Hubo un tiempo en el que la estrategia de defensa se basaba en un escudo. Podía ser uno contra una espada, contra lanzas… Podía ser una muralla, un foso… cualquier cosa que dificultara la llegada de proyectiles o tropas, servía este propósito. A medida que la tecnología avanzaba, el escudo simplemente se hacía más grande, más resistente o ambas. Pero llegó un punto en el que ya no era suficiente: el escudo era cada vez más difícil de construir, más caro, mientras los proyectiles se volvían más efectivos y económicos.. Hoy, un dron capaz de destruir un carro de combate puede costar menos que un automóvil familiar. Y derribarlo con un misil de cientos de miles de euros resulta, sencillamente, insostenible.. Por eso la Armada española ha comenzado a probar una nueva clase de arma: el Hornet, un interceptor desarrollado por la empresa europea Destinus y diseñado específicamente para destruir drones y otras amenazas aéreas de bajo coste. Las recientes pruebas realizadas desde la fragata Santa María demuestran que el sistema también podría operar desde buques de guerra, ampliando las capacidades defensivas de la flota.. Lo interesante es que, aunque desde lejos pueda parecer un misil, el Hornet pertenece a una categoría diferente: es un híbrido entre dron y misil Los misiles tradicionales son armas de un solo uso. Se lanzan, persiguen su objetivo y explotan. El Hornet, en cambio, comparte características con los drones interceptores que están transformando los campos de batalla modernos. Su misión consiste en despegar rápidamente, localizar una amenaza y neutralizarla antes de que alcance su objetivo. Está pensado para enfrentarse a drones de reconocimiento, drones kamikaze, municiones merodeadoras e incluso helicópteros o aeronaves que vuelen a baja altura.. Destinus lo describe como una solución para cubrir el vacío existente entre los sistemas antiaéreos de muy corto alcance y los sistemas convencionales de defensa aérea. Puede llevar una carga de hasta 3 kilos y tiene un rango de alcance de 150 km aproximadamente. En otras palabras: una herramienta especializada para una amenaza que hace apenas unos años prácticamente no existía.. La lógica detrás del Hornet es fácil de entender. Imaginemos un dron de ataque que cuesta unos pocos miles de euros. Si para derribarlo es necesario disparar un misil valorado en cientos de miles o incluso millones de euros, el atacante puede ganar simplemente saturando las defensas con grandes cantidades de aparatos baratos. Es exactamente el problema que están afrontando numerosos ejércitos en la actualidad. Por eso han surgido nuevas soluciones basadas en interceptores más económicos, reutilizables o producidos en grandes cantidades.. El Hornet forma parte de esta nueva generación de sistemas diseñados para devolver el equilibrio económico a la defensa aérea. Otra característica importante es que no ha sido concebido para destruir un único objetivo de gran valor, sino para enfrentarse a ataques múltiples. Los llamados «enjambres» de drones representan uno de los mayores desafíos militares actuales. Decenas de aeronaves pequeñas pueden aproximarse simultáneamente desde distintas direcciones, obligando a las defensas a reaccionar en cuestión de segundos.. Según la información facilitada por Destinus, el Hornet ha sido desarrollado precisamente para responder a este escenario, ofreciendo una solución escalable frente a amenazas masivas de bajo coste. Se trata de un “interceptor guiado por radar para amenazas subsónicas con interceptación terminal autónoma. Cuenta con guiado inicial con radar, guiado terminal con seeker asistido por IA, opera en entornos con GNSS denegado y logra revertir la asimetría de costes”.. Las pruebas realizadas desde la fragata española son especialmente relevantes porque muestran que la tecnología puede integrarse en plataformas navales. Los buques modernos son cada vez más vulnerables a drones de vigilancia, drones suicidas y embarcaciones no tripuladas. En conflictos recientes, estas amenazas han demostrado ser capaces de dañar o incluso hundir barcos mucho más costosos que ellas mismas.. Poder desplegar interceptores compactos desde la cubierta de una fragata ofrece una capa adicional de protección frente a ataques que hace apenas una década apenas se contemplaban en la doctrina naval.. Lo que estamos viendo con el Hornet es parte de una transformación mucho más amplia. Durante buena parte del siglo XX, la superioridad aérea dependía de cazas cada vez más rápidos y sofisticados. En el siglo XXI, una parte creciente de esa batalla se libra entre máquinas no tripuladas. Los drones ya no son únicamente plataformas de observación. Son armas. Y, como toda arma, han obligado a desarrollar sus propios depredadores.. El Hornet es uno de ellos: una suerte de “avispa electrónica” (juego de palabras con su nombre) concebido para cazar enjambres de drones en pleno vuelo. Si las pruebas continúan teniendo éxito, podría convertirse en una de las herramientas con las que España y otros países europeos intenten responder a una realidad cada vez más evidente: en la guerra moderna, el cielo ya no pertenece solo a los aviones.
De acuerdo con el comunicado de sus fabricantes, es un “interceptor con interceptación terminal autónoma. Cuenta con guiado terminal con seeker asistido por IA y opera en entornos con GNSS denegado”.
Hubo un tiempo en el que la estrategia de defensa se basaba en un escudo. Podía ser uno contra una espada, contra lanzas… Podía ser una muralla, un foso… cualquier cosa que dificultara la llegada de proyectiles o tropas, servía este propósito. A medida que la tecnología avanzaba, el escudo simplemente se hacía más grande, más resistente o ambas. Pero llegó un punto en el que ya no era suficiente: el escudo era cada vez más difícil de construir, más caro, mientras los proyectiles se volvían más efectivos y económicos.. Hoy, un dron capaz de destruir un carro de combate puede costar menos que un automóvil familiar. Y derribarlo con un misil de cientos de miles de euros resulta, sencillamente, insostenible.. Por eso la Armada española ha comenzado a probar una nueva clase de arma: el Hornet, un interceptor desarrollado por la empresa europea Destinus y diseñado específicamente para destruir drones y otras amenazas aéreas de bajo coste. Las recientes pruebas realizadas desde la fragata Santa María demuestran que el sistema también podría operar desde buques de guerra, ampliando las capacidades defensivas de la flota.. Lo interesante es que, aunque desde lejos pueda parecer un misil, el Hornet pertenece a una categoría diferente: es un híbrido entre dron y misil Los misiles tradicionales son armas de un solo uso. Se lanzan, persiguen su objetivo y explotan. El Hornet, en cambio, comparte características con los drones interceptores que están transformando los campos de batalla modernos. Su misión consiste en despegar rápidamente, localizar una amenaza y neutralizarla antes de que alcance su objetivo. Está pensado para enfrentarse a drones de reconocimiento, drones kamikaze, municiones merodeadoras e incluso helicópteros o aeronaves que vuelen a baja altura.. Destinus lo describe como una solución para cubrir el vacío existente entre los sistemas antiaéreos de muy corto alcance y los sistemas convencionales de defensa aérea. Puede llevar una carga de hasta 3 kilos y tiene un rango de alcance de 150 km aproximadamente. En otras palabras: una herramienta especializada para una amenaza que hace apenas unos años prácticamente no existía.. La lógica detrás del Hornet es fácil de entender. Imaginemos un dron de ataque que cuesta unos pocos miles de euros. Si para derribarlo es necesario disparar un misil valorado en cientos de miles o incluso millones de euros, el atacante puede ganar simplemente saturando las defensas con grandes cantidades de aparatos baratos. Es exactamente el problema que están afrontando numerosos ejércitos en la actualidad. Por eso han surgido nuevas soluciones basadas en interceptores más económicos, reutilizables o producidos en grandes cantidades.. El Hornet forma parte de esta nueva generación de sistemas diseñados para devolver el equilibrio económico a la defensa aérea. Otra característica importante es que no ha sido concebido para destruir un único objetivo de gran valor, sino para enfrentarse a ataques múltiples. Los llamados «enjambres» de drones representan uno de los mayores desafíos militares actuales. Decenas de aeronaves pequeñas pueden aproximarse simultáneamente desde distintas direcciones, obligando a las defensas a reaccionar en cuestión de segundos.. Según la información facilitada por Destinus, el Hornet ha sido desarrollado precisamente para responder a este escenario, ofreciendo una solución escalable frente a amenazas masivas de bajo coste. Se trata de un “interceptor guiado por radar para amenazas subsónicas con interceptación terminal autónoma. Cuenta con guiado inicial con radar, guiado terminal con seeker asistido por IA, opera en entornos con GNSS denegado y logra revertir la asimetría de costes”.. Las pruebas realizadas desde la fragata española son especialmente relevantes porque muestran que la tecnología puede integrarse en plataformas navales. Los buques modernos son cada vez más vulnerables a drones de vigilancia, drones suicidas y embarcaciones no tripuladas. En conflictos recientes, estas amenazas han demostrado ser capaces de dañar o incluso hundir barcos mucho más costosos que ellas mismas.. Poder desplegar interceptores compactos desde la cubierta de una fragata ofrece una capa adicional de protección frente a ataques que hace apenas una década apenas se contemplaban en la doctrina naval.. Lo que estamos viendo con el Hornet es parte de una transformación mucho más amplia. Durante buena parte del siglo XX, la superioridad aérea dependía de cazas cada vez más rápidos y sofisticados. En el siglo XXI, una parte creciente de esa batalla se libra entre máquinas no tripuladas. Los drones ya no son únicamente plataformas de observación. Son armas. Y, como toda arma, han obligado a desarrollar sus propios depredadores.. El Hornet es uno de ellos:una suerte de “avispa electrónica” (juego de palabras con su nombre) concebido para cazar enjambres de drones en pleno vuelo.Si las pruebas continúan teniendo éxito, podría convertirse en una de las herramientas con las que España y otros países europeos intenten responder a una realidad cada vez más evidente: en la guerra moderna, el cielo ya no pertenece solo a los aviones.
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