Hay ideas que parecen ideadas para un guion cinematográfico. Y en este caso sería la película que cruzaría Jurassic Park con El diablo viste de Prada: cuando la moda y la genética se unen. Y el resultado, en este caso, es un bolso hecho con piel de Tyrannosaurus rex es una de ellas. Un equipo de científicos, diseñadores y creativos presentó en Ámsterdam lo que describen como el primer producto fabricado con “cuero de T.rex”: una pieza de lujo que, más que un accesorio, funciona como una declaración sobre hasta dónde está llegando la biotecnología.. El proyecto nace de una colaboración entre la agencia creativa VML, la empresa de ingeniería genómica The Organoid Company y la firma de biotecnología Lab-Grown Leather Ltd.. Su objetivo no era recrear un dinosaurio, ni siquiera su piel, sino utilizar fragmentos de información biológica del pasado para fabricar un material completamente nuevo. El resultado se materializó en un bolso diseñado por la firma Enfin Levé, presentado como una pieza única, casi de museo.. Obviamente tiene truco y la clave está en una palabra: colágeno. Este es el principal componente estructural del cuero tradicional, y también una de las pocas biomoléculas que, en condiciones excepcionales, puede dejar rastros en fósiles antiguos. A partir de fragmentos de colágeno encontrados en restos de dinosaurios, los científicos reconstruyeron una secuencia “plausible” de cómo habría sido esa proteína hace millones de años. Esa secuencia se traduce en ADN sintético, que se introduce en células vivas para que produzcan colágeno en el laboratorio.. A partir de ahí, el proceso se vuelve casi artesanal: las células generan una estructura que imita la del cuero, sin necesidad de piel animal ni de los procesos químicos tradicionales de curtido. Según sus creadores, el material resultante es biodegradable, reparable y trazable, y se produce sin sacrificio animal ni deforestación.. “Este proyecto – explica Thomas Mitchell, director de The Organoid Company – demuestra cómo la ingeniería genómica y proteica puede crear clases de biomateriales completamente nuevas. Al reconstruir y optimizar secuencias proteicas ancestrales, hemos diseñado cuero T.rex inspirado en la biología prehistórica y lo hemos clonado en una línea celular diseñada a medida. Es un ejemplo audaz de cómo la biología sintética se extiende más allá de la medicina hacia la innovación de materiales sostenibles”.. Hasta aquí, la historia parece impecable: una fusión entre pasado profundo y tecnología punta que promete redefinir el lujo. Pero en cuanto uno rasca un poco, aparecen las grietas. La realidad es que no existe ADN de Tyrannosaurus rex. El material genético se degrada con el tiempo, y los fragmentos recuperados de dinosaurios son incompletos y extremadamente escasos. Lo que los científicos tienen no es un “genoma de T.rex”, sino piezas sueltas, sobre todo de proteínas como el colágeno, que deben ser reconstruidas mediante inferencias. En este sentido, llamar a este material “cuero de T.rex” es más una narrativa que una descripción literal.. Y, sin embargo, ahí reside lo más fascinante del proyecto. No en si el bolso es realmente “de dinosaurio”, sino en lo que representa: una nueva forma de fabricar materiales inspirados en la biología, sin depender directamente de organismos vivos actuales. Es, en cierto modo, una arqueología invertida. En lugar de excavar el pasado para entenderlo, se reconstruye para diseñar el futuro.. El bolso, expuesto en el Art Zoo Museum de Ámsterdam junto a la réplica de un esqueleto de T.rex, resulta un objeto híbrido: mitad experimento científico, parte pieza de marketing y fracción arte contemporáneo. Tras su exhibición, será subastado como objeto único, con un precio que probablemente refleje tanto su rareza como su historia.. Pero más allá del titular, la pregunta de fondo es otra. Si hoy podemos recrear proteínas de organismos extintos para fabricar materiales, ¿qué nos impide mañana diseñar tejidos completamente nuevos, con propiedades que no existen en la naturaleza actual? Más resistentes, más ligeros, más sostenibles. Quizá el verdadero valor de este bolso no esté en su supuesta conexión con el Cretácico, sino en que señala una dirección: la de una biotecnología que ya no se limita a imitar la vida, sino que empieza a reescribirla.. Y en ese futuro, tal vez el lujo no consista en lo raro o lo escaso, sino en lo improbable: llevar colgado del hombro algo que, en cierto modo, empezó a existir hace 66 millones de años… aunque solo ahora sepamos cómo imaginarlo.
“Estamos descubriendo el potencial para fabricar cuero a partir de especies prehistóricas, comenzando con el formidable T.rex”, señalan los responsables.
Hay ideas que parecen ideadas para un guion cinematográfico. Y en este caso sería la película que cruzaría Jurassic Park con El diablo viste de Prada: cuando la moda y la genética se unen. Y el resultado, en este caso, es un bolso hecho con piel de Tyrannosaurus rex es una de ellas. Un equipo de científicos, diseñadores y creativos presentó en Ámsterdam lo que describen como el primer producto fabricado con “cuero de T.rex”: una pieza de lujo que, más que un accesorio, funciona como una declaración sobre hasta dónde está llegando la biotecnología.. El proyecto nace de una colaboración entre la agencia creativa VML, la empresa de ingeniería genómica The Organoid Company y la firma de biotecnología Lab-Grown Leather Ltd.. Su objetivo no era recrear un dinosaurio, ni siquiera su piel, sino utilizar fragmentos de información biológica del pasado para fabricar un material completamente nuevo. El resultado se materializó en un bolso diseñado por la firma Enfin Levé, presentado como una pieza única, casi de museo.. Obviamente tiene truco y la clave está en una palabra: colágeno. Este es el principal componente estructural del cuero tradicional, y también una de las pocas biomoléculas que, en condiciones excepcionales, puede dejar rastros en fósiles antiguos. A partir de fragmentos de colágeno encontrados en restos de dinosaurios, los científicos reconstruyeron una secuencia “plausible” de cómo habría sido esa proteína hace millones de años. Esa secuencia se traduce en ADN sintético, que se introduce en células vivas para que produzcan colágeno en el laboratorio.. A partir de ahí, el proceso se vuelve casi artesanal: las células generan una estructura que imita la del cuero, sin necesidad de piel animal ni de los procesos químicos tradicionales de curtido. Según sus creadores, el material resultante es biodegradable, reparable y trazable, y se produce sin sacrificio animal ni deforestación.. “Este proyecto – explica Thomas Mitchell, director de The Organoid Company – demuestra cómo la ingeniería genómica y proteica puede crear clases de biomateriales completamente nuevas. Al reconstruir y optimizar secuencias proteicas ancestrales, hemos diseñado cuero T.rex inspirado en la biología prehistórica y lo hemos clonado en una línea celular diseñada a medida. Es un ejemplo audaz de cómo la biología sintética se extiende más allá de la medicina hacia la innovación de materiales sostenibles”.. Hasta aquí, la historia parece impecable: una fusión entre pasado profundo y tecnología punta que promete redefinir el lujo. Pero en cuanto uno rasca un poco, aparecen las grietas. La realidad es que no existe ADN de Tyrannosaurus rex. El material genético se degrada con el tiempo, y los fragmentos recuperados de dinosaurios son incompletos y extremadamente escasos. Lo que los científicos tienen no es un “genoma de T.rex”, sino piezas sueltas, sobre todo de proteínas como el colágeno, que deben ser reconstruidas mediante inferencias. En este sentido, llamar a este material “cuero de T.rex” es más una narrativa que una descripción literal.. Y, sin embargo, ahí reside lo más fascinante del proyecto. No en si el bolso es realmente “de dinosaurio”, sino en lo que representa: una nueva forma de fabricar materiales inspirados en la biología, sin depender directamente de organismos vivos actuales. Es, en cierto modo, una arqueología invertida. En lugar de excavar el pasado para entenderlo, se reconstruye para diseñar el futuro.. El bolso, expuesto en el Art Zoo Museum de Ámsterdam junto a la réplica de un esqueleto de T.rex, resulta un objeto híbrido: mitad experimento científico, parte pieza de marketing y fracción arte contemporáneo. Tras su exhibición, será subastado como objeto único, con un precio que probablemente refleje tanto su rareza como su historia.. Pero más allá del titular, la pregunta de fondo es otra. Si hoy podemos recrear proteínas de organismos extintos para fabricar materiales, ¿qué nos impide mañana diseñar tejidos completamente nuevos, con propiedades que no existen en la naturaleza actual? Más resistentes, más ligeros, más sostenibles. Quizá el verdadero valor de este bolso no esté en su supuesta conexión con el Cretácico, sino en que señala una dirección: la de una biotecnología que ya no se limita a imitar la vida, sino que empieza a reescribirla.. Y en ese futuro, tal vez el lujo no consista en lo raro o lo escaso, sino en lo improbable:llevar colgado del hombro algo que, en cierto modo, empezó a existir hace 66 millones de años… aunque solo ahora sepamos cómo imaginarlo.
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