Hay tecnologías que nacen para resolver un problema del presente… y otras que se diseñan pensando en una amenaza que todavía no existe. El primer dron con “tecnología cuántica” pertenece claramente a la segunda categoría. La realidad es que no vuela mejor, ni más rápido, ni más lejos. Lo que hace es algo mucho más sutil: proteger su información frente a un enemigo que aún no ha llegado: el ordenador cuántico.. Para entender qué hace especial a este nuevo tipo de dron, conviene empezar por lo que no es. No es un dron que funcione con física cuántica en su vuelo. No utiliza qubits para estabilizarse ni entrelazamiento para navegar. La revolución está en otro lugar: en cómo se comunica. En esencia, estamos ante el primer dron diseñado para ser “cuánticamente seguro”.. Detrás de este concepto hay una preocupación muy real en el mundo de la ciberseguridad. Hoy, la mayoría de nuestras comunicaciones, incluidas las de sistemas militares o drones, están protegidas por algoritmos como RSA o criptografía de curva elíptica. Funcionan porque, con ordenadores actuales, romperlos llevaría miles de años. Pero un ordenador cuántico suficientemente potente podría hacerlo en cuestión de horas. Es lo que se conoce como el problema del “Q-Day”: el día en que la criptografía actual deje de ser segura. Y aquí es donde entra la tecnología de este dron.. El sistema ha sido desarrollado por empresas europeas como STV Group y Post-Quantum, y su innovación clave es integrar un tipo de cifrado llamado Classic McEliece directamente en sus comunicaciones. Este algoritmo no es nuevo. Fue propuesto en 1978, pero durante décadas se consideró poco práctico. El motivo es casi irónico: era demasiado seguro… y demasiado pesado.. Sus claves criptográficas son enormes comparadas con las de sistemas actuales, lo que lo hacía difícil de usar en dispositivos con recursos limitados, como un dron. Y sin embargo, eso es precisamente lo que lo hace valioso hoy. A diferencia de muchos sistemas modernos, Classic McEliece se basa en problemas matemáticos que incluso los ordenadores cuánticos no pueden resolver fácilmente. En otras palabras: está diseñado para sobrevivir al futuro.. El verdadero logro es haber hecho que este algoritmo “volara”. Durante años, los expertos pensaban que este tipo de criptografía era inviable en entornos con limitaciones de peso, energía y ancho de banda. Pero las pruebas realizadas en República Checha (sede del grupo STDV), recientes han demostrado lo contrario: el sistema puede integrarse en drones reales sin comprometer su funcionamiento. Y eso cambia el escenario.. Porque un dron no es solo una máquina que vuela. Es un nodo de información. Captura vídeo, transmite datos, recibe órdenes. Todo eso viaja por el aire, potencialmente expuesto. Con este sistema, cada uno de esos datos, desde la telemetría hasta el vídeo en tiempo real, puede cifrarse de forma que siga siendo seguro incluso si alguien lo intercepta hoy para descifrarlo dentro de diez años.. Este tipo de amenaza tiene incluso nombre: harvest now, decrypt later. Interceptar ahora, romper después. El dron está pensado, precisamente, para evitarlo. Pero hay algo aún más interesante en cómo se ha aplicado esta tecnología. No se trata de convertir todo el sistema en un entorno cuántico, sino de proteger lo esencial: las comunicaciones críticas. El cifrado se aplica a vídeo, imágenes y metadatos de misión, es decir, a lo que realmente importa en un contexto operativo. La base es blindar su lenguaje.. En sentido estricto, el término cuántico aquí no es 100% acertado. No utiliza fenómenos cuánticos directamente, como haría la criptografía cuántica basada en fotones. Pero está íntimamente ligada a ese futuro. Los drones que se fabrican hoy pueden seguir operativos dentro de diez o quince años. Y eso significa que sus sistemas de seguridad deben diseñarse para un mundo que aún no existe. Un mundo donde los ordenadores cuánticos podrían leer lo que hoy creemos protegido.. La plataforma combina sistemas aéreos no tripulados de eficacia probada en combate con cifrado postcuántico, con el objetivo de asegurar tanto las comunicaciones entre drones, como entre operadores en entornos altamente conflictivos. Esto incluye regiones donde son comunes las interferencias, la interceptación de señales y la denegación de GPS. Los responsables planean implementar la tecnología por fases en los programas de defensa aliados, con pruebas adicionales en sistemas ya desplegados en zonas de operaciones.
Gracias a ello impide que se rompa su cifrado y se tome el control sobre su vuelo, sus datos y la memoria. Sería inviolable.
Hay tecnologías que nacen para resolver un problema del presente… y otras que se diseñan pensando en una amenaza que todavía no existe. El primer dron con “tecnología cuántica” pertenece claramente a la segunda categoría. La realidad es que no vuela mejor, ni más rápido, ni más lejos. Lo que hace es algo mucho más sutil: proteger su información frente a un enemigo que aún no ha llegado: el ordenador cuántico.. Para entender qué hace especial a este nuevo tipo de dron, conviene empezar por lo que no es. No es un dron que funcione con física cuántica en su vuelo. No utiliza qubits para estabilizarse ni entrelazamiento para navegar. La revolución está en otro lugar: en cómo se comunica. En esencia, estamos ante el primer dron diseñado para ser “cuánticamente seguro”.. Detrás de este concepto hay una preocupación muy real en el mundo de la ciberseguridad. Hoy, la mayoría de nuestras comunicaciones, incluidas las de sistemas militares o drones, están protegidas por algoritmos como RSA o criptografía de curva elíptica. Funcionan porque, con ordenadores actuales, romperlos llevaría miles de años. Pero un ordenador cuántico suficientemente potente podría hacerlo en cuestión de horas. Es lo que se conoce como el problema del “Q-Day”: el día en que la criptografía actual deje de ser segura. Y aquí es donde entra la tecnología de este dron.. El sistema ha sido desarrollado por empresas europeas como STV Group y Post-Quantum, y su innovación clave es integrar un tipo de cifrado llamado Classic McEliece directamente en sus comunicaciones. Este algoritmo no es nuevo. Fue propuesto en 1978, pero durante décadas se consideró poco práctico. El motivo es casi irónico: era demasiado seguro… y demasiado pesado.. Sus claves criptográficas son enormes comparadas con las de sistemas actuales, lo que lo hacía difícil de usar en dispositivos con recursos limitados, como un dron. Y sin embargo, eso es precisamente lo que lo hace valioso hoy. A diferencia de muchos sistemas modernos, Classic McEliece se basa en problemas matemáticos que incluso los ordenadores cuánticos no pueden resolver fácilmente. En otras palabras: está diseñado para sobrevivir al futuro.. El verdadero logro es haber hecho que este algoritmo “volara”. Durante años, los expertos pensaban que este tipo de criptografía era inviable en entornos con limitaciones de peso, energía y ancho de banda. Pero las pruebas realizadas en República Checha (sede del grupo STDV), recientes han demostrado lo contrario: el sistema puede integrarse en drones reales sin comprometer su funcionamiento. Y eso cambia el escenario.. Porque un dron no es solo una máquina que vuela. Es un nodo de información. Captura vídeo, transmite datos, recibe órdenes. Todo eso viaja por el aire, potencialmente expuesto. Con este sistema, cada uno de esos datos, desde la telemetría hasta el vídeo en tiempo real, puede cifrarse de forma que siga siendo seguro incluso si alguien lo intercepta hoy para descifrarlo dentro de diez años.. Este tipo de amenaza tiene incluso nombre: harvest now, decrypt later. Interceptar ahora, romper después. El dron está pensado, precisamente, para evitarlo. Pero hay algo aún más interesante en cómo se ha aplicado esta tecnología. No se trata de convertir todo el sistema en un entorno cuántico, sino de proteger lo esencial: las comunicaciones críticas. El cifrado se aplica a vídeo, imágenes y metadatos de misión, es decir, a lo que realmente importa en un contexto operativo. La base es blindar su lenguaje.. En sentido estricto, el término cuántico aquí no es 100% acertado. No utiliza fenómenos cuánticos directamente, como haría la criptografía cuántica basada en fotones. Pero está íntimamente ligada a ese futuro. Los drones que se fabrican hoy pueden seguir operativos dentro de diez o quince años. Y eso significa que sus sistemas de seguridad deben diseñarse para un mundo que aún no existe. Un mundo donde los ordenadores cuánticos podrían leer lo que hoy creemos protegido.. La plataforma combina sistemas aéreos no tripulados de eficacia probada en combate con cifrado postcuántico, con el objetivo de asegurar tanto las comunicaciones entre drones, como entre operadores en entornos altamente conflictivos. Esto incluye regiones donde son comunes las interferencias, la interceptación de señales y la denegación de GPS.Los responsables planean implementar la tecnología por fases en los programas de defensa aliados, con pruebas adicionales en sistemas ya desplegados en zonas de operaciones.
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