Las Tablas de Daimiel, el último bastión de los humedales de la Meseta Central, se asoman irremediablemente al abismo. Este ecosistema situado en Ciudad Real, máximo exponente de las tablas fluviales en el continente, atraviesa una fase agónica que compromete la supervivencia de sus 1.750 hectáreas inundables. Lo que debería ser una joya biológica única en Europa es hoy el reflejo de una crisis hídrica.. Un ecosistema bajo asfixia. El origen de este desastre ambiental se halla en la sobreexplotación de los acuíferos, una práctica que ha esquilmado las reservas subterráneas que nutren el parque. Según advierte el informe técnico del enclave, el deterioro no es un fenómeno coyuntural, sino una herida abierta durante décadas en la zona conocida como la «Mancha húmeda». Ni siquiera las precipitaciones registradas en los últimos dos años han logrado revertir un daño estructural que amenaza con quebrar el equilibrio ecológico entre los ríos Guadiana y Cigüela.. La biodiversidad que atesora este entorno, declarado Reserva de la Biosfera en 1981, se enfrenta a una extinción silenciosa. Especies emblemáticas como el pato colorado, la garza imperial o el somormujo lavanco pierden su hábitat a un ritmo alarmante. El valor de Daimiel trasciende lo biológico para alcanzar lo antropológico: sus aguas custodian yacimientos de la Edad del Bronce y restos de 14 molinos hidráulicos medievales, un legado histórico hoy amenazado por la desaparición del agua superficial.. El ocaso de un refugio milenario. En la actualidad, el uso público del recinto se mantiene bajo mínimos. De acuerdo con la información oficial de infraestructuras, itinerarios emblemáticos como el de la Isla del Pan permiten aún el tránsito por pasarelas de madera, pero la estampa que ofrecen los observatorios de la Torre de Prado Ancho dista mucho de la riqueza hídrica que motivó su protección como Parque Nacional en 1973. La experiencia del visitante es hoy la de un desierto en potencia, una advertencia visual de lo que sucede cuando la gestión de recursos ignora la realidad geológica.. La realidad de las Tablas de Daimiel es un aviso urgente sobre la política de agua en España. Sin una solución contundente a la presión que asfixia sus fuentes subterráneas, este espacio emblemático corre el riesgo de convertirse en un recuerdo árido y polvoriento. El tiempo se agota para salvar un ecosistema que no tiene réplica en el resto de la geografía europea y cuya pérdida sería una mancha imborrable en nuestro patrimonio natural.
La sobreexplotación de los acuíferos condena a este ecosistema único, que hoy agoniza entre la sequía estructural y la pérdida de biodiversidad
Las Tablas de Daimiel, el último bastión de los humedales de la Meseta Central, se asoman irremediablemente al abismo. Este ecosistema situado en Ciudad Real, máximo exponente de las tablas fluviales en el continente, atraviesa una fase agónica que compromete la supervivencia de sus 1.750 hectáreas inundables. Lo que debería ser una joya biológica única en Europa es hoy el reflejo de una crisis hídrica.. Un ecosistema bajo asfixia. El origen de este desastre ambiental se halla en la sobreexplotación de los acuíferos, una práctica que ha esquilmado las reservas subterráneas que nutren el parque. Según advierte el informe técnico del enclave, el deterioro no es un fenómeno coyuntural, sino una herida abierta durante décadas en la zona conocida como la «Mancha húmeda». Ni siquiera las precipitaciones registradas en los últimos dos años han logrado revertir un daño estructural que amenaza con quebrar el equilibrio ecológico entre los ríos Guadiana y Cigüela.. La biodiversidad que atesora este entorno, declarado Reserva de la Biosfera en 1981, se enfrenta a una extinción silenciosa. Especies emblemáticas como el pato colorado, la garza imperial o el somormujo lavanco pierden su hábitat a un ritmo alarmante. El valor de Daimiel trasciende lo biológico para alcanzar lo antropológico: sus aguas custodian yacimientos de la Edad del Bronce y restos de 14 molinos hidráulicos medievales, un legado histórico hoy amenazado por la desaparición del agua superficial.. El ocaso de un refugio milenario. En la actualidad, el uso público del recinto se mantiene bajo mínimos. De acuerdo con la información oficial de infraestructuras, itinerarios emblemáticos como el de la Isla del Pan permiten aún el tránsito por pasarelas de madera, pero la estampa que ofrecen los observatorios de la Torre de Prado Ancho dista mucho de la riqueza hídrica que motivó su protección como Parque Nacional en 1973. La experiencia del visitante es hoy la de un desierto en potencia, una advertencia visual de lo que sucede cuando la gestión de recursos ignora la realidad geológica.. La realidad de las Tablas de Daimiel es un aviso urgente sobre la política de agua en España. Sin una solución contundente a la presión que asfixia sus fuentes subterráneas, este espacio emblemático corre el riesgo de convertirse en un recuerdo árido y polvoriento. El tiempo se agota para salvar un ecosistema que no tiene réplica en el resto de la geografía europea y cuya pérdida sería una mancha imborrable en nuestro patrimonio natural.
Noticias de Castilla-La Mancha: última hora local de hoy en La Razón
