Cuando Salvador Illa llegó al Palau de la Generalitat prometió abrir una nueva etapa. Sus discursos giraban en torno a la recuperación de la estabilidad institucional tras una década marcada por el procés, el refuerzo de los servicios públicos y la voluntad de dejar atrás lo que el PSC definía como una «década perdida». Sin embargo, la realidad de sus dos primeros años al frente del Govern has estado muy lejos de esa imagen de normalidad. A las dificultades derivadas de gobernar en minoría se fueron sumando conflictos en ámbitos como Rodalies, la educación, la sanidad o las protestas del sector agrario, mientras el ejecutivo seguía funcionando con unos presupuestos prorrogados de 2023. La situación llegó a un punto especialmente delicado el pasado marzo, cuando Illa se convirtió en el primer presidente de la historia de la Generalitat que se veía obligado a retirar un proyecto de presupuestos antes de su votación al constatar que no reunía los apoyos suficientes. Aquello evidenció la fragilidad parlamentaria del PSC y dejó al Govern sin la principal herramienta para desarrollar su programa político. Lectura política Ese escenario cambió este jueves. Gracias a los votos del PSC, ERC y los comuns, el Parlament aprobó las primeras cuentas del ejecutivo socialista y puso fin a tres años de prórroga presupuestaria. Más allá de los casi 50.000 millones de euros que movilizarán las cuentas, la votación tiene un significado eminentemente político: Illa logra superar el principal obstáculo de su mandato y dota de estabilidad a una legislatura que hasta ahora avanzaba con dificultades. La aprobación llega, además, en un momento especialmente oportuno para el presidente catalán. El próximo año estará marcado por las elecciones municipales y generales y, un año después, Cataluña celebrará unos nuevos comicios autonómicos. Llegar a ese ciclo electoral con unos presupuestos aprobados y capacidad de ejecución era uno de los grandes objetivos del Govern, consciente de que afrontar las citas con las urnas sin unas cuentas propias habría supuesto una evidente muestra de debilidad. Además, todo indica que no aprobará otras cuentas en lo que queda de mandato. La victoria, sin embargo, no es solo del PSC. ERC también sale reforzada de la negociación. Tras perder la Generalitat y abrir un complejo proceso de reconstrucción interna, los republicanos han utilizado los presupuestos para demostrar que siguen siendo decisivos en la política catalana. Su apoyo ha llegado a cambio de incorporar medidas como el refuerzo de la Agencia Tributaria de Cataluña, nuevas inversiones ferroviarias, un plan para los municipios rurales o un mayor peso de la Generalitat en organismos estratégicos. Un paquete de acuerdos con el que el partido de Oriol Junqueras pretende acreditar ante su electorado que apoyar al Govern no significa renunciar a ampliar las cotas de autogobierno. Los comuns también consolidan su papel como socio impres
El presidente catalán logra sacar adelante sus primeros presupuestos dotando de contenido su mandato
Cuando Salvador Illa llegó al Palau de la Generalitat prometió abrir una nueva etapa. Sus discursos giraban en torno a la recuperación de la estabilidad institucional tras una década marcada por el procés, el refuerzo de los servicios públicos y la voluntad de dejar atrás lo que el PSC definía como una «década perdida». Sin embargo, la realidad de sus dos primeros años al frente del Govern has estado muy lejos de esa imagen de normalidad. A las dificultades derivadas de gobernar en minoría se fueron sumando conflictos en ámbitos como Rodalies, la educación, la sanidad o las protestas del sector agrario, mientras el ejecutivo seguía funcionando con unos presupuestos prorrogados de 2023.La situación llegó a un punto especialmente delicado el pasado marzo, cuando Illa se convirtió en el primer presidente de la historia de la Generalitat que se veía obligado a retirar un proyecto de presupuestos antes de su votación al constatar que no reunía los apoyos suficientes. Aquello evidenció la fragilidad parlamentaria del PSC y dejó al Govern sin la principal herramienta para desarrollar su programa político.Lectura políticaEse escenario cambió este jueves. Gracias a los votos del PSC, ERC y los comuns, el Parlament aprobó las primeras cuentas del ejecutivo socialista y puso fin a tres años de prórroga presupuestaria. Más allá de los casi 50.000 millones de euros que movilizarán las cuentas, la votación tiene un significado eminentemente político: Illa logra superar el principal obstáculo de su mandato y dota de estabilidad a una legislatura que hasta ahora avanzaba con dificultades.La aprobación llega, además, en un momento especialmente oportuno para el presidente catalán. El próximo año estará marcado por las elecciones municipales y generales y, un año después, Cataluña celebrará unos nuevos comicios autonómicos. Llegar a ese ciclo electoral con unos presupuestos aprobados y capacidad de ejecución era uno de los grandes objetivos del Govern, consciente de que afrontar las citas con las urnas sin unas cuentas propias habría supuesto una evidente muestra de debilidad. Además, todo indica que no aprobará otras cuentas en lo que queda de mandato.La victoria, sin embargo, no es solo del PSC. ERC también sale reforzada de la negociación. Tras perder la Generalitat y abrir un complejo proceso de reconstrucción interna, los republicanos han utilizado los presupuestos para demostrar que siguen siendo decisivos en la política catalana. Su apoyo ha llegado a cambio de incorporar medidas como el refuerzo de la Agencia Tributaria de Cataluña, nuevas inversiones ferroviarias, un plan para los municipios rurales o un mayor peso de la Generalitat en organismos estratégicos. Un paquete de acuerdos con el que el partido de Oriol Junqueras pretende acreditar ante su electorado que apoyar al Govern no significa renunciar a ampliar las cotas de autogobierno. Los comuns también consolidan su papel como socio imprescindi
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