El Mediterráneo es otra de las regiones afectadas por la guerra en Irán, un conflicto que añade inestabilidad a una zona ya frágil. Así lo señala a LA RAZÓN Joan Borrell, vicesecretario de la Unión por el Mediterráneo (UpM), organización dedicada a fomentar la cooperación y el diálogo. En una entrevista, Borrell –responsable de Estabilidad y Resiliencia– analiza las posibles consecuencias energéticas del conflicto y los desafíos que afrontan los países mediterráneos.. ¿Cómo está afectando la guerra de Irán al Mediterráneo?. Las consecuencias para la energía y el transporte marítimo son tan graves y evidentes que afectan a nivel global. Para Asia sobre todo energía, para África fertilizantes… Para el Mediterráneo, la disrupción también es muy importante, aunque no es para todos igual. Lo primero es que afecta la percepción de riesgo, y cuando aumenta el riesgo, aumentan las primas de seguros, disminuye la inversión, el turismo se retrae, la confianza en la inversión directa también se retrae… Evidentemente, afecta más al Mediterráneo oriental y a Oriente Medio, en países como Chipre, Israel y Jordania. Hay ganadores y perdedores, pero en general la suma global es negativa para toda la región porque al final el crecimiento económico se va a reducir en toda la zona. De hecho, el Banco Mundial y el FMI apuntan a una reducción del crecimiento estimado y eso, con la volatilidad financiera y el aumento de la inflación y la disrupción de todos los flujos, se va a traducir en un peor escenario económico para la región. Lo que pasa es que llueve sobre mojado, porque esta crisis acentúa fragilidades que ya existían.. ¿Cuáles son los principales retos de la región?. La región del Mediterráneo tiene problemas muy serios de desequilibrio norte-sur. Desequilibrio económico y desequilibrio demográfico. La combinación de ambos se traduce en presión migratoria. Y la única manera de afrontar esto es el desarrollo económico en el sur. La crisis alimentaria, la crisis de cambio climático, la crisis económica, el desempleo… todo eso se traduce en los problemas de presión migratoria que conocemos. Y yo creo que hay un tercer nivel que nos afecta a nosotros, la Unión por el Mediterráneo. Somos una organización que trabaja promoviendo la cooperación entre los países del norte, del sur y del este del Mediterráneo. Tenemos países que entre ellos o están en guerra literalmente, como Israel y Líbano, o no están en guerra, pero no tienen relaciones diplomáticas o las tienen muy deterioradas. Nuestra misión es la de ir creando espacios de diálogo a nivel técnico, incluso en los contextos en los que los países se llevan muy mal. La guerra complica y genera crisis, que también complican nuestro trabajo.. En el actual contexto internacional, marcado por un aumento de las tensiones regionales, ¿considera que los Gobiernos y los Estados perciben hoy el Mediterráneo como un espacio menos seguro?. Sí, estos dos últimos años y ahora con este acelerón con Irán, la región está en un momento complicado. Ahora bien, nosotros apostamos por un enfoque cooperativo entre los países que permita avanzar sobre esto, porque el Mediterráneo siempre va a ser un espacio de comercio, de interdependencia entre países y de movilidad. Y, para gestionar eso, tiene que ser un espacio de cooperación. Sin duda, está la agravación del conflicto árabe-israelí, la entrada de Irán en la región… esto se superpone a otros conflictos que ya existen de antes, como el cambio climático, presión demográfica, presión económica, escasez hídrica… Pero yo creo que casi todos somos conscientes de que estos desafíos son regionales. Un país solo no los va a poder hacer frente por sí mismo.. ¿Qué tendencias observa en materia energética tras el inicio de la guerra?. Las consecuencias energéticas dependen mucho de los tipos de países. Hay países que son productores, hay países que son importadores, hay países que tienen un muy buen sistema de energías renovables, hay países que están muy bien interconectados… Lo que sí noto es que ahora, con la guerra de Irán, no es solo el tema emocional y el tema de la seguridad, es el tema energético. Con el tema energético sí veo un cambio que aún no se acaba de asentar. La inseguridad energética y el aumento de los hidrocarburos llevan agua al molino de los que argumentan que hay que acelerar la transición energética. Los que dicen que hay que redoblar los esfuerzos en energías renovables, porque, aunque tengan problemas de coste y de sostenibilidad, merece la pena. Ahí hay un cambio en general en todos los países europeos al decir «esto nos va a empujar a avanzar más rápido en temas de energías renovables». Lo que pasa es que, por muy rápido que avancemos, los hidrocarburos siguen siendo necesarios y los van a continuar siendo durante muchos años en el mix energético. No creo que vayamos a ver en los próximos 20 años ningún mix energético en casi ningún país que no incluya una parte significativa de hidrocarburos, aunque se vaya reduciendo. Y eso es porque las energías renovables no permiten su almacenamiento; entonces, la única manera de avanzar en renovables es aumentando la interconexión entre países, lo que requiere de voluntad política.. ¿En qué ámbitos es más sencilla la cooperación entre los países mediterráneos?. En temas de cambio climático. Creo que todo el mundo entiende que salimos todos juntos o nos caemos todos juntos. También en temas de agua, todo el mundo entiende que es fundamental. Que hay soluciones tecnológicas que existen y que deberíamos cooperar porque realmente es una manera muy sencilla de mejorar la calidad de vida y la agricultura en países del sur. En temas de energía hemos visto todas las dificultades, pero al mismo tiempo hay que reconocer que el sur tiene un potencial en términos de renovables espectacular. Luego, en temas de cooperación universitaria. Erasmus hizo muchísimo por los europeos y no hay ningún motivo para que modelos así ayuden a que los europeos conozcan a los países del sur y viceversa.
El Mediterráneo es otra de las regiones afectadas por la guerra en Irán, un conflicto que añade inestabilidad a una zona ya frágil. Así lo señala a LA RAZÓN Joan Borrell, vicesecretario de la Unión por el Mediterráneo (UpM), organización dedicada a fomentar la cooperación y el diálogo. En una entrevista, Borrell –responsable de Estabilidad y Resiliencia– analiza las posibles consecuencias energéticas del conflicto y los desafíos que afrontan los países mediterráneos.. ¿Cómo está afectando la guerra de Irán al Mediterráneo?. Las consecuencias para la energía y el transporte marítimo son tan graves y evidentes que afectan a nivel global. Para Asia sobre todo energía, para África fertilizantes… Para el Mediterráneo, la disrupción también es muy importante, aunque no es para todos igual. Lo primero es que afecta la percepción de riesgo, y cuando aumenta el riesgo, aumentan las primas de seguros, disminuye la inversión, el turismo se retrae, la confianza en la inversión directa también se retrae… Evidentemente, afecta más al Mediterráneo oriental y a Oriente Medio, en países como Chipre, Israel y Jordania. Hay ganadores y perdedores, pero en general la suma global es negativa para toda la región porque al final el crecimiento económico se va a reducir en toda la zona. De hecho, el Banco Mundial y el FMI apuntan a una reducción del crecimiento estimado y eso, con la volatilidad financiera y el aumento de la inflación y la disrupción de todos los flujos, se va a traducir en un peor escenario económico para la región. Lo que pasa es que llueve sobre mojado, porque esta crisis acentúa fragilidades que ya existían.. ¿Cuáles son los principales retos de la región?. La región del Mediterráneo tiene problemas muy serios de desequilibrio norte-sur. Desequilibrio económico y desequilibrio demográfico. La combinación de ambos se traduce en presión migratoria. Y la única manera de afrontar esto es el desarrollo económico en el sur. La crisis alimentaria, la crisis de cambio climático, la crisis económica, el desempleo… todo eso se traduce en los problemas de presión migratoria que conocemos. Y yo creo que hay un tercer nivel que nos afecta a nosotros, la Unión por el Mediterráneo. Somos una organización que trabaja promoviendo la cooperación entre los países del norte, del sur y del este del Mediterráneo. Tenemos países que entre ellos o están en guerra literalmente, como Israel y Líbano, o no están en guerra, pero no tienen relaciones diplomáticas o las tienen muy deterioradas. Nuestra misión es la de ir creando espacios de diálogo a nivel técnico, incluso en los contextos en los que los países se llevan muy mal. La guerra complica y genera crisis, que también complican nuestro trabajo.. En el actual contexto internacional, marcado por un aumento de las tensiones regionales, ¿considera que los Gobiernos y los Estados perciben hoy el Mediterráneo como un espacio menos seguro?. Sí, estos dos últimos años y ahora con este acelerón con Irán, la región está en un momento complicado. Ahora bien, nosotros apostamos por un enfoque cooperativo entre los países que permita avanzar sobre esto, porque el Mediterráneo siempre va a ser un espacio de comercio, de interdependencia entre países y de movilidad. Y, para gestionar eso, tiene que ser un espacio de cooperación. Sin duda, está la agravación del conflicto árabe-israelí, la entrada de Irán en la región… esto se superpone a otros conflictos que ya existen de antes, como el cambio climático, presión demográfica, presión económica, escasez hídrica… Pero yo creo que casi todos somos conscientes de que estos desafíos son regionales. Un país solo no los va a poder hacer frente por sí mismo.. ¿Qué tendencias observa en materia energética tras el inicio de la guerra?. Las consecuencias energéticas dependen mucho de los tipos de países. Hay países que son productores, hay países que son importadores, hay países que tienen un muy buen sistema de energías renovables, hay países que están muy bien interconectados… Lo que sí noto es que ahora, con la guerra de Irán, no es solo el tema emocional y el tema de la seguridad, es el tema energético. Con el tema energético sí veo un cambio que aún no se acaba de asentar. La inseguridad energética y el aumento de los hidrocarburos llevan agua al molino de los que argumentan que hay que acelerar la transición energética. Los que dicen que hay que redoblar los esfuerzos en energías renovables, porque, aunque tengan problemas de coste y de sostenibilidad, merece la pena. Ahí hay un cambio en general en todos los países europeos al decir «esto nos va a empujar a avanzar más rápido en temas de energías renovables». Lo que pasa es que, por muy rápido que avancemos, los hidrocarburos siguen siendo necesarios y los van a continuar siendo durante muchos años en el mix energético. No creo que vayamos a ver en los próximos 20 años ningún mix energético en casi ningún país que no incluya una parte significativa de hidrocarburos, aunque se vaya reduciendo. Y eso es porque las energías renovables no permiten su almacenamiento; entonces, la única manera de avanzar en renovables es aumentando la interconexión entre países, lo que requiere de voluntad política.. ¿En qué ámbitos es más sencilla la cooperación entre los países mediterráneos?. En temas de cambio climático. Creo que todo el mundo entiende que salimos todos juntos o nos caemos todos juntos. También en temas de agua, todo el mundo entiende que es fundamental. Que hay soluciones tecnológicas que existen y que deberíamos cooperar porque realmente es una manera muy sencilla de mejorar la calidad de vida y la agricultura en países del sur. En temas de energía hemos visto todas las dificultades, pero al mismo tiempo hay que reconocer que el sur tiene un potencial en términos de renovables espectacular. Luego, en temas de cooperación universitaria. Erasmus hizo muchísimo por los europeos y no hay ningún motivo para que modelos así ayuden a que los europeos conozcan a los países del sur y viceversa.
El vicesecretario de la Unión por el Mediterráneo (UpM) aborda cuáles son los grandes retos que viene afrontando la región en un contexto de creciente inestabilidad
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