La prisa hace que la tele se contagie en fórmulas del éxito que terminan siendo repetitivas. Hemos sufrido años de aluvión de talent shows que acabábamos olvidando rápido. Por momentos, ha dado la sensación de que no hay otra dinámica posible que jurados dictando veredictos. Los perfiles de personajes también son idénticos. Da igual que sea cocinando, cantando o haciendo piruetas. Solo existen un tipo de celebrities que son llamadas y acuden a estos programas. Como si no nos atreviéramos a pensar en grande y romper la baraja de lo pronosticable. Como si no fuera posible programas protagonizados por personalidades de la altura de Carmen Machi a Belén Rueda. Difícil, sí. Por la fama que se ha ganado la tele. Las series se han quitado prejuicios frente al cine, pero el entretenimiento padece las consecuencias de la trituradora mental que han sido sus realities.Tu cara me suena es el gran espectáculo que se salva. Es diferente. Por su creatividad, por su teatralidad, por las canciones que siempre unen y porque sabe que un horario de máxima audiencia generalista se sustenta en artistas más que en “colaboradores” que sirven para todo. Un espectáculo debe tener la enjundia del talento que no se improvisa. Y el casting del concurso de imitadores siempre se aúpa con algún que otro primer espada de la escena, ya sea musical o interpretativa. En esta temporada, destaca Cristina Castaño. Actriz que ha trasladado su experiencia en la interpretación a la varieté. Así, cada viernes, es una experiencia descubrir qué y cómo imitará. La hemos visto bordar a Rigoberta Bandini, a Mina, a Cher, incluso a Pocahontas, y, este viernes, a Silvia Pérez Cruz. Cristina ha homenajeado su versión de Alfonsina y el Mar. Creando un consenso de sensibilidad. Porque Cristina no canta, interpreta. Hasta lograr que el tiempo se pare cada semana, cuando pisa el escenario de Antena 3. “Que me reconozcáis vosotras me ayuda a reconocerme a mí”, contesta a la valoración positiva de Lolita y Chenoa.Lo que nos recuerda la importancia de la elaboración del talento en televisión. El propio desgaste de la tele generalista ha ido unido a una cada vez más frenética prisa de producción de los programas y al abaratamiento de costes que no permite demasiado ensayo. La artesanía que sostenía la tele cuidando la luz, la estética, el vestuario, la coreografía, el guion y la realización ha ido saltando por los aires. Y sin la magia de la coordinación de todos estos engranajes, no se crean nuevas estrellas. No se crean ganas de ir a los canales tradicionales que han estado más en los atajos de subir audiencia con los haters a los que alimenta la efímera polémica fácil. Una estrategia muy cortoplacista, pues la audiencia transversal quiere descubrir artistas, quiere que pillen su ilusión desprevenida y que no que solo la asusten con polémicas de usar y tirar. Es el truco maestro de Tu cara me suena: el proceso creativo gana a las trampas narrat
La tele es arte.
20MINUTOS.ES – Televisión
La prisa hace que la tele se contagie en fórmulas del éxito que terminan siendo repetitivas. Hemos sufrido años de aluvión de talent shows que acabábamos olvidando rápido. Por momentos, ha dado la sensación de que no hay otra dinámica posible que jurados dictando veredictos. Los perfiles de personajes también son idénticos. Da igual que sea cocinando, cantando o haciendo piruetas. Solo existen un tipo de celebrities que son llamadas y acuden a estos programas. Como si no nos atreviéramos a pensar en grande y romper la baraja de lo pronosticable. Como si no fuera posible programas protagonizados por personalidades de la altura de Carmen Machi a Belén Rueda. Difícil, sí. Por la fama que se ha ganado la tele. Las series se han quitado prejuicios frente al cine, pero el entretenimiento padece las consecuencias de la trituradora mental que han sido sus realities.Tu cara me suena es el gran espectáculo que se salva. Es diferente. Por su creatividad, por su teatralidad, por las canciones que siempre unen y porque sabe que un horario de máxima audiencia generalista se sustenta en artistas más que en “colaboradores” que sirven para todo. Un espectáculo debe tener la enjundia del talento que no se improvisa. Y el casting del concurso de imitadores siempre se aúpa con algún que otro primer espada de la escena, ya sea musical o interpretativa.En esta temporada, destaca Cristina Castaño. Actriz que ha trasladado su experiencia en la interpretación a la varieté. Así, cada viernes, es una experiencia descubrir qué y cómo imitará. La hemos visto bordar a Rigoberta Bandini, a Mina, a Cher, incluso a Pocahontas, y, este viernes, a Silvia Pérez Cruz. Cristina ha homenajeado su versión de Alfonsina y el Mar. Creando un consenso de sensibilidad. Porque Cristina no canta, interpreta. Hasta lograr que el tiempo se pare cada semana, cuando pisa el escenario de Antena 3. “Que me reconozcáis vosotras me ayuda a reconocerme a mí”, contesta a la valoración positiva de Lolita y Chenoa.Lo que nos recuerda la importancia de la elaboración del talento en televisión. El propio desgaste de la tele generalista ha ido unido a una cada vez más frenética prisa de producción de los programas y al abaratamiento de costes que no permite demasiado ensayo. La artesanía que sostenía la tele cuidando la luz, la estética, el vestuario, la coreografía, el guion y la realización ha ido saltando por los aires. Y sin la magia de la coordinación de todos estos engranajes, no se crean nuevas estrellas. No se crean ganas de ir a los canales tradicionales que han estado más en los atajos de subir audiencia con los haters a los que alimenta la efímera polémica fácil. Una estrategia muy cortoplacista, pues la audiencia transversal quiere descubrir artistas, quiere que pillen su ilusión desprevenida y que no que solo la asusten con polémicas de usar y tirar. Es el truco maestro de Tu cara me suena: el proceso creativo gana a las trampas narrat
