Usar las pantallas como ‘niñera’ se ha convertido en una salida habitual para muchas familias que, desbordadas por el trabajo, las tareas domésticas y la falta de tiempo, encuentran en estos dispositivos un respiro momentáneo para llegar a todo. Sin embargo, la evidencia científica lleva años alertando de las consecuencias que esta práctica puede tener en la salud infantil.. El último estudio, elaborado por un equipo internacional de investigadores con sede en Singapur, vincula la exposición a dispositivos digitales antes de los dos años con una toma de decisiones más lenta en la infancia media y con mayores niveles de ansiedad durante la adolescencia.. La maduración acelerada por las pantallas. El trabajo, liderado por científicos de la Agencia para la Ciencia, la Tecnología y la Investigación (A*STAR) y publicado en la revista científica eBioMedicine, analiza cómo el contacto precoz con pantallas influye en el desarrollo cerebral.. Los autores del estudio sostienen que los niños que pasan más tiempo frente a pantallas en sus primeros años de vida muestran un desarrollo más rápido de algunas redes cerebrales, especialmente las vinculadas a la visión y al control cognitivo. Esta maduración precoz estaría impulsada por la intensa estimulación sensorial que generan los dispositivos digitales desde edades muy tempranas.. El doctor Huang Pei, primer autor del estudio, explica que la llamada ‘maduración acelerada’ se da cuando determinadas redes cerebrales se desarrollan demasiado rápido, generalmente como respuesta a estímulos intensos. En un desarrollo considerado normal, estas redes se especializan de forma progresiva, lo que permite construir conexiones eficientes que sostienen funciones complejas como la planificación, la toma de decisiones o la regulación emocional.. Por tanto, según Huang, en los niños expuestos a pantallas desde edades muy tempranas, las redes relacionadas con el procesamiento visual y cognitivo tienden a especializarse antes de tiempo, sin haber completado todas las conexiones necesarias. Una alteración del ritmo de maduración que puede no mostrar sus efectos de inmediato, sino años después.. El efecto, sin embargo, no es igual cuando la exposición a pantallas comienza a los tres o cuatro años. Para los investigadores, este dato refuerza la idea de que los dos primeros años de vida son una etapa crítica para el desarrollo del cerebro, un periodo en el que se producen profundas reorganizaciones neuronales y en el que el cerebro infantil resulta especialmente sensible a los estímulos del entorno.. Los efectos de la maduración acelerada. El estudio pone sobre la mesa una realidad preocupante: los niños con redes cererales alteradas tardaban más en tomar decisiones durante una tarea cognitiva evaluada a los 8,5 años, lo que supone un indicio de menor eficiencia o flexibilidad cognitiva, aspectos indispensables para la adaptación en entornos cambiantes o la resolución de problemas complejos.. Además, a los trece años, los mismos niños presentaban mayores síntomas de aniedad, lo que apunta a que la exposición a pantallas en la primera infancia podria estar dejando una huella duradera que influye tanto en el funcionamiento cerebral como en el comportamiento años después.. Para llegar a estas conclusiones, los investigadores analizaron datos de 168 niños que forman parte de la cohorte GUSTO (Creciendo en Singapur Hacia Resultados Saludables), un ambicioso estudio de seguimiento a largo plazo. Los participantes han sido observados durante más de diez años y se les han realizado pruebas de neuroimagen a los 4,5, 6 y 7,5 años.. Este seguimiento prolongado ha permitido a los científicos ver cómo van cambiando y organizándose las redes cerebrales con el paso del tiempo y comprobar de qué manera esos cambios se relacionan con factores presentes en los primeros años de vida, entre ellos la exposición temprana a las pantallas.
El estudio vincula la exposición a dispositivos digitales antes de los dos años con una toma de decisiones más lenta.
Usar las pantallas como ‘niñera’ se ha convertido en una salida habitual para muchas familias que, desbordadas por el trabajo, las tareas domésticas y la falta de tiempo, encuentran en estos dispositivos un respiro momentáneo para llegar a todo. Sin embargo, la evidencia científica lleva años alertando de las consecuencias que esta práctica puede tener en la salud infantil.. El último estudio, elaborado por un equipo internacional de investigadores con sede en Singapur, vincula la exposición a dispositivos digitales antes de los dos años con una toma de decisiones más lenta en la infancia media y con mayores niveles de ansiedad durante la adolescencia.. La maduración acelerada por las pantallas. El trabajo, liderado por científicos de la Agencia para la Ciencia, la Tecnología y la Investigación (A*STAR) y publicado en la revista científica eBioMedicine, analiza cómo el contacto precoz con pantallas influye en el desarrollo cerebral.. Los autores del estudio sostienen que los niños que pasan más tiempo frente a pantallas en sus primeros años de vida muestran un desarrollo más rápido de algunas redes cerebrales, especialmente las vinculadas a la visión y al control cognitivo. Esta maduración precoz estaría impulsada por la intensa estimulación sensorial que generan los dispositivos digitales desde edades muy tempranas.. El doctor Huang Pei, primer autor del estudio, explica que la llamada ‘maduración acelerada’ se da cuando determinadas redes cerebrales se desarrollan demasiado rápido, generalmente como respuesta a estímulos intensos. En un desarrollo considerado normal, estas redes se especializan de forma progresiva, lo que permite construir conexiones eficientes que sostienen funciones complejas como la planificación, la toma de decisiones o la regulación emocional.. Por tanto, según Huang, en los niños expuestos a pantallas desde edades muy tempranas, las redes relacionadas con el procesamiento visual y cognitivo tienden a especializarse antes de tiempo, sin haber completado todas las conexiones necesarias. Una alteración del ritmo de maduración que puede no mostrar sus efectos de inmediato, sino años después.. El efecto, sin embargo, no es igual cuando la exposición a pantallas comienza a los tres o cuatro años. Para los investigadores, este dato refuerza la idea de que los dos primeros años de vida son una etapa crítica para el desarrollo del cerebro, un periodo en el que se producen profundas reorganizaciones neuronales y en el que el cerebro infantil resulta especialmente sensible a los estímulos del entorno.. Los efectos de la maduración acelerada. El estudio pone sobre la mesa una realidad preocupante: los niños con redes cererales alteradas tardaban más en tomar decisiones durante una tarea cognitiva evaluada a los 8,5 años, lo que supone un indicio de menor eficiencia o flexibilidad cognitiva, aspectos indispensables para la adaptación en entornos cambiantes o la resolución de problemas complejos.. Además, a los trece años, los mismos niños presentaban mayores síntomas de aniedad, lo que apunta a que la exposición a pantallas en la primera infancia podria estar dejando una huella duradera que influye tanto en el funcionamiento cerebral como en el comportamiento años después.. Para llegar a estas conclusiones, los investigadores analizaron datos de 168 niños que forman parte de la cohorte GUSTO (Creciendo en Singapur Hacia Resultados Saludables), un ambicioso estudio de seguimiento a largo plazo. Los participantes han sido observados durante más de diez años y se les han realizado pruebas de neuroimagen a los 4,5, 6 y 7,5 años.. Este seguimiento prolongado ha permitido a los científicos ver cómo van cambiando y organizándose las redes cerebrales con el paso del tiempo y comprobar de qué manera esos cambios se relacionan con factores presentes en los primeros años de vida, entre ellos la exposición temprana a las pantallas.
