Algunas personas, parecen haber nacido para que les vaya bien en la vida. Conocen lo que es adecuado decir o hacer en cada situación, caen bien, son valoradas en su trabajo y saben cómo arreglárselas para salir airosas en cualquier circustancia.. Tienen tiempo para todo el mundo y distinguen con rapidez lo que vale la pena de lo que no. Disfrutan y viven contentas.. ¿Cuál es el secreto? ¿Hay algo que ellos sepan y los demás no? El británico Richard Crace buscó durante años averiguar el enigma y escribió 16 libros en busca de ese código definitivo para esquivar la adversidad y lograr una vida plena y lo encontró: se trataba de implicarse y ponerse en la piel del otro.. Lo primero que hizo fue entender que nunca vamos a entenderlo todo: somos demasiado pequeños y frágiles en un mundo de complejidad.. El vivir es tan inimaginable y sorprendente, día tras día, que nunca vamos a ser capaces de tener respuestas para todo. Hay cosas que nos rodean, que están y van a estar siempre fuera de nuestro control y, hay comportamientos personales, tan sorprendentes, que nunca los comprenderemos.. Las cosas, a veces, van inesperadamente mal sin saber porqué. Si pasamos el tiempo tratando de encontrar explicación a todo, nos volvemos locos y no vivimos.. Pero la cosa va más allá de ser simplemente bueno. Va de tener moralidad, decencia, honestidad; de defender al débil, pensar en términos de «nosotros» en lugar de «yo» y compartir verdades eternas, por supuesto. De conocer carencias y caprichos, aprender a decir no y no permitir que nadie se aproveche de uno. Se puede ser enérgico sin ser agresivo.. La palabra más repetida de Crace, la que mejor resume sus reglas de la vida es esta: implícate. La pregunta es: ¿implicarse en qué? Pues en lo que haga falta. En ser tú y tomar interés por el tiempo que te toca habitar.. Demasiadas personas viven sus vidas a través de las de los demás. O incluso se pasan la vida murmurando y chismorreando a toda hora, cuando fuera hay un mundo esperándote, lleno de oportunidades, de vitalidad, de experiencias, de emoción, a pesar de los cenizos, que nunca faltan.. Nos quejamos de que la vida pasa rápidamente, pero está demostrado que puede no ser así: cuanto más hacemos por los demás, más parece alargarse el tiempo. Implicarse significa cooperar, contribuir, tomar parte; ser anticipativo y pensar previsoramente, también.. No contemplar desde la acera lo que otros resuelven por nosotros. Implicarse significa arremangarse y ensuciarse las manos, unirse, ofrecer ayuda, estar ahí.. Tener alegría, alegría real, no la que proporciona la sociedad de consumo, sino la que brota de dentro. Implicarse significa ayudar a los otros a apreciar y disfrutar de sus vidas algo más de lo que hubieran hecho sin nosotros.. El mundo y la felicidad son de los que se implican, comprometen y participan; de los que levantan el ánimo y aúpan el vivir y no de los profetas de catástrofes.
«Algunas personas, parecen haber nacido para que les vaya bien en la vida; tienen tiempo para todo el mundo y distinguen con rapidez lo que vale la pena de lo que no. Disfrutan y viven contentas»
Algunas personas, parecen haber nacido para que les vaya bien en la vida. Conocen lo que es adecuado decir o hacer en cada situación, caen bien, son valoradas en su trabajo y saben cómo arreglárselas para salir airosas en cualquier circustancia.. Tienen tiempo para todo el mundo y distinguen con rapidez lo que vale la pena de lo que no. Disfrutan y viven contentas.. ¿Cuál es el secreto? ¿Hay algo que ellos sepan y los demás no? El británico Richard Crace buscó durante años averiguar el enigma y escribió 16 libros en busca de ese código definitivo para esquivar la adversidad y lograr una vida plena y lo encontró: se trataba de implicarse y ponerse en la piel del otro.. Lo primero que hizo fue entender que nunca vamos a entenderlo todo: somos demasiado pequeños y frágiles en un mundo de complejidad.. El vivir es tan inimaginable y sorprendente, día tras día, que nunca vamos a ser capaces de tener respuestas para todo. Hay cosas que nos rodean, que están y van a estar siempre fuera de nuestro control y, hay comportamientos personales, tan sorprendentes, que nunca los comprenderemos.. Las cosas, a veces, van inesperadamente mal sin saber porqué. Si pasamos el tiempo tratando de encontrar explicación a todo, nos volvemos locos y no vivimos.. Pero la cosa va más allá de ser simplemente bueno. Va de tener moralidad, decencia, honestidad; de defender al débil, pensar en términos de «nosotros» en lugar de «yo» y compartir verdades eternas, por supuesto. De conocer carencias y caprichos, aprender a decir no y no permitir que nadie se aproveche de uno. Se puede ser enérgico sin ser agresivo.. La palabra más repetida de Crace, la que mejor resume sus reglas de la vida es esta: implícate. La pregunta es: ¿implicarse en qué? Pues en lo que haga falta. En ser tú y tomar interés por el tiempo que te toca habitar.. Demasiadas personas viven sus vidas a través de las de los demás. O incluso se pasan la vida murmurando y chismorreando a toda hora, cuando fuera hay un mundo esperándote, lleno de oportunidades, de vitalidad, de experiencias, de emoción, a pesar de los cenizos, que nunca faltan.. Nos quejamos de que la vida pasa rápidamente, pero está demostrado que puede no ser así: cuanto más hacemos por los demás, más parece alargarse el tiempo. Implicarse significa cooperar, contribuir, tomar parte; ser anticipativo y pensar previsoramente, también.. No contemplar desde la acera lo que otros resuelven por nosotros. Implicarse significa arremangarse y ensuciarse las manos, unirse, ofrecer ayuda, estar ahí.. Tener alegría, alegría real, no la que proporciona la sociedad de consumo, sino la que brota de dentro. Implicarse significa ayudar a los otros a apreciar y disfrutar de sus vidas algo más de lo que hubieran hecho sin nosotros.. El mundo y la felicidad son de los que se implican, comprometen y participan; de los que levantan el ánimo y aúpan el vivir y no de los profetas de catástrofes.
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