A una hora de Montpellier, en la costa sur de Francia, se encuentra Cap d’Agde, un enclave único en Europa donde la vida cotidiana se desarrolla sin ropa. Este espacio, concebido para la comunidad naturista, se ha consolidado como el mayor pueblo nudista del mundo y uno de los destinos más singulares del Mediterráneo.. Cada año, más de 12 millones de visitantes pasan por este recinto autosuficiente, que en temporada alta puede acoger hasta 45.000 personas al día. Su propuesta, basada en la convivencia natural y el respeto mutuo, ha convertido al lugar en un referente internacional desde los años ochenta.. Cap d’Agde funciona como un espacio cerrado dentro del complejo turístico mayor del que forma parte. Para entrar, los visitantes deben registrarse y obtener una tarjeta de acceso válida durante su estancia. La normativa exige respeto, higiene y privacidad, prohibiendo expresamente grabar o fotografiar a otras personas.. El pueblo cuenta con una playa privada de dos kilómetros, comercios, bancos, restaurantes y servicios básicos donde la desnudez es la norma. La carta naturista establece que la práctica debe realizarse en compañía de otros residentes o visitantes, y que fuera del recinto —en Agde o Pézenas— es obligatorio vestir ropa.. La llegada de nuevos perfiles de visitantes genera debate. En los últimos años, varios testimonios han señalado la presencia creciente de visitantes que no se identifican con el naturismo, sino con otras formas de ocio adulto. Una antigua residente británica, identificada como Barbara, afirmó a Metro UK que este perfil podría representar “hasta un 40%” de los visitantes actuales, un cambio notable respecto a décadas anteriores.. Las autoridades locales han reforzado la vigilancia en la playa durante los meses de verano, con presencia constante de policía, socorristas y personal de seguridad desde una torre de control. Pese a ello, Barbara asegura que la convivencia entre naturistas y estos nuevos visitantes se mantiene sin tensiones visibles.
El histórico enclave galo, famoso por su vida al aire libre, convive ahora con un perfil de turista que altera su esencia original
A una hora de Montpellier, en la costa sur de Francia, se encuentra Cap d’Agde, un enclave único en Europa donde la vida cotidiana se desarrolla sin ropa. Este espacio, concebido para la comunidad naturista, se ha consolidado como el mayor pueblo nudista del mundo y uno de los destinos más singulares del Mediterráneo.. Cada año, más de 12 millones de visitantes pasan por este recinto autosuficiente, que en temporada alta puede acoger hasta 45.000 personas al día. Su propuesta, basada en la convivencia natural y el respeto mutuo, ha convertido al lugar en un referente internacional desde los años ochenta.. Cap d’Agde funciona como un espacio cerrado dentro del complejo turístico mayor del que forma parte. Para entrar, los visitantes deben registrarse y obtener una tarjeta de acceso válida durante su estancia. La normativa exige respeto, higiene y privacidad, prohibiendo expresamente grabar o fotografiar a otras personas.. El pueblo cuenta con una playa privada de dos kilómetros, comercios, bancos, restaurantes y servicios básicos donde la desnudez es la norma. La carta naturista establece que la práctica debe realizarse en compañía de otros residentes o visitantes, y que fuera del recinto —en Agde o Pézenas— es obligatorio vestir ropa.. En los últimos años, varios testimonios han señalado la presencia creciente de visitantes que no se identifican con el naturismo, sino con otras formas de ocio adulto. Una antigua residente británica, identificada como Barbara, afirmó a Metro UK que este perfil podría representar “hasta un 40%” de los visitantes actuales, un cambio notable respecto a décadas anteriores.. Las autoridades locales han reforzado la vigilancia en la playa durante los meses de verano, con presencia constante de policía, socorristas y personal de seguridad desde una torre de control. Pese a ello, Barbara asegura que la convivencia entre naturistas y estos nuevos visitantes se mantiene sin tensiones visibles.
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