El misil de crucero ruso Burevestnik, conocido por la OTAN como SSC-X-9 Skyfall, podría ser todavía más peligroso de lo que se conocía hasta ahora. No solo porque Rusia lo presenta como un arma de alcance casi ilimitado, sino porque su propio sistema de propulsión probablemente expulsa material radiactivo durante el vuelo. Esa es la conclusión de Jake Hecla y R. Scott Kemp, dos científicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts, MIT, que han analizado cómo puede funcionar realmente este misil de propulsión nuclear, según recoge NPR.. Durante años ha habido dudas sobre si las afirmaciones rusas acerca de la propulsión nuclear del Burevestnik eran técnicamente plausibles. El misil fue presentado por Vladímir Putin en 2018 como una de sus nuevas ‘superarmas’, junto a sistemas hipersónicos y torpedos nucleares. Desde entonces, el programa ha estado rodeado de secretismo, accidentes y pruebas fallidas. En 2019, una explosión en el mar Blanco mató a cinco científicos de Rosatom y provocó un pico de radiación en Severodvinsk. Se cree que aquel accidente estuvo relacionado con la recuperación de un reactor asociado a un prototipo del misil. No fue hasta el pasado octubre que Rusia pudo anunciar que se había probado exitosamente el misil.. El análisis del MIT apunta a que el Burevestnik no funciona como algunos proyectos de la Guerra Fría, como el misil estadounidense SLAM del Proyecto Pluto, que estaba pensado para usar un estatorreactor nuclear y volar a velocidades supersónicas. Según Hecla, el misil ruso es ‘muy obviamente un sistema subsónico’. A partir de imágenes de fuentes abiertas, los investigadores calculan que mide unos 9,5 metros de largo, tiene una envergadura de unos 5,6 metros y vuela alrededor de Mach 0,75, unos 925 km/h.. Los científicos creen que el Burevestnik utilizaría casi con toda seguridad un sistema nuclear de ciclo directo que toma aire de la atmósfera y lo hace pasar por el núcleo del reactor. No sería un reactor nuclear cerrado, como los que usan un circuito de refrigerante sellado para contener los materiales radiactivos. Ese tipo de diseño sería demasiado grande, pesado y complejo para un misil de este tamaño.. En un sistema de ciclo directo, el aire se toma de la atmósfera y pasa directamente por el núcleo del reactor. Un compresor obliga al aire a circular por miles de canales estrechos, similares a tubos, situados alrededor del combustible nuclear, donde el calor generado por la fisión nuclear eleva su temperatura. Al expandirse, el aire caliente sale por la parte trasera del motor y produce empuje. La ventaja es que permite una planta motriz más compacta. El problema es que el aire que pasa por el núcleo queda irradiado y puede arrastrar productos de la fisión.. Hecla sostiene que este diseño tiene muchas probabilidades de generar ‘una gran cantidad de material radiactivo en el escape’. Según el análisis, el misil dejaría tras de sí isótopos radiactivos de argón, criptón y carbono. Cuanto más tiempo permanezca en vuelo, más residuos dispersaría en la atmósfera y sobre la superficie situada debajo de su ruta.. Además, un vuelo prolongado podría corroer el núcleo del reactor por la combinación de calor y aire comprimido. Esa degradación interna generaría todavía más partículas radiactivas. En otras palabras, el misil no solo sería peligroso por la carga que pudiera llevar, sino por su funcionamiento normal.. Rusia afirma que el Burevestnik puede permanecer en el aire durante muchas horas. En octubre de 2025, Valeri Guerásimov, jefe del Estado Mayor ruso, anunció una prueba de 15 horas en el Ártico y dijo que esa duración ‘no es el límite’. Para el MIT, esa prueba demostraría que el misil ha conseguido un vuelo sostenido con energía nuclear, algo históricamente inédito.. Su utilidad militar, sin embargo, es discutible. El gran atractivo del Burevestnik es que podría lanzarse desde un lugar como el Ártico, permanecer en vuelo durante horas y aproximarse a su objetivo desde una dirección inesperada. Pero también sería lento, poco furtivo y, si realmente expulsa radiación, más fácil de rastrear. William Alberque, exdirector de estrategia, tecnología y control de armas del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, ha resumido el problema del diseño del Burevestnik a The War Zone. ‘Filtra radiación, lo que lo hace fácil de seguir; es lento y poco furtivo, lo que lo hace fácil de derribar; y el interior del misil se degrada durante el funcionamiento del reactor, lo que pone en duda su alcance “ilimitado”’, afirma.
Un análisis de científicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts sostiene que el Burevestnik usaría un motor de ciclo directo que toma aire del exterior, lo calienta en el reactor y lo expulsa con isótopos radiactivos
El misil de crucero ruso Burevestnik, conocido por la OTAN como SSC-X-9 Skyfall, podría ser todavía más peligroso de lo que se conocía hasta ahora. No solo porque Rusia lo presenta como un arma de alcance casi ilimitado, sino porque su propio sistema de propulsión probablemente expulsa material radiactivo durante el vuelo. Esa es la conclusión de Jake Hecla y R. Scott Kemp, dos científicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts, MIT, que han analizado cómo puede funcionar realmente este misil de propulsión nuclear, según recoge NPR.. Durante años ha habido dudas sobre si las afirmaciones rusas acerca de la propulsión nuclear del Burevestnik eran técnicamente plausibles. El misil fue presentado por Vladímir Putin en 2018 como una de sus nuevas ‘superarmas’, junto a sistemas hipersónicos y torpedos nucleares. Desde entonces, el programa ha estado rodeado de secretismo, accidentes y pruebas fallidas. En 2019, una explosión en el mar Blanco mató a cinco científicos de Rosatom y provocó un pico de radiación en Severodvinsk. Se cree que aquel accidente estuvo relacionado con la recuperación de un reactor asociado a un prototipo del misil. No fue hasta el pasado octubre que Rusia pudo anunciar que se había probado exitosamente el misil.. El análisis del MIT apunta a que el Burevestnik no funciona como algunos proyectos de la Guerra Fría, como el misil estadounidense SLAM del Proyecto Pluto, que estaba pensado para usar un estatorreactor nuclear y volar a velocidades supersónicas. Según Hecla, el misil ruso es ‘muy obviamente un sistema subsónico’. A partir de imágenes de fuentes abiertas, los investigadores calculan que mide unos 9,5 metros de largo, tiene una envergadura de unos 5,6 metros y vuela alrededor de Mach 0,75, unos 925 km/h.. Los científicos creen que el Burevestnik utilizaría casi con toda seguridad un sistema nuclear de ciclo directo que toma aire de la atmósfera y lo hace pasar por el núcleo del reactor. No sería un reactor nuclear cerrado, como los que usan un circuito de refrigerante sellado para contener los materiales radiactivos. Ese tipo de diseño sería demasiado grande, pesado y complejo para un misil de este tamaño.. En un sistema de ciclo directo, el aire se toma de la atmósfera y pasa directamente por el núcleo del reactor. Un compresor obliga al aire a circular por miles de canales estrechos, similares a tubos, situados alrededor del combustible nuclear, donde el calor generado por la fisión nuclear eleva su temperatura. Al expandirse, el aire caliente sale por la parte trasera del motor y produce empuje. La ventaja es que permite una planta motriz más compacta. El problema es que el aire que pasa por el núcleo queda irradiado y puede arrastrar productos de la fisión.. Hecla sostiene que este diseño tiene muchas probabilidades de generar ‘una gran cantidad de material radiactivo en el escape’. Según el análisis, el misil dejaría tras de sí isótopos radiactivos de argón, criptón y carbono. Cuanto más tiempo permanezca en vuelo, más residuos dispersaría en la atmósfera y sobre la superficie situada debajo de su ruta.. Además, un vuelo prolongado podría corroer el núcleo del reactor por la combinación de calor y aire comprimido. Esa degradación interna generaría todavía más partículas radiactivas. En otras palabras, el misil no solo sería peligroso por la carga que pudiera llevar, sino por su funcionamiento normal.. Rusia afirma que el Burevestnik puede permanecer en el aire durante muchas horas. En octubre de 2025, Valeri Guerásimov, jefe del Estado Mayor ruso, anunció una prueba de 15 horas en el Ártico y dijo que esa duración ‘no es el límite’. Para el MIT, esa prueba demostraría que el misil ha conseguido un vuelo sostenido con energía nuclear, algo históricamente inédito.. Su utilidad militar, sin embargo, es discutible. El gran atractivo del Burevestnik es que podría lanzarse desde un lugar como el Ártico, permanecer en vuelo durante horas y aproximarse a su objetivo desde una dirección inesperada. Pero también sería lento, poco furtivo y, si realmente expulsa radiación, más fácil de rastrear. William Alberque, exdirector de estrategia, tecnología y control de armas del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, ha resumido el problema del diseño del Burevestnik a The War Zone. ‘Filtra radiación, lo que lo hace fácil de seguir; es lento y poco furtivo, lo que lo hace fácil de derribar; y el interior del misil se degrada durante el funcionamiento del reactor, lo que pone en duda su alcance “ilimitado”’, afirma.
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