Andrea tiene tatuado en el brazo un ave fénix y la fecha en la que escapó de sus captores. Ella pasó cinco años en las calles del polígono Marconi, uno de los epicentros de la esclavitud sexual en Madrid. Llegó a España desde Rumanía con 19 años engañada por quien creía que era su novio y la puso a trabajar en la calle, al servicio de los puteros, desde el primer día. Durante esos años, sobrevivió a base de bebidas energéticas y tabaco. Tenía que escuchar cada día que no valía ni siquiera para “ser puta”. No hicieron falta cadenas para que siguiera en la calle, bastó con amenazas a su familia en su país de origen. Un día, hace nueve años, algo cambió y decidió echar a correr. Pero no sabía que ese era solo el inicio de un largo camino para hacer justicia con sus proxenetas. Cinco años explotada y nueve como testigo protegido, ese es el precio.Seguir leyendo
El testimonio judicial de las supervivientes sigue siendo fundamental en los procesos contra los tratantes. Los policías y las asociaciones se centran en protegerlas y darles un futuro
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Andrea tiene tatuado en el brazo un ave fénix y la fecha en la que escapó de sus captores. Ella pasó cinco años en las calles del polígono Marconi, uno de los epicentros de la esclavitud sexual en Madrid. Llegó a España desde Rumanía con 19 años engañada por quien creía que era su novio y la puso a trabajar en la calle, al servicio de los puteros, desde el primer día. Durante esos años, sobrevivió a base de bebidas energéticas y tabaco. Tenía que escuchar cada día que no valía ni siquiera para “ser puta”. No hicieron falta cadenas para que siguiera en la calle, bastó con amenazas a su familia en su país de origen. Un día, hace nueve años, algo cambió y decidió echar a correr. Pero no sabía que ese era solo el inicio de un largo camino para hacer justicia con sus proxenetas. Cinco años explotada y nueve como testigo protegido, ese es el precio.Seguir leyendo
