La jubilación, ese horizonte que promete libertad y descanso, se convierte para muchos profesionales en un precipicio emocional difícil de encajar. Así lo constata la investigadora Teresa M. Amabile, profesora emérita de la Harvard Business School, que junto a cuatro colegas de otras universidades estadounidenses ha rastreado durante años la experiencia de decenas de trabajadores en su paso a la vida poslaboral.. Las conclusiones, recogidas en su libro Retiring: Creating A Life That Works For You (Jubilarse: Crear una vida que funcione para ti), desmontan el mito de que todos ansían por igual el día en que dejarán de fichar. «Una de las grandes sorpresas de nuestro estudio fue la resistencia, incluso el miedo, que escuchamos sobre la jubilación», explica Amabile en una entrevista publicada por la propia Harvard Business School. «Sentían como si estuvieran saltando al vacío desde un acantilado», añade.. El equipo investigador siguió de cerca a 14 profesionales desde sus últimas semanas de carrera activa hasta los primeros años de retiro, y realizó entrevistas puntuales a otros 108 trabajadores de entre veinte y setenta y cinco años. El perfil estudiado corresponde al de trabajadores del conocimiento (asalariados cualificados) con una situación financiera razonablemente desahogada, no a quienes se ven forzados a seguir trabajando por necesidad. A partir de todo ese material, Amabile y sus coautoras identificaron lo que denominan las «cuatro tareas» que todo jubilado debe afrontar: decidir cuándo y cómo retirarse, desvincularse psicológicamente por completo del trabajo, explorar y experimentar para construir una estructura de vida provisional y, por último, consolidar una estructura estable.. El desapego psicológico, el hueso más duro de roer. De todas las etapas, la segunda ,soltar la identidad profesional, resulta la más compleja para una parte sustancial de los encuestados. «El desapego psicológico es el mayor desafío para mucha gente. Les cuesta horrores desprenderse de esa identidad profesional», resume la investigadora.. El fenómeno se acentúa entre directivos y altos mandos, aunque no es exclusivo de ellos. La razón es sencilla: cuantas más horas ocupa el trabajo y más espacio mental absorbe, más difícil resulta desligarse de él. Sin embargo, Amabile observó excepciones notables. Algunos altos ejecutivos lograron cortar con sorprendente facilidad «porque sienten que ponen el lazo a una carrera satisfactoria». La experiencia del ingeniero Bob ilustra la trampa de la identidad. Cuando aún trabajaba a tiempo completo, aseguraba que su empleo era «lo que hacía, no lo que era». Pero al reducir su jornada a cuatro días semanales, una duda inesperada lo asaltó: «Dios mío, ¿significa esto que ahora solo soy cuatro quintas partes de ingeniero?». Consiguió superar esa crisis y, cuando se jubiló del todo, el problema de identidad ya no reapareció.. No hace falta planificar hasta el último detalle, pero sí algo. Para ilustrar los riesgos de no planificar, Amabile recurre a la historia de un alto ejecutivo que, tras recibir un comentario negativo de un nuevo superior un viernes por la tarde, el lunes siguiente se plantó en la oficina y anunció su jubilación fulminante con dos meses de preaviso. Nunca había pensado en el retiro hasta aquel fin de semana de rabia contenida. Cuando lo entrevistaron en su segundo año de jubilado, el hombre «estaba dando palos de ciego», hacía algo de consultoría pero se sentía a la deriva y confesó que ojalá hubiera empezado a reflexionar sobre su vida poslaboral años antes.. La moraleja, extrae Amabile, es meridiana: «Aunque no hay que planificar cada cosa, es buena idea planificar algo».. Entre los casos de éxito, la experta cita a Irene, que pasó del trabajo a tiempo completo a la inactividad total, se mudó y se volcó en la familia y la comunidad «sin mirar atrás»; a Jay, que redujo su jornada a la mitad durante seis meses y luego encadenó contratos puntuales con su antigua consultora; y al propio Bob, que atravesó su crisis de identidad durante la reducción de jornada y la superó antes de jubilarse definitivamente.. El consejo final de Amabile apunta al autoconocimiento: «Desarrolla una conciencia realmente profunda de tu yo actual, no de quien eras en la cima de tu carrera. Pregúntate cuáles son tus necesidades y prioridades de ahora, y cómo es tu estructura de vida actual. Si no están alineadas, sé valiente y aborda el cambio, aunque eso signifique jubilarte».
Teresa M. Amabile, profesora emérita de Harvard Business School, publica el libro «Retiring: Creating a Life That Works for You», basado en el seguimiento de más de un centenar de profesionales durante su tránsito del trabajo a la jubilación, y destaca la dificultad de desprenderse de la identidad laboral como el mayor escollo emocional
La jubilación, ese horizonte que promete libertad y descanso, se convierte para muchos profesionales en un precipicio emocional difícil de encajar. Así lo constata la investigadora Teresa M. Amabile, profesora emérita de la Harvard Business School, que junto a cuatro colegas de otras universidades estadounidenses ha rastreado durante años la experiencia de decenas de trabajadores en su paso a la vida poslaboral.. Las conclusiones, recogidas en su libro Retiring: Creating A Life That Works For You (Jubilarse: Crear una vida que funcione para ti), desmontan el mito de que todos ansían por igual el día en que dejarán de fichar. «Una de las grandes sorpresas de nuestro estudio fue la resistencia, incluso el miedo, que escuchamos sobre la jubilación», explica Amabile en una entrevista publicada por la propia Harvard Business School. «Sentían como si estuvieran saltando al vacío desde un acantilado», añade.. El equipo investigador siguió de cerca a 14 profesionales desde sus últimas semanas de carrera activa hasta los primeros años de retiro, y realizó entrevistas puntuales a otros 108 trabajadores de entre veinte y setenta y cinco años. El perfil estudiado corresponde al de trabajadores del conocimiento (asalariados cualificados) con una situación financiera razonablemente desahogada, no a quienes se ven forzados a seguir trabajando por necesidad. A partir de todo ese material, Amabile y sus coautoras identificaron lo que denominan las «cuatro tareas» que todo jubilado debe afrontar: decidir cuándo y cómo retirarse, desvincularse psicológicamente por completo del trabajo, explorar y experimentar para construir una estructura de vida provisional y, por último, consolidar una estructura estable.. El desapego psicológico, el hueso más duro de roer. De todas las etapas, la segunda ,soltar la identidad profesional, resulta la más compleja para una parte sustancial de los encuestados. «El desapego psicológico es el mayor desafío para mucha gente. Les cuesta horrores desprenderse de esa identidad profesional», resume la investigadora.. El fenómeno se acentúa entre directivos y altos mandos, aunque no es exclusivo de ellos. La razón es sencilla: cuantas más horas ocupa el trabajo y más espacio mental absorbe, más difícil resulta desligarse de él. Sin embargo, Amabile observó excepciones notables. Algunos altos ejecutivos lograron cortar con sorprendente facilidad «porque sienten que ponen el lazo a una carrera satisfactoria». La experiencia del ingeniero Bob ilustra la trampa de la identidad. Cuando aún trabajaba a tiempo completo, aseguraba que su empleo era «lo que hacía, no lo que era». Pero al reducir su jornada a cuatro días semanales, una duda inesperada lo asaltó: «Dios mío, ¿significa esto que ahora solo soy cuatro quintas partes de ingeniero?». Consiguió superar esa crisis y, cuando se jubiló del todo, el problema de identidad ya no reapareció.. No hace falta planificar hasta el último detalle, pero sí algo. Para ilustrar los riesgos de no planificar, Amabile recurre a la historia de un alto ejecutivo que, tras recibir un comentario negativo de un nuevo superior un viernes por la tarde, el lunes siguiente se plantó en la oficina y anunció su jubilación fulminante con dos meses de preaviso. Nunca había pensado en el retiro hasta aquel fin de semana de rabia contenida. Cuando lo entrevistaron en su segundo año de jubilado, el hombre «estaba dando palos de ciego», hacía algo de consultoría pero se sentía a la deriva y confesó que ojalá hubiera empezado a reflexionar sobre su vida poslaboral años antes.. La moraleja, extrae Amabile, es meridiana: «Aunque no hay que planificar cada cosa, es buena idea planificar algo».. Entre los casos de éxito, la experta cita a Irene, que pasó del trabajo a tiempo completo a la inactividad total, se mudó y se volcó en la familia y la comunidad «sin mirar atrás»; a Jay, que redujo su jornada a la mitad durante seis meses y luego encadenó contratos puntuales con su antigua consultora; y al propio Bob, que atravesó su crisis de identidad durante la reducción de jornada y la superó antes de jubilarse definitivamente.. El consejo final de Amabile apunta al autoconocimiento: «Desarrolla una conciencia realmente profunda de tu yo actual, no de quien eras en la cima de tu carrera. Pregúntate cuáles son tus necesidades y prioridades de ahora, y cómo es tu estructura de vida actual. Si no están alineadas, sé valiente y aborda el cambio, aunque eso signifique jubilarte».
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