Enero tiene fama de hacerse eterno. Después de los días libres y fiestas de Navidad, el primer mes del año nos devuelve de golpe a la rutina, al frío y a una agenda que vuelve a llenarse cuando todavía estamos digiriendo las doce uvas. Los días parecen avanzar más despacio, el calendario se mueve con pereza y la conocida cuesta de enero se suma a la sensación de cansancio general. Además, desde finales de año hay menos horas de luz y en enero se mezclan con más obligaciones y unas expectativas renovadas que hacen que dure más de 31 días. La biotecnóloga y divulgadora Azucena Martín explicó por qué ocurre esto en un hilo de su cuenta de X durante 2025.. Según explica en su red social, podemos encontrar el motivo de que enero parezca más largo de lo común en el mes de diciembre. Aunque hay a muchas personas que no le gustan las Navidades, estas fechas suelen ser una época cargada de vacaciones, fiestas, regalos y celebraciones, que generan felicidad. «Esa felicidad está ligada a la liberación de dopamina, la hormona encargada de mediar en los sistemas de recompensa» y estos son beneficiosos para nosotros como especie.. Esta liberación de dopamina puede alterar nuestra percepción del tiempo y generar la sensación de que este pasa más rápido de lo habitual. Es por eso que cuando estamos disfrutando de un momento y nos lo estamos pasando bien, se nos pasa volando. Según explica la biotecnóloga, esta época «se te ha hecho tan corta que quieres hacerlo otra vez». Sin embargo, después llega enero sin vacaciones ni fiestas y «ya no tenemos ese chupe de dopamina».. Además, este mes vivimos la temida cuesta de enero, donde muchas personas cuentan con menos dinero y a veces es vivido con bastante incertidumbre. Según algunos estudios, cuando sentimos terror viendo una película, el tiempo pasa más lento y enero, aunque no es terror como tal, sí que produce «una sensación de desazón que ralentiza nuestra percepción del tiempo». También, explica que con este mes ocurre algo parecido al efecto mandela y «como escuchamos a todo el mundo decir lo largo que se hace, al final sentimos que a nosotros también se nos hace eterno».
Con las vacaciones y celebraciones de Navidad hay una liberación de dopamina, la hormona encargada de mediar en los sistemas de recompensa.
Enero tiene fama de hacerse eterno. Después de los días libres y fiestas de Navidad, el primer mes del año nos devuelve de golpe a la rutina, al frío y a una agenda que vuelve a llenarse cuando todavía estamos digiriendo las doce uvas. Los días parecen avanzar más despacio, el calendario se mueve con pereza y la conocida cuesta de enero se suma a la sensación de cansancio general. Además, desde finales de año hay menos horas de luz y en enero se mezclan con más obligaciones y unas expectativas renovadas que hacen que dure más de 31 días. La biotecnóloga y divulgadora Azucena Martín explicó por qué ocurre esto en un hilo de su cuenta de X durante 2025.. Según explica en su red social, podemos encontrar el motivo de que enero parezca más largo de lo común en el mes de diciembre. Aunque hay a muchas personas que no le gustan las Navidades, estas fechas suelen ser una época cargada de vacaciones, fiestas, regalos y celebraciones, que generan felicidad. «Esa felicidad está ligada a la liberación de dopamina, la hormona encargada de mediar en los sistemas de recompensa» y estos son beneficiosos para nosotros como especie.. Esta liberación de dopamina puede alterar nuestra percepción del tiempo y generar la sensación de que este pasa más rápido de lo habitual. Es por eso que cuando estamos disfrutando de un momento y nos lo estamos pasando bien, se nos pasa volando. Según explica la biotecnóloga, esta época «se te ha hecho tan corta que quieres hacerlo otra vez». Sin embargo, después llega enero sin vacaciones ni fiestas y «ya no tenemos ese chupe de dopamina».. Además, este mes vivimos la temida cuesta de enero, donde muchas personas cuentan con menos dinero y a veces es vivido con bastante incertidumbre. Según algunos estudios, cuando sentimos terror viendo una película, el tiempo pasa más lento y enero, aunque no es terror como tal, sí que produce «una sensación de desazón que ralentiza nuestra percepción del tiempo». También, explica que con este mes ocurre algo parecido al efecto mandela y «como escuchamos a todo el mundo decir lo largo que se hace, al final sentimos que a nosotros también se nos hace eterno».
