En la Galicia interior, repleta de valles y montes por descubrir, se esconde uno de esos lugares que parecen sacados de otro tiempo. Un pueblo pequeño, sobrio y monumental que acaba de recibir un reconocimiento merecido: Oseira ya forma parte de la red de Los Pueblos Más Bonitos de España.. Un ingreso que no sorprende a quien haya caminado alguna vez por su entorno ni, sobre todo, a quien se haya enfrentado a la imponente silueta de su monasterio, conocido desde hace décadas como el “Escorial gallego”.. Oseira pertenece al concello de San Cristovo de Cea, en la provincia de Ourense, y su nombre está íntimamente ligado al Monasterio de Santa María la Real, una de las grandes joyas del Císter en España. Fundado en el siglo XII, este conjunto monumental no solo marca la identidad del lugar, sino que articula su paisaje, su historia y su forma de vida desde hace casi 900 años.. Un coloso del Císter. La comparación con El Escorial no es casual. El Monasterio de Oseira impresiona por sus dimensiones, su sobriedad arquitectónica y la sensación de orden y monumentalidad que transmite. Su iglesia, una de las más grandes de la orden cisterciense en España, conserva la esencia románica original y está presidida por la imagen de la Virgen de la Leche, datada en el siglo XIII, una de las piezas devocionales más singulares del templo.. La historia del monasterio arranca en 1137, cuando un pequeño grupo de ermitaños se asentó junto al río Ursaria —“lugar de osos” en referencia a la fauna que poblaba la zona—. Apenas cuatro años después, llegaron los monjes cistercienses enviados por San Bernardo de Claraval, dando inicio a una etapa de esplendor que se prolongaría durante siglos.. No todo fue continuidad. En el siglo XVI, un devastador incendio arrasó gran parte del conjunto, salvándose únicamente la iglesia de granito. Más tarde, la desamortización del siglo XIX expulsó a los monjes y condenó el monasterio al abandono, al saqueo y al derrumbe progresivo. Hubo que esperar a 1929 para que la comunidad regresara y emprendiera una compleja reconstrucción que hoy permite admirar el conjunto en todo su esplendor.. Claustros, bóvedas y una sala única en Europa. La visita al monasterio es una inmersión pausada en siglos de historia y arquitectura. El conjunto ocupa más de 43.000 metros cuadrados y articula su vida en torno a tres grandes claustros. El más moderno es el Patio de los Caballeros, terminado en el siglo XVIII, con una disposición que recuerda —a menor escala— a la plaza de Armas del Palacio de Oriente de Madrid. Por él pasaban los caballeros de las órdenes militares que recorrían la Vía de la Plata hacia Santiago.. Más antiguo es el Patio de los Medallones, el primero en reconstruirse tras el incendio del siglo XVI. Sus muros están decorados con cuarenta medallones esculpidos que representan personajes históricos y culturales como Gutenberg, Carlos V o Cristóbal Colón, además de figuras bíblicas cuyo origen exacto se ha perdido con el tiempo. Su planta cuadrada responde al simbolismo medieval del orden frente al caos.. Pero si hay un espacio que convierte a Oseira en un lugar excepcional es la llamada Sala de las Palmeras, antigua sala capitular del siglo XV. Sus columnas torsionadas, sin capiteles, se elevan como troncos que se abren en bóvedas de crucería orgánicas, creando una atmósfera casi irreal. De influencia manuelina portuguesa, este espacio no solo deslumbra al visitante, sino que sigue cumpliendo su función original: aquí los monjes leen a diario la Regla de San Benito.. La Galicia de antaño. Más allá del monasterio, Oseira es un refugio de calma. El pequeño núcleo urbano que lo rodea está formado por casonas de piedra, calles silenciosas y un paisaje rural que parece ajeno al paso del tiempo. Con pocos vecinos y una vida tranquila, el pueblo se integra de forma natural en un entorno de valles y montañas que invita a la desconexión total.. Oseira es también parada de la Vía de la Plata del Camino de Santiago, lo que ha permitido mantener viva una tradición de acogida. El monasterio cuenta con hospedería y albergue para peregrinos, y las visitas se realizan de forma guiada, muchas veces con la participación directa de la comunidad monástica, lo que añade un valor singular a la experiencia.
Un monasterio monumental ha marcado durante siglos la historia y el paisaje de este rincón del interior de Galicia
En la Galicia interior, repleta de valles y montes por descubrir, se esconde uno de esos lugares que parecen sacados de otro tiempo. Un pueblo pequeño, sobrio y monumental que acaba de recibir un reconocimiento merecido: Oseira ya forma parte de la red de Los Pueblos Más Bonitos de España.. Un ingreso que no sorprende a quien haya caminado alguna vez por su entorno ni, sobre todo, a quien se haya enfrentado a la imponente silueta de su monasterio, conocido desde hace décadas como el “Escorial gallego”.. Oseira pertenece al concello de San Cristovo de Cea, en la provincia de Ourense, y su nombre está íntimamente ligado al Monasterio de Santa María la Real, una de las grandes joyas del Císter en España. Fundado en el siglo XII, este conjunto monumental no solo marca la identidad del lugar, sino que articula su paisaje, su historia y su forma de vida desde hace casi 900 años.. Un coloso del Císter. La comparación con El Escorial no es casual. El Monasterio de Oseira impresiona por sus dimensiones, su sobriedad arquitectónica y la sensación de orden y monumentalidad que transmite. Su iglesia, una de las más grandes de la orden cisterciense en España, conserva la esencia románica original y está presidida por la imagen de la Virgen de la Leche, datada en el siglo XIII, una de las piezas devocionales más singulares del templo.. La historia del monasterio arranca en 1137, cuando un pequeño grupo de ermitaños se asentó junto al río Ursaria —“lugar de osos” en referencia a la fauna que poblaba la zona—. Apenas cuatro años después, llegaron los monjes cistercienses enviados por San Bernardo de Claraval, dando inicio a una etapa de esplendor que se prolongaría durante siglos.. No todo fue continuidad. En el siglo XVI, un devastador incendio arrasó gran parte del conjunto, salvándose únicamente la iglesia de granito. Más tarde, la desamortización del siglo XIX expulsó a los monjes y condenó el monasterio al abandono, al saqueo y al derrumbe progresivo. Hubo que esperar a 1929 para que la comunidad regresara y emprendiera una compleja reconstrucción que hoy permite admirar el conjunto en todo su esplendor.. Claustros, bóvedas y una sala única en Europa. La visita al monasterio es una inmersión pausada en siglos de historia y arquitectura. El conjunto ocupa más de 43.000 metros cuadrados y articula su vida en torno a tres grandes claustros. El más moderno es el Patio de los Caballeros, terminado en el siglo XVIII, con una disposición que recuerda —a menor escala— a la plaza de Armas del Palacio de Oriente de Madrid. Por él pasaban los caballeros de las órdenes militares que recorrían la Vía de la Plata hacia Santiago.. Más antiguo es el Patio de los Medallones, el primero en reconstruirse tras el incendio del siglo XVI. Sus muros están decorados con cuarenta medallones esculpidos que representan personajes históricos y culturales como Gutenberg, Carlos V o Cristóbal Colón, además de figuras bíblicas cuyo origen exacto se ha perdido con el tiempo. Su planta cuadrada responde al simbolismo medieval del orden frente al caos.. Pero si hay un espacio que convierte a Oseira en un lugar excepcional es la llamada Sala de las Palmeras, antigua sala capitular del siglo XV. Sus columnas torsionadas, sin capiteles, se elevan como troncos que se abren en bóvedas de crucería orgánicas, creando una atmósfera casi irreal. De influencia manuelina portuguesa, este espacio no solo deslumbra al visitante, sino que sigue cumpliendo su función original: aquí los monjes leen a diario la Regla de San Benito.. La Galicia de antaño. Más allá del monasterio, Oseira es un refugio de calma. El pequeño núcleo urbano que lo rodea está formado por casonas de piedra, calles silenciosas y un paisaje rural que parece ajeno al paso del tiempo. Con pocos vecinos y una vida tranquila, el pueblo se integra de forma natural en un entorno de valles y montañas que invita a la desconexión total.. Oseira es también parada de la Vía de la Plata del Camino de Santiago, lo que ha permitido mantener viva una tradición de acogida. El monasterio cuenta con hospedería y albergue para peregrinos, y las visitas se realizan de forma guiada, muchas veces con la participación directa de la comunidad monástica, lo que añade un valor singular a la experiencia.
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