Marta Hortelano no es valenciana ni suele almorzar, pero es periodista, sabe contar historias y es comedora titulada de bocadillos, así que sin ningún complejo de impostora ha escrito ‘Esmorzaret’, un ensayo sobre la anatomía de esta tradición más valenciana que las barracas y una oda a todo lo que puede entrar en dos piezas de pan.. Aunque almorzar se almuerza en toda España, en Valencia tiene una identidad propia, genuina, porque «comerse un bocadillo» se hace en Cuenca, de donde es Hortelano, o en Madrid, pero en ‘la terreta’ tiene sus «pasos», su liturgia y ésta empieza por el llamado «gasto», y por eso ‘Esmorzaret’ (Debate) arranca ahí.. «Si esos pasos no los has dado completos, si no te han puesto tu platito de gasto, que lleva aceitunas, cacahuetes, altramuces, y después tu bocata y tu café, no es un almuerzo», subraya a EFE la periodista conquense afincada en València, una «doble agente» porque tras veinte años viviendo en la ciudad del Turia le permite «ver algunas cosas que a los a las personas de aquí no les llaman la atención».. Por ejemplo, el ver cómo almorzar está cada vez más de moda ya que la gente prefiere quedar a tomar el aperitivo o el almuerzo por varios motivos, entre los que está también el hecho de que almorzar sea más barato que ir a comer o cenar: «La peña se mete una barra de pan entre pecho y espalda, luego se toma sus fresquitos y después sigue con el tardeo».. Pero la intención de Hortelano, además de convertir el libro en una guía donde disfrutar de los mejores almuerzos de la ciudad, era hacer un recetario que pueda permanecer «en las estanterías de cualquier casa para siempre» porque «no hay momento para comerse un bocadillo, un bocadillo es un salvavidas».. Crítica con los almuerzos de algunos locales «con nombre y apellidos» en los que han «hamburgueserizado» los bocadillos, aquellos donde les meten a los bocadillos salsas «rarísimas o carnes nobles» -recordemos que su origen es la humildad-, esta anatomía del bocadillo propone 45 recetas.. Y no, no todas las ha probado la autora -aunque sí muchas de ellas- y el motivo es porque muchas de ellas salen del recetario tradicional, de ahí que este ensayo mezcle el periodismo con la historia.. Eso sí, el resto de bocatas que aparecen en el libro los ha pagado como consumidora hasta conocer el máximo posible, pero siempre siendo consciente de que «hay tantos bocadillos como seres humanos pueblan la tierra».. Entre los que podemos encontrar en estas páginas están los que forman parte de esta particular Denominación de Origen, como el «Superbombón» que sirven en La Pérgola, o los clásicos ‘Almussafes’, de ‘brascada’ o el de ‘figatells’.. «Aquí en la Comunidad Valenciana aparte de que puedes comer el bocadillo que tiene nombre y apellidos, tú luego lo puedes tunear porque tú le puedes poner mayonesa, allioli…», apunta para introducir una peculiaridad, la de meter patatas fritas entre dos panes: «Esto no se come en ningún sitio de España». Y por eso hay también un capítulo aparte sobre esta manera de cocinar este tubérculo.. Y también se centra en el pan, donde pone ahínco en la ‘pataqueta’, así como en las olivas, los encurtidos, los cacahuetes, los altramuces, el allioli, incluso a las bebidas, como el «cremaet» de después del bocadillo y los chupitos.. Destaca también el que se centra en el «gasto»: «Era lo que permitía que por muy poco dinero te podías sentar con tus compañeros, los que sí que almorzaban, y a lo mejor por dos euros te daban una bebida fresca y aceitunas y cacahuetes y podías sacar tu propio bocadillo».. Debido al espíritu investigador del libro, Hortelano demuestra también cómo el almuerzo no se cierra a integrar bocadillos que hacen felices a más personas, como a los veganos o a los celíacos.. «Se puede almorzar sin tener que comer torreznos, ni panceta», subraya sobre una de las versiones que incluye, la del bocadillo de sobrasada, cebolla pochada y queso, pero en esta versión la proteína animal se sustituye por un vegetal, la calabaza, en una receta de la cocinera valenciana Begoña Rodrigo.. Por eso ‘Esmorzaret’ no sólo tiene la ambición de que sea leído en la Comunitat Valenciana, sino que llegue a cualquier punto de España porque bocadillos come todo el mundo: «Es un recetario de un montón de bocadillos que te van a salvar de muchísimos apuros en el día a día», concluye la autora
La autora busca en este recetario ofrecer los mejores bocadillos a la población
Marta Hortelano no es valenciana ni suele almorzar, pero es periodista, sabe contar historias y es comedora titulada de bocadillos, así que sin ningún complejo de impostora ha escrito ‘Esmorzaret’, un ensayo sobre la anatomía de esta tradición más valenciana que las barracas y una oda a todo lo que puede entrar en dos piezas de pan.. Aunque almorzar se almuerza en toda España, en Valencia tiene una identidad propia, genuina, porque «comerse un bocadillo» se hace en Cuenca, de donde es Hortelano, o en Madrid, pero en ‘la terreta’ tiene sus «pasos», su liturgia y ésta empieza por el llamado «gasto», y por eso ‘Esmorzaret’ (Debate) arranca ahí.. «Si esos pasos no los has dado completos, si no te han puesto tu platito de gasto, que lleva aceitunas, cacahuetes, altramuces, y después tu bocata y tu café, no es un almuerzo», subraya a EFE la periodista conquense afincada en València, una «doble agente» porque tras veinte años viviendo en la ciudad del Turia le permite «ver algunas cosas que a los a las personas de aquí no les llaman la atención».. Por ejemplo, el ver cómo almorzar está cada vez más de moda ya que la gente prefiere quedar a tomar el aperitivo o el almuerzo por varios motivos, entre los que está también el hecho de que almorzar sea más barato que ir a comer o cenar: «La peña se mete una barra de pan entre pecho y espalda, luego se toma sus fresquitos y después sigue con el tardeo».. Pero la intención de Hortelano, además de convertir el libro en una guía donde disfrutar de los mejores almuerzos de la ciudad, era hacer un recetario que pueda permanecer «en las estanterías de cualquier casa para siempre» porque «no hay momento para comerse un bocadillo, un bocadillo es un salvavidas».. Crítica con los almuerzos de algunos locales «con nombre y apellidos» en los que han «hamburgueserizado» los bocadillos, aquellos donde les meten a los bocadillos salsas «rarísimas o carnes nobles» -recordemos que su origen es la humildad-, esta anatomía del bocadillo propone 45 recetas.. Y no, no todas las ha probado la autora -aunque sí muchas de ellas- y el motivo es porque muchas de ellas salen del recetario tradicional, de ahí que este ensayo mezcle el periodismo con la historia.. Eso sí, el resto de bocatas que aparecen en el libro los ha pagado como consumidora hasta conocer el máximo posible, pero siempre siendo consciente de que «hay tantos bocadillos como seres humanos pueblan la tierra».. Entre los que podemos encontrar en estas páginas están los que forman parte de esta particular Denominación de Origen, como el «Superbombón» que sirven en La Pérgola, o los clásicos ‘Almussafes’, de ‘brascada’ o el de ‘figatells’.. «Aquí en la Comunidad Valenciana aparte de que puedes comer el bocadillo que tiene nombre y apellidos, tú luego lo puedes tunear porque tú le puedes poner mayonesa, allioli…», apunta para introducir una peculiaridad, la de meter patatas fritas entre dos panes: «Esto no se come en ningún sitio de España». Y por eso hay también un capítulo aparte sobre esta manera de cocinar este tubérculo.. Y también se centra en el pan, donde pone ahínco en la ‘pataqueta’, así como en las olivas, los encurtidos, los cacahuetes, los altramuces, el allioli, incluso a las bebidas, como el «cremaet» de después del bocadillo y los chupitos.. Destaca también el que se centra en el «gasto»: «Era lo que permitía que por muy poco dinero te podías sentar con tus compañeros, los que sí que almorzaban, y a lo mejor por dos euros te daban una bebida fresca y aceitunas y cacahuetes y podías sacar tu propio bocadillo».. Debido al espíritu investigador del libro, Hortelano demuestra también cómo el almuerzo no se cierra a integrar bocadillos que hacen felices a más personas, como a los veganos o a los celíacos.. «Se puede almorzar sin tener que comer torreznos, ni panceta», subraya sobre una de las versiones que incluye, la del bocadillo de sobrasada, cebolla pochada y queso, pero en esta versión la proteína animal se sustituye por un vegetal, la calabaza, en una receta de la cocinera valenciana Begoña Rodrigo.. Por eso ‘Esmorzaret’ no sólo tiene la ambición de que sea leído en la Comunitat Valenciana, sino que llegue a cualquier punto de España porque bocadillos come todo el mundo: «Es un recetario de un montón de bocadillos que te van a salvar de muchísimos apuros en el día a día», concluye la autora
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