En Extraño río, ópera prima de Jaume Claret Muxart, Jan Monter es Didac, el hijo mayor de una familia que pasa sus vacaciones viajando en bicicleta por el Danubio. En la primera secuencia, cuyo movimiento marcará el tono escurridizo y alegórico de esta road movie familiar, Monter mira fijo a la cámara y lo hace de tal manera que el espectador queda atrapado. Didac tiene 16 años (Monter ha cumplido 18 este mayo) y el curso del Danubio guiará un viaje —abandonar la infancia, el despertar sexual— que cambiará su vida.. Seguir leyendo
El protagonista de una de las películas más aclamadas del año ha cumplido 18 años convertido en un rostro ya inolvidable del cine español

En Extraño río, ópera prima de Jaume Claret Muxart, Jan Monter es Didac, el hijo mayor de una familia que pasa sus vacaciones viajando en bicicleta por el Danubio. En la primera secuencia, cuyo movimiento marcará el tono escurridizo y alegórico de esta road movie familiar, Monter mira fijo a la cámara y lo hace de tal manera que el espectador queda atrapado. Didac tiene 16 años (Monter ha cumplido 18 este mayo) y el curso del Danubio guiará un viaje —abandonar la infancia, el despertar sexual— que cambiará su vida.
La elección del actor, que por momentos recuerda a un joven Terence Stamp, fue mediante una selección que se prolongó durante varios meses. Martina Roura, actriz, directora de casting de Extraño río y auxiliar de dirección, recuerda el momento en el que Monter apareció en escena: “Buscamos en institutos y en escuelas de teatro. Jan llegó a través del cartel que pusimos en una de esas escuelas. Vimos su vídeo y lo convocamos a una cita presencial. La prueba consistía en que nos contaran un sueño. El día en que le tocó a Jan había sido muy largo y muy duro. Yo estaba muy agobiada, solo quería irme a casa. Él era el último. Nada más entrar, por la manera de sentarse en la silla, ya nos llamó la atención. Vimos algo especial. Luego nos contó su sueño y no se parecía a ningún otro. Recuerdo que miré por la pantalla de la cámara y vi en él el misterio que buscábamos, eso que era tan difícil de dar. No era solo guapo. Su cabeza y su energía eran especiales”.
“Yo salí muy contento”, recuerda Monter, que empezó su práctica actoral cuando era un niño en la escuela de teatro de Manresa, cerca de su casa. “Empecé con seis años. Mi hermano mayor iba y yo quise probar. ¿Que si prefiero el teatro al cine? Eso es como preguntarme si prefiero a papá o mamá”, responde en una videollamada desde la casa de sus padres. Su debut ha resultado como mínimo estelar: Monter asistió a los últimos Goya nominado a mejor actor revelación por Extraño río, que recibió una segunda nominación a la dirección novel.


“Cuando vi a Jan por primera vez me interesó su introspección”, recuerda Jaume Claret Muxart. “En el guion el personaje hablaba más, pero al conocer a Jan me adapté a él. Su personalidad resultaba poderosa. Jan habla lo justo pero se expresa mucho con el cuerpo. Salvando las distancias, me recordaba a James Dean por esa actitud un poco encorvada de los adolescentes”. El director de Extraño río recuerda que Monter cumplió 16 años el segundo día de rodaje, algo que legalmente les permitía rodar más horas con él. “Creo que eso también fue una señal”.
“No sabíamos cómo era Didac, teníamos que encontrarlo”, explica Martina Roura. “Su rostro tenía que aguantar hora y media de película, no se podía agotar. Su belleza y magnetismo tenían que sostenerse en el tiempo y no quedarse solo en una primera impresión. Jan tiene el misterio que buscábamos. Nunca sabes qué pasa por su cabeza. Es tímido, muy callado y muy observador. La paradoja es que su timidez no se corresponde con su comodidad delante de la cámara”. Esa tensión está latente en su personaje. Monter nunca se había visto en pantalla, y no le resulta del todo cómodo, dice, pero a la vez le atrae: “Pensé que no iba a gustarme, pero no ocurrió. Al principio me costaba separarme del personaje pero luego lo logré y ahora disfruto viéndome”.


Extraño río se rodó durante seis semanas siguiendo el curso del río que sigue la familia en la pantalla. “El rodaje fue muy divertido e interesante, viajamos por Austria y Alemania. Jugaba con los otros actores y me sentí muy en familia. Actuar no es fácil, algunas escenas me costaron, pero poco a poco gané confianza”. Monter recuerda la naturaleza y los paisajes de una aventura que atravesó la Selva Negra hasta Austria. “Fue como ir descubriendo al propio río. La naturaleza me encantó, las montañas, todo era precioso. El río y su simbolismo son un personaje más y por eso me gustó descubrirlo por el camino”.
Medio año de ensayos con Claret Muxart facilitaron ese descubrimiento y la construcción de ese personaje introspectivo. “Me dejé llevar por todo lo que me había contado Jaume y creo que por todo lo que habíamos hablado el personaje salió de una forma muy natural”. El director cuenta cómo trabajó el personaje desde los gestos de Jan, sobre todo de su espalda, de su sonrisa y mirada. “Para mí se trataba de estar cerca suyo para tener memoria de sus gestos… Durante el montaje lo vimos crecer en directo. El Jan de final del rodaje era otro”.


Para las secuencias más íntimas fue importante la colaboración del otro chico de la película, Francesco Wenz, de 19 años. “Francesco dirigía desde dentro de la escena. Y yo estaba cerca para lo que fuese”. También fue importante una frase de Chantal Akerman sobre cómo rodar las escenas más íntimas de forma respetuosa: siempre a un metro de distancia y con la cámara a la altura de los ojos.
Según Monter su familia se parece mucho a la de la película —“aunque nosotros no viajamos tanto”—; en el filme, la madre es actriz y el padre, como el suyo, arquitecto. “También somos tres hermanos, aunque yo soy el mediano”, aclara. Mientras la posibilidad de ser actor sigue su curso, como el Danubio, Monter avanza en el bachillerato de humanidades, con el baloncesto (juega de pívot y alero) y con la idea de estudiar Geografía en la Autónoma de Barcelona. “Me gustan los mapas y la topografía”, explica.


De todos los consejos que ha recibido en este tiempo los mejores han sido de su abuelo y de su padre: “Mi abuelo dice que no deje de pisar el suelo y mi padre, antes de empezar a rodar la película, me dijo que no me pusiera nervioso, que todo lo que me iban a pedir sabía hacerlo y que los nervios no valen para nada”. Martina Roura añade uno más: “Jan tiene algo muy potente, pero como cualquiera se tiene que formar bien”. Para su director es un actor generoso y valiente, con capacidad creativa. “Creo que hacer teatro le ha hecho valiente, pero además posee una pureza y una verdad que no está contaminada por la industria”. El suyo es un camino que irá mutando, como el del curso de un río.
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