Desde su desaparición son varias las iniciativas que se están realizando para reivindicar el legado de Colita. Sus fotografías son el motivo de una destacada exposición que puede verse en estos momentos en el Disseny Hub de Barcelona en el que se establece un diálogo entre la imagen de la artista y la palabra de Maria Aurèlia Capmany. En estos días también se presenta otra parte de la producción de Colita en otra conversación con un escritor, en este caso el siempre reivindicable Juan Benet y Carme Riera.. Bajo el título «Colita. Inexorable», la galería barcelonesa RocioSantaCruz nos propone un viaje que parece tomar aquel fantástico verso de Miguel Hernández que hablaba de que «algún día se pondrá el tiempo amarillo sobre mi fotografía», todo ello por el tono pretendidamente antiguo que se busca para sorprender y hasta inquietar al espectador. En este caso son fotografías vintage realizadas y positivadas por la protagonista de la exposición entre 1960 y 1980, con una mirada muy personal de la realidad.. Según Francesc Polop, director y heredero del Archivo Colita, «las imágenes de este conjunto hablaban de objetos abandonados, paisajes deshabitados y espacios vividos; en definitiva, del paso del tiempo y de su inexorabilidad. Para hacer visible ese transcurrir de forma radical, Colita decidió realizar copias con un baño final de té y, además, abandonarlas a su suerte en un espacio oscuro y húmedo, expuestas a todas las inclemencias posibles: humedad, polvo, filtraciones de agua. Ese maltrato deliberado dio forma a la serie concebida, no sin ironía, para los amantes del vintage».. El primero de los trabajos que se presenta en RocioSantaCruz está relacionado con un libro realizado conjuntamente por Colita y Juan Benet. Se trata de uno de los volúmenes de la colección Palabra e Imagen de Lumen, una inolvidable propuesta ideada por Esther Tusquets que supo unir a nombres como Julio Cortázar, Miguel Delibes o Camilo José Cela con algunos de los mejores fotógrafos de nuestro país.. En el caso que nos ocupa, el libro se tituló «Una tumba» y el título realmente no engaña porque hay por parte de Colita hay una imagen a la ruina, a lo que es un tiempo perdido. Hay algo de esto precisamente en el texto de Benet que nos lleva su universo personal de Región, todo ello a partir de una presencia fantasmal, un antepasado que sobre un niño que no es otro que su bisnieto, el mismo que ha heredado la que fuera su finca. Todo ello tiene como eco los efectos provocados por la Guerra Civil, heridas que aún no han cicatrizado y que perviven en el relato de Benet.. Con este telón de fondo, Colita acudió a otra casa familiar, en este caso la de los Maspons, es decir, la que estaba vinculada con otro grande la fotografía como fue Oriol Maspons, también colaborador activo de la colección creada por Esther Tusquets. De esta manera, con su cámara Colita capturó espacios abandonados por el tiempo o, por decirlo de otra manera, que el tiempo se había encargado de hacer y rehacer. Las telarañas y el polvo se habían convertido en una especie de manos invisibles que modelaron rincones y jardines que habían vivido desde luego tiempos mejores.. En la casa pairal de los Maspons, en L’Atmetlla del Vallès, Colita descubrió desde pianos tapados por una tela como si se tratara de fantasmas, o paredes terriblemente desconchadas. Pero ello también lo lleva, ante su objetivo, a su propia casa que inmortaliza con el detalle de una gran almohada apoyada en una silla. Es algo que queda como fantasmagórico, como un ejemplo de ruina gracias al tono amarillento con el que nos presenta la fotografía.. Además de Juan Benet, la otra importante colaboración que se rescata en la exposición viene dada con otro libro, el titulado «Els cementiris de Barcelona: una aproximació», editado por Edhasa en 1981 y que también tenía a otra fotografía de prestigio, Pilar Aymerich, además de textos de la mallorquina Carme Riera.. Colita se fija, en esta ocasión, en el detalle pequeño, como la imagen, a manera de recordatorio, que encuentra en la tumba de un niño en el cementerio de Sant Andreu. Igual ocurre cuando se centra en la fotografía de una muchacha que ha quedado expuesta en la fría piedra de un nicho en el cementerio de Sants. En los dos casos no nos presenta la identidad de los fallecidos porque quiere que contemplemos lo que dejaron, su imagen amarillenta expuesta ahora en el tumba en la que se han quedado para la eternidad.. Esta exposición es una oportunidad de conocer a otra Colita, más insólita, más cercana al recuerdo perdido en el tiempo.
Una exposición recupera el trabajo de la fotógrafa que acompañó a textos de Juan Benet y Carme Riera
Desde su desaparición son varias las iniciativas que se están realizando para reivindicar el legado de Colita. Sus fotografías son el motivo de una destacada exposición que puede verse en estos momentos en el Disseny Hub de Barcelona en el que se establece un diálogo entre la imagen de la artista y la palabra de Maria Aurèlia Capmany. En estos días también se presenta otra parte de la producción de Colita en otra conversación con un escritor, en este caso el siempre reivindicable Juan Benet y Carme Riera.. Bajo el título «Colita. Inexorable», la galería barcelonesa RocioSantaCruz nos propone un viaje que parece tomar aquel fantástico verso de Miguel Hernández que hablaba de que «algún día se pondrá el tiempo amarillo sobre mi fotografía», todo ello por el tono pretendidamente antiguo que se busca para sorprender y hasta inquietar al espectador. En este caso son fotografías vintage realizadas y positivadas por la protagonista de la exposición entre 1960 y 1980, con una mirada muy personal de la realidad.. Según Francesc Polop, director y heredero del Archivo Colita, «las imágenes de este conjunto hablaban de objetos abandonados, paisajes deshabitados y espacios vividos; en definitiva, del paso del tiempo y de su inexorabilidad. Para hacer visible ese transcurrir de forma radical, Colita decidió realizar copias con un baño final de té y, además, abandonarlas a su suerte en un espacio oscuro y húmedo, expuestas a todas las inclemencias posibles: humedad, polvo, filtraciones de agua. Ese maltrato deliberado dio forma a la serie concebida, no sin ironía, para los amantes del vintage».. El primero de los trabajos que se presenta en RocioSantaCruz está relacionado con un libro realizado conjuntamente por Colita y Juan Benet. Se trata de uno de los volúmenes de la colección Palabra e Imagen de Lumen, una inolvidable propuesta ideada por Esther Tusquets que supo unir a nombres como Julio Cortázar, Miguel Delibes o Camilo José Cela con algunos de los mejores fotógrafos de nuestro país.. En el caso que nos ocupa, el libro se tituló «Una tumba» y el título realmente no engaña porque hay por parte de Colita hay una imagen a la ruina, a lo que es un tiempo perdido. Hay algo de esto precisamente en el texto de Benet que nos lleva su universo personal de Región, todo ello a partir de una presencia fantasmal, un antepasado que sobre un niño que no es otro que su bisnieto, el mismo que ha heredado la que fuera su finca. Todo ello tiene como eco los efectos provocados por la Guerra Civil, heridas que aún no han cicatrizado y que perviven en el relato de Benet.. Con este telón de fondo, Colita acudió a otra casa familiar, en este caso la de los Maspons, es decir, la que estaba vinculada con otro grande la fotografía como fue Oriol Maspons, también colaborador activo de la colección creada por Esther Tusquets. De esta manera, con su cámara Colita capturó espacios abandonados por el tiempo o, por decirlo de otra manera, que el tiempo se había encargado de hacer y rehacer. Las telarañas y el polvo se habían convertido en una especie de manos invisibles que modelaron rincones y jardines que habían vivido desde luego tiempos mejores.. En la casa pairal de los Maspons, en L’Atmetlla del Vallès, Colita descubrió desde pianos tapados por una tela como si se tratara de fantasmas, o paredes terriblemente desconchadas. Pero ello también lo lleva, ante su objetivo, a su propia casa que inmortaliza con el detalle de una gran almohada apoyada en una silla. Es algo que queda como fantasmagórico, como un ejemplo de ruina gracias al tono amarillento con el que nos presenta la fotografía.. Además de Juan Benet, la otra importante colaboración que se rescata en la exposición viene dada con otro libro, el titulado «Els cementiris de Barcelona: una aproximació», editado por Edhasa en 1981 y que también tenía a otra fotografía de prestigio, Pilar Aymerich, además de textos de la mallorquina Carme Riera.. Colita se fija, en esta ocasión, en el detalle pequeño, como la imagen, a manera de recordatorio, que encuentra en la tumba de un niño en el cementerio de Sant Andreu. Igual ocurre cuando se centra en la fotografía de una muchacha que ha quedado expuesta en la fría piedra de un nicho en el cementerio de Sants. En los dos casos no nos presenta la identidad de los fallecidos porque quiere que contemplemos lo que dejaron, su imagen amarillenta expuesta ahora en el tumba en la que se han quedado para la eternidad.. Esta exposición es una oportunidad de conocer a otra Colita, más insólita, más cercana al recuerdo perdido en el tiempo.
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