, centros educativos y a la sociedad en su conjunto a comprender una violencia que aún se cobra vidas
Aunque hoy resulte difícil de creer, no hace tanto el acoso escolar se entendía como una chorrada: cosas de niños, episodios sin importancia e incluso experiencias que “curtían” a los supuestos niños más débiles. Con esa idea aún presente en parte de la sociedad, el psicólogo educativo y sanitario José Antonio Luengo (Madrid, 65 años) ha escrito su quinto libro, El algoritmo del miedo (Plataforma Editorial, 2026), una radiografía del acoso escolar que busca ayudar a padres, centros educativos y a la sociedad en su conjunto a comprender una violencia que aún se cobra vidas.. Luengo inicia la conversación recordando a Jokin Ceberio Laboa, un menor de 14 años que se suicidó el 21 de septiembre de 2004 tras meses de acoso escolar. Fue uno de los primeros casos en alcanzar una gran repercusión mediática y judicial en España (ocho menores fueron condenados por trato degradante, aunque sin apreciarse inducción al suicidio, y con indemnizaciones a la familia. Todo ello aceleró el desarrollo de protocolos de actuación institucional, educativos y herramientas de apoyo. “En aquel entonces, yo trabajaba en el Defensor del Menor y estuvimos muy implicados, porque éramos la única institución especializada que existía en el país. Además, los centros educativos consideraban que no era un asunto suyo, lo veían como peleas entre chavales, un problema de familias”, cuenta por teléfono este experto en convivencia escolar.. El también vicepresidente primero del Consejo General de la Psicología de España, órgano que representa y coordina a todos los colegios oficiales de psicólogos del país, recuerda que esa muerte supuso un punto de inflexión: “Las administraciones educativas, sobre todo, empezaron a pensar que había que hacer algo, que era necesario preparar planes y programas de prevención e intervención”. Aquel momento marcó el inicio de una mayor visibilización de una lacra terrible que hasta entonces había sido minimizada por los adultos. “Se respiraba, y no es que lo hayamos superado del todo, la idea de que a la escuela se viene a aprender y que uno tiene que venir educado de casa”, continúa.. Luengo agrega que el bullying ocurre en la escuela porque los chicos pasan muchos días al año en ella y muchas horas —más de 175 días, unas siete horas diarias—, y señala que se trata de una enfermedad social que afecta a la manera en que niños y adolescentes entienden la relación con los demás, con los más vulnerables, con los diferentes.. PREGUNTA. ¿Qué hay detrás del acoso escolar?. RESPUESTA. Tiene mucho que ver con un modelo que impera todavía hoy: el de que el de arriba pisa al de abajo. Insulta, miente y falsea la realidad con el objetivo esencial de quedar por encima. Esto ya lo decía Hobbes [Thomas Hobbes filósofo inglés]: una de las causas de la violencia es la superioridad. Si yo me siento superior a ti, no tengo ninguna necesidad de quitarte nada; simplemente me meto contigo porque me divierte, porque me hace sentir superior y porque me genera prestigio.. P. ¿Dónde está la diferencia entre un conflicto y un caso de acoso?. R. A edades tempranas existen conflictos normales, porque no hay una conciencia completa. Siempre se habla de que alrededor de los 7 u 8 años aparece esa idea de tener juicio, de empezar a entender lo que haces y sus consecuencias. A partir de ahí comienza a construirse la capacidad de comprender que los otros tienen emociones y deseos, y que lo que tú haces influye en los demás. Es entonces cuando empiezan a observarse comportamientos que, si son reiterados, requieren intervención. El acoso es una conducta intencionada, reiterada y que se desarrolla desde una estructura de poder, y eso acaba generando indefensión en la víctima.. P. ¿Qué papel tienen las familias en el acoso?. R. Aprendemos a relacionarnos a través de tres vías: lo que nos cuentan, lo que vivimos y el modelo que vemos. Las familias no podemos culpabilizarnos de todo, pero sí entender que somos responsables de muchas cosas. Los niños aprenden también de lo que ve en casa: cuando ven a adultos empáticos y cuidadores, eso se interioriza. Hoy las familias viven en un contexto muy distinto, con menos interacción y menos conflictos cotidianos, lo que hace que la escuela concentre gran parte del aprendizaje de las relaciones.. View this post on Instagram. P. ¿Qué señales deberían alertar a padres y madres?. R. En este tipo de situaciones suelen aparecer elementos muy claros. Tristeza, dejar de hacer cosas que antes se hacían, pérdida de interés por actividades, por los amigos. Dolores corporales, como dolor de tripa o de cabeza. No querer ir al colegio. Les cuesta hablar de lo que les pasa. Cuando preguntas, muchas veces dicen que no pasa nada. Tienen miedo. En muchas ocasiones tienen miedo de contarlo porque no quieren preocupar a los padres. Y en otras ocasiones temen que el remedio sea peor que la enfermedad. Es decir, temen que, si lo cuentan, los adultos vayan a intervenir, y luego la situación empeore porque el agresor o el grupo se vuelva más agresivo.. P. ¿Qué pasa cuando los padres del agresor reaccionan mal?. R. Es bastante habitual escuchar a padres que, cuando se les dice que su hijo está implicado en una situación de este tipo, reaccionan negándolo o minimizándolo. Y eso no solo no ayuda, sino que perjudica de manera grave el proceso de reflexión que debería hacer el chaval. Lo importante sería poder decir: “Oye, esto no lo esperaba, pero tienes mi colaboración”. Hablar con el hijo y decirle: “No eres una persona mala, pero has actuado mal”. No se trata de juzgar a la persona, sino a los actos. Y esos actos hay que valorarlos, porque pueden hacer daño a otros.. P. ¿Funcionan las sanciones tal como se aplican ahora?. R. Si solo utilizamos la justicia punitiva lo que hacemos es cumplir la norma como si estuviéramos tratando a adultos. Expulsar a un alumno no garantiza un resultado positivo: no restaura la convivencia, no repara el daño ni ayuda a entender lo que ha pasado. Por eso es importante incorporar un enfoque restaurativo, que permita pedir perdón, reparar y comprender el daño causado. Si eliminamos esa posibilidad, perdemos una oportunidad educativa fundamental. Cuanto más se alarga en el tiempo, más difícil es revertir la situación.. El grupo y los compañeros tienen un papel clave en la prevención del acoso escolar, subraya José Antonio Luengo.FG Trade Latin (Getty Images). P. ¿Qué falta en la prevención?. R. No hemos invertido lo suficiente en cómo prevenir que estas situaciones se produzcan y, sobre todo, en cómo promover un valor que es el contrapunto de la maldad: la bondad. Tenemos que trabajar para que los chicos vean que es popular ser amable, afectuoso y respetuoso. Parece que, si eres amable, eres raro, incluso débil. Y la bondad va mucho más allá del concepto de compasión. El bondadoso es una persona valiente, que se enfrenta a quien está haciendo daño y le dice: “Hasta aquí hemos llegado”. Es alguien que cuida al débil, que protege, que pide perdón cuando se equivoca y que perdona. Es, probablemente, un auténtico superhéroe que tenemos que rescatar.. P. ¿Qué funciona entonces y qué papel tienen los compañeros dentro del aula?. R. Funciona comprometer a los chicos en estructuras de cuidado y ayuda entre iguales: aprendizaje y servicio, mentoría, protagonismo de los mayores cuidando a los más pequeños. En los grupos donde la mayoría adopta un papel empático y protector se genera una dinámica que dificulta mucho el daño. Cuando alguien intenta hacer daño, hay compañeros que dicen: “Oye tú, no te pases”, y eso cambia la situación, porque muchas veces la víctima no se atreve, pero otro compañero sí. Un centro educativo es un ser vivo, una especie de tribu, y cuando consigues que el grupo proteja, el acoso es mucho más difícil. Ahí el papel del tutor es fundamental para marcar límites claros: “Esto aquí no lo vamos a consentir”.. P. Entonces, ¿de quién es la responsabilidad del acoso escolar?. R. Es un problema de todos. Tenemos que entender que para educar a un niño hace falta toda una tribu. Y la tribu no es solo una idea abstracta. Puede ser la familia, puede ser el grupo de amigos, puede ser el aula, puede ser el centro educativo. Son espacios donde se aprende a convivir. La forma en que vemos la vida y la forma en que nos relacionamos con los demás se juega en distancias cortas. En cómo educamos en casa, en cómo ayudamos a nuestros hijos a interpretar lo que viven, lo que sienten, las dificultades. Ahí es donde se construye todo. Si no trabajamos eso, lo demás llega tarde.
