Hubo un tiempo en el que el antiguo puente de acero y piedra se llenaba de coches los días de feria y los festivos. Vehículos atestados de una España que miraba a Portugal, o de una Portugal que hacía lo propio con España, pensando en cruzar aquella frontera que todavía era algo más que una línea imaginaria.. Tui (Pontevedra) y Valença, en el país vecino, estaban comunicados por esos 400 metros en los que, al final del recorrido, te pedían el pasaporte antes de que la Fortaleza, al otro lado del Miño, diluyese las colas entres sinuosas calles de adoquín. Luego, hace ya también demasiado, vendría el moderno puente internacional, más amplio, y la autopista: la A-55 española, que al cruzar el río se transforma en la A3 portuguesa.. De este modo, el puente viejo fue perdiendo su sentido al tiempo que ganaba su relato. El de una estructura férrea que se puede cruzar a pie, en tren o en coche, que se levantó como una arteria entre dos mundos y que hoy celebra su 140 cumpleaños.. La historia. El 25 de marzo de 1886 el puente internacional de Tui-Valença inauguró una nueva etapa en la historia de Galicia y el norte de Portugal. Hasta entonces, el río Miño separaba más de lo que unía. Se cruzaba en barcazas, con tiempos inciertos y dependiendo de las condiciones del río. Aquel día, sin embargo, dos trenes avanzaron desde cada orilla hasta encontrarse en el centro de la estructura, en una escena que representaba mucho más que la apertura de una infraestructura: era el inicio de una conexión permanente.. La obra, diseñada por el ingeniero riojano Pelayo Mancebo y Ágreda y ejecutada por la empresa belga Braine Le Compte, supuso un desafío técnico para su época. Su estructura metálica en celosía, apoyada sobre sólidos pilares de piedra, permitía combinar el tráfico ferroviario en la parte superior con el paso de vehículos y peatones en la inferior, una solución innovadora en el siglo XIX.. Durante décadas, su silueta elegante alimentó una leyenda persistente: que había sido diseñada por Gustave Eiffel o por alguno de sus discípulos. No fue así, pero la comparación habla por sí sola del impacto visual y técnico de la obra.. De línea de control a espacio de convivencia. El puente no solo transportó mercancías y viajeros. También fue, durante años, un punto de control fronterizo. Un lugar donde se pedían documentos, se registraban vehículos y se vigilaba el tránsito entre dos países. Aún hoy, en los pilares de piedra del lado español, se conservan pequeñas cavidades pensadas para albergar explosivos en caso de conflicto.. La apertura del nuevo puente internacional en 1995 y la consolidación de la autopista transformaron definitivamente su papel. El tráfico pesado desapareció y el viejo puente quedó relegado a un uso más pausado, casi íntimo. Un lugar para cruzar sin prisa, para detenerse, para observar.. Aunque lejos de caer en el olvido, la estructura ha encontrado una nueva vida. Peregrinos del Camino de Santiago portugués lo atraviesan a diario, ciclistas lo recorren y vecinos de Tui y Valença lo utilizan como un vínculo cotidiano entre ambas orillas.. Este 25 de marzo, cuando se cumplen 140 años de su inauguración, ambos municipios conmemoran la efeméride con un acto institucional en el propio puente. Una celebración que no solo mira al pasado, sino que reivindica el valor de esta infraestructura como símbolo de cooperación y convivencia.
Construido en el siglo XIX, fue clave para conectar Galicia y el norte luso y hoy es símbolo de convivencia
Hubo un tiempo en el que el antiguo puente de acero y piedra se llenaba de coches los días de feria y los festivos. Vehículos atestados de una España que miraba a Portugal, o de una Portugal que hacía lo propio con España, pensando en cruzar aquella frontera que todavía era algo más que una línea imaginaria.. Tui (Pontevedra) y Valença, en el país vecino, estaban comunicados por esos 400 metros en los que, al final del recorrido, te pedían el pasaporte antes de que la Fortaleza, al otro lado del Miño, diluyese las colas entres sinuosas calles de adoquín. Luego, hace ya también demasiado, vendría el moderno puente internacional, más amplio, y la autopista: la A-55 española, que al cruzar el río se transforma en la A3 portuguesa.. De este modo, el puente viejo fue perdiendo su sentido al tiempo que ganaba su relato. El de una estructura férrea que se puede cruzar a pie, en tren o en coche, que se levantó como una arteria entre dos mundos y que hoy celebra su 140 cumpleaños.. La historia. El 25 de marzo de 1886 el puente internacional de Tui-Valença inauguró una nueva etapa en la historia de Galicia y el norte de Portugal. Hasta entonces, el río Miño separaba más de lo que unía. Se cruzaba en barcazas, con tiempos inciertos y dependiendo de las condiciones del río. Aquel día, sin embargo, dos trenes avanzaron desde cada orilla hasta encontrarse en el centro de la estructura, en una escena que representaba mucho más que la apertura de una infraestructura: era el inicio de una conexión permanente.. La obra, diseñada por el ingeniero riojano Pelayo Mancebo y Ágreda y ejecutada por la empresa belga Braine Le Compte, supuso un desafío técnico para su época. Su estructura metálica en celosía, apoyada sobre sólidos pilares de piedra, permitía combinar el tráfico ferroviario en la parte superior con el paso de vehículos y peatones en la inferior, una solución innovadora en el siglo XIX.. Durante décadas, su silueta elegante alimentó una leyenda persistente: que había sido diseñada por Gustave Eiffel o por alguno de sus discípulos. No fue así, pero la comparación habla por sí sola del impacto visual y técnico de la obra.. De línea de control a espacio de convivencia. El puente no solo transportó mercancías y viajeros. También fue, durante años, un punto de control fronterizo. Un lugar donde se pedían documentos, se registraban vehículos y se vigilaba el tránsito entre dos países. Aún hoy, en los pilares de piedra del lado español, se conservan pequeñas cavidades pensadas para albergar explosivos en caso de conflicto.. La apertura del nuevo puente internacional en 1995 y la consolidación de la autopista transformaron definitivamente su papel. El tráfico pesado desapareció y el viejo puente quedó relegado a un uso más pausado, casi íntimo. Un lugar para cruzar sin prisa, para detenerse, para observar.. Aunque lejos de caer en el olvido, la estructura ha encontrado una nueva vida. Peregrinos del Camino de Santiago portugués lo atraviesan a diario, ciclistas lo recorren y vecinos de Tui y Valença lo utilizan como un vínculo cotidiano entre ambas orillas.. Este 25 de marzo, cuando se cumplen 140 años de su inauguración, ambos municipios conmemoran la efeméride con un acto institucional en el propio puente. Una celebración que no solo mira al pasado, sino que reivindica el valor de esta infraestructura como símbolo de cooperación y convivencia.
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