Hay ideas que parecen ciencia ficción… hasta que alguien empieza a pedir financiación para hacerlas realidad. En los últimos meses, una pequeña empresa biotecnológica ha puesto sobre la mesa una de las propuestas más inquietantes de la medicina moderna: crear cuerpos humanos sin cerebro para usarlos como repuestos biológicos. No como metáfora, sino como infraestructura. La idea se basa en una pregunta clásica: ¿podríamos, algún día, “descargar” nuestro cerebro, recuerdos, vivencias, aprendizajes, etc. en otro cuerpo?. La empresa se llama R3 Bio y su propuesta, resumida, suena de manual de ciencia y de historia de ficción: fabricar “cuerpos completos” con órganos funcionales, pero sin cerebro, lo que los haría, en teoría, incapaces de sentir, pensar o sufrir. A estos sistemas la empresa los ha bautizado bodyoids o “sacos de órganos”. No serían individuos, sino ensamblajes biológicos diseñados con un propósito: servir como bancos de órganos, plataformas de experimentación o, en un futuro más especulativo, como cuerpos de reemplazo.. La lógica que defienden es casi industrial. El cuerpo humano no es una colección de piezas intercambiables, pero la medicina lleva décadas tratándolo como tal: trasplantes de corazón, hígado, riñón. El siguiente paso, dicen, sería dejar de esperar donantes y empezar a “cultivar” sistemas completos. Hasta ahí, una vuelta de tuerca, simplemente. Pero luego la idea se vuelve más radical.. Porque algunos de sus promotores han sugerido algo que roza los límites de la biología actual: utilizar estos cuerpos como destino final de un cerebro trasplantado… o incluso como soporte para una mente. Aquí conviene separar lo posible de lo imaginable. Por un lado está la biotecnología. Hoy ya sabemos cultivar tejidos, crear organoides en laboratorio e incluso clonar mamíferos. La propuesta de generar cuerpos sin cerebro se apoya en esa trayectoria, aunque todavía está muy lejos de ser viable en humanos. Existen enormes desafíos técnicos: desarrollo embrionario, control genético, vascularización completa, maduración de órganos. Pero el verdadero salto no es ese.. El verdadero salto es la idea de transferir una mente. Ese concepto pertenece a otro territorio: el de la llamada mind uploading, o “cargar la mente”. Una hipótesis según la cual sería posible copiar o trasladar toda la información contenida en un cerebro y reproducirla en otro soporte, biológico o digital. En teoría, si pudiéramos mapear cada neurona, cada conexión, cada patrón eléctrico, podríamos reconstruir una mente en otro lugar. Pero en la práctica, estamos a años luz.. El cerebro humano contiene unos 86.000 millones de neuronas, cada una conectada con miles de otras. Pero no es solo un cableado: es un sistema dinámico, químico, eléctrico, en constante cambio. Copiarlo no es como copiar un archivo. Es más parecido a intentar congelar una tormenta… sin que pierda su esencia. Y aun así, aunque lo consiguiéramos, surgiría la pregunta más incómoda de todas: ¿sería realmente “tu” … o solo una copia?. La propuesta de R3 Bio mezcla estos dos mundos: uno tangible y otro especulativo. Por un lado, ofrece algo con aplicaciones inmediatamente… teóricas: sustituir la experimentación animal por sistemas biológicos completos, más cercanos al cuerpo humano. Esto podría transformar el desarrollo de fármacos, hacerlo más preciso y, en cierto sentido, más ético. Por otro, deja entrever un horizonte mucho más ambicioso: la medicina del reemplazo total. No reparar el cuerpo, sino cambiarlo. “Reemplazar en lugar de reparar”, como lo definen algunos inversores del proyecto.. ¿Qué opinan los científicos de esto? Tres profesores de la Universidad de Stanford (Carsten T. Charles Henry T. Greely y Hiromitsu Nakauchi), los que bautizaron a estas estructuras «bodyoides», publicaron el año pasado un editorial en la revista MIT Technology Review a favor de la fabricación de cuerpos humanos de repuesto. Si bien dicho editorial dejaba muchos detalles a la imaginación, calificaron la idea de «al menos plausible, y posiblemente revolucionaria».. “Prácticamente no existe ningún escenario en el que se necesite un cuerpo entero – añade George Church, genetista de Harvard y uno de los expertos que abogaba por resucitar a los neandertales -. Simplemente creo que, aunque algún día sea aceptable, no es un buen punto de partida. Por el momento, los cuerpos humanos sin cerebro no son muy útiles, además de ser repulsivos”.
Los han bautizado bodyoids o “sacos de órganos”: servirían como bancos de órganos o cuerpos de reemplazo.
Hay ideas que parecen ciencia ficción… hasta que alguien empieza a pedir financiación para hacerlas realidad. En los últimos meses, una pequeña empresa biotecnológica ha puesto sobre la mesa una de las propuestas más inquietantes de la medicina moderna: crear cuerpos humanos sin cerebro para usarlos como repuestos biológicos. No como metáfora, sino como infraestructura. La idea se basa en una pregunta clásica: ¿podríamos, algún día, “descargar” nuestro cerebro, recuerdos, vivencias, aprendizajes, etc. en otro cuerpo?. La empresa se llama R3 Bio y su propuesta, resumida, suena de manual de ciencia y de historia de ficción: fabricar “cuerpos completos” con órganos funcionales, pero sin cerebro, lo que los haría, en teoría, incapaces de sentir, pensar o sufrir. A estos sistemas la empresa los ha bautizado bodyoids o “sacos de órganos”. No serían individuos, sino ensamblajes biológicos diseñados con un propósito: servir como bancos de órganos, plataformas de experimentación o, en un futuro más especulativo, como cuerpos de reemplazo.. La lógica que defienden es casi industrial. El cuerpo humano no es una colección de piezas intercambiables, pero la medicina lleva décadas tratándolo como tal: trasplantes de corazón, hígado, riñón. El siguiente paso, dicen, sería dejar de esperar donantes y empezar a “cultivar” sistemas completos. Hasta ahí, una vuelta de tuerca, simplemente. Pero luego la idea se vuelve más radical.. Porque algunos de sus promotores han sugerido algo que roza los límites de la biología actual: utilizar estos cuerpos como destino final de un cerebro trasplantado… o incluso como soporte para una mente. Aquí conviene separar lo posible de lo imaginable. Por un lado está la biotecnología. Hoy ya sabemos cultivar tejidos, crear organoides en laboratorio e incluso clonar mamíferos. La propuesta de generar cuerpos sin cerebro se apoya en esa trayectoria, aunque todavía está muy lejos de ser viable en humanos. Existen enormes desafíos técnicos: desarrollo embrionario, control genético, vascularización completa, maduración de órganos. Pero el verdadero salto no es ese.. El verdadero salto es la idea de transferir una mente. Ese concepto pertenece a otro territorio: el de la llamada mind uploading, o “cargar la mente”. Una hipótesis según la cual sería posible copiar o trasladar toda la información contenida en un cerebro y reproducirla en otro soporte, biológico o digital. En teoría, si pudiéramos mapear cada neurona, cada conexión, cada patrón eléctrico, podríamos reconstruir una mente en otro lugar. Pero en la práctica, estamos a años luz.. El cerebro humano contiene unos 86.000 millones de neuronas, cada una conectada con miles de otras. Pero no es solo un cableado: es un sistema dinámico, químico, eléctrico, en constante cambio. Copiarlo no es como copiar un archivo. Es más parecido a intentar congelar una tormenta… sin que pierda su esencia. Y aun así, aunque lo consiguiéramos, surgiría la pregunta más incómoda de todas: ¿sería realmente “tu” … o solo una copia?. La propuesta de R3 Bio mezcla estos dos mundos: uno tangible y otro especulativo. Por un lado, ofrece algo con aplicaciones inmediatamente… teóricas: sustituir la experimentación animal por sistemas biológicos completos, más cercanos al cuerpo humano. Esto podría transformar el desarrollo de fármacos, hacerlo más preciso y, en cierto sentido, más ético. Por otro, deja entrever un horizonte mucho más ambicioso: la medicina del reemplazo total. No reparar el cuerpo, sino cambiarlo. “Reemplazar en lugar de reparar”, como lo definen algunos inversores del proyecto.. ¿Qué opinan los científicos de esto? Tres profesores de la Universidad de Stanford (Carsten T. Charles Henry T. Greely y Hiromitsu Nakauchi), los que bautizaron a estas estructuras «bodyoides», publicaron el año pasado un editorial en la revista MIT Technology Review a favor de la fabricación de cuerpos humanos de repuesto. Si bien dicho editorial dejaba muchos detalles a la imaginación, calificaron la idea de «al menos plausible, y posiblemente revolucionaria».. “Prácticamente no existe ningún escenario en el que se necesite un cuerpo entero – añade George Church, genetista de Harvard y uno de los expertos que abogaba por resucitar a los neandertales -. Simplemente creo que, aunque algún día sea aceptable, no es un buen punto de partida.Por el momento, los cuerpos humanos sin cerebro no son muy útiles, además de ser repulsivos”.
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