Hubo un tiempo en que el secuestro en España evocaba, inevitablemente, la sombra de la política o la extorsión a grandes empresarios. Pero el tablero ha cambiado. Hoy, los pasillos de la Sección de Secuestros y Extorsiones de la Policía Nacional bullen con términos como «blockchain», «AppleTag» y «vuelcos» de droga. Ahora, lejos de los zulos, el cautiverio puede ocurrir en un hostal de carretera o en un coche en movimiento por la Costa del Sol. Y es que el perfil del secuestro en España ha mutado. De las motivaciones de antaño, hemos pasado a organizaciones que funcionan como una «Secuestros S.A.», mercenarios que emplean AirTags para balizar a sus víctimas y que cobran sus rescates en bitcoins. La Policía Nacional nos abre las puertas de una de sus unidades más herméticas para desgranar los entresijos de una criminalidad donde el silencio de la víctima es, a menudo, el mayor obstáculo. Alberto Olivares, Inspector Jefe y responsable de la sección con 11 años de experiencia en la unidad, define bien claro el panorama actual: «Lo que más se está dando es secuestros entre narcotraficantes por tema de deudas, como venganzas o lecciones que quieren darse». Así, el secuestro se ha convertido en una herramienta de gestión de cobros entre «malos». La profesionalización ha dado lugar a grupos que la policía define casi como empresas de servicios criminales, algo así como una «Secuestros S. A.» Es el caso de las operaciones Oportuna (2024) y Alcadir (2025), dirigidas contra una organización de ciudadanos sirios y libios con base en Suecia que operaban por toda Europa. «Estos son profesionales: buscan infraestructura para mantener el secuestro y unas fechas concretas», explica Olivares. Maltrato físico y psicológico En estos casos, no se trata de una improvisación de «amateurs» por 300 euros (que también los hay), sino de encargos de alta complejidad. LA RAZÓN desvela en exclusiva la «operación Alcadir», desarrollada en febrero de 2025 por estos agentes, donde el intermediario de una operación de droga que «salió mal» fue interceptado en un centro comercial de Madrid y trasladado a la Costa del Sol malagueña. Durante 15 días, sus captores le sometieron a un calvario que mezclaba la brutalidad física con una tortura psicológica refinada: le obligaron a cavar su propia tumba en un descampado. «Le tenían en una silla, le mojaban con una manguera y llegaban con cables diciendo: ‘Te voy a electrocutar’», relataría más tarde la víctima. La humillación y diferentes tipos de tortura psicológica también forman parte del «servicio». En un alarde de crueldad bizarra, a algunas víctimas las disfrazan de mujer o de mago para grabarlas y quebrar así su voluntad, ya que en algunas culturas es el colmo de la humillación. Y la tecnología es el nuevo aliado del captor. En el caso de la «operación Alcadir», los agentes descubrieron un detalle que encendió todas las alarmas: el uso de un Apple Ai
La Sección de Secuestros de la Policía Nacional liberó en Fuengirola a una víctima que había sido balizada por sus captores
Hubo un tiempo en que el secuestro en España evocaba, inevitablemente, la sombra de la política o la extorsión a grandes empresarios. Pero el tablero ha cambiado. Hoy, los pasillos de la Sección de Secuestros y Extorsiones de la Policía Nacional bullen con términos como «blockchain», «AppleTag» y «vuelcos» de droga. Ahora, lejos de los zulos, el cautiverio puede ocurrir en un hostal de carretera o en un coche en movimiento por la Costa del Sol. Y es que el perfil del secuestro en España ha mutado. De las motivaciones de antaño, hemos pasado a organizaciones que funcionan como una «Secuestros S.A.», mercenarios que emplean AirTags para balizar a sus víctimas y que cobran sus rescates en bitcoins.La Policía Nacional nos abre las puertas de una de sus unidades más herméticas para desgranar los entresijos de una criminalidad donde el silencio de la víctima es, a menudo, el mayor obstáculo. Alberto Olivares, Inspector Jefe y responsable de la sección con 11 años de experiencia en la unidad, define bien claro el panorama actual: «Lo que más se está dando es secuestros entre narcotraficantes por tema de deudas, como venganzas o lecciones que quieren darse». Así, el secuestro se ha convertido en una herramienta de gestión de cobros entre «malos».La profesionalización ha dado lugar a grupos que la policía define casi como empresas de servicios criminales, algo así como una «Secuestros S. A.» Es el caso de las operaciones Oportuna (2024) y Alcadir (2025), dirigidas contra una organización de ciudadanos sirios y libios con base en Suecia que operaban por toda Europa. «Estos son profesionales: buscan infraestructura para mantener el secuestro y unas fechas concretas», explica Olivares.Maltrato físico y psicológicoEn estos casos, no se trata de una improvisación de «amateurs» por 300 euros (que también los hay), sino de encargos de alta complejidad. LA RAZÓN desvela en exclusiva la «operación Alcadir», desarrollada en febrero de 2025 por estos agentes, donde el intermediario de una operación de droga que «salió mal» fue interceptado en un centro comercial de Madrid y trasladado a la Costa del Sol malagueña.Durante 15 días, sus captores le sometieron a un calvario que mezclaba la brutalidad física con una tortura psicológica refinada: le obligaron a cavar su propia tumba en un descampado. «Le tenían en una silla, le mojaban con una manguera y llegaban con cables diciendo: ‘Te voy a electrocutar’», relataría más tarde la víctima. La humillación y diferentes tipos de tortura psicológica también forman parte del «servicio». En un alarde de crueldad bizarra, a algunas víctimas las disfrazan de mujer o de mago para grabarlas y quebrar así su voluntad, ya que en algunas culturas es el colmo de la humillación.Y la tecnología es el nuevo aliado del captor. En el caso de la «operación Alcadir», los agentes descubrieron un detalle que encendió todas las alarmas: el uso de un Apple AirTag es
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