En una provincia donde la tradición y la identidad colectiva han encontrado históricamente en las hermandades uno de sus principales motores sociales, la exposición El legado de la fe. Restauración del patrimonio cofrade provincial se presenta como algo más que una muestra artística. Es, en realidad, el reflejo de un ecosistema cultural que genera empleo, protege oficios y fortalece vínculos entre municipios. La Diputación de Córdoba ha decidido mirar al patrimonio cofrade no solo desde la nostalgia o la devoción, sino también como un activo contemporáneo capaz de impulsar economía, formación y cohesión social.. La iniciativa, instalada en el Palacio de la Merced hasta el 27 de febrero, reúne 21 obras restauradas gracias a una línea de subvenciones públicas que ha permitido intervenir en más de sesenta piezas repartidas por la provincia. Más allá de la cifra, lo significativo es el enfoque: reconocer que el universo cofrade no es únicamente una manifestación religiosa o estética, sino también un tejido productivo que sostiene a artesanos, restauradores y profesionales especializados. Imagineros, orfebres, bordadores, conservadores o tallistas forman parte de un entramado laboral que, en muchos casos, depende directamente de la conservación del patrimonio.. Ese valor social se entiende mejor al observar el impacto de las ayudas impulsadas por la institución provincial. La convocatoria cubre hasta el 80 por ciento del presupuesto de cada proyecto, con un máximo de 20.000 euros, y ha pasado en apenas un año de respaldar a 69 hermandades a alcanzar a 112 entidades en 2025, superando los 1,2 millones de euros. La continuidad anunciada para 2026 confirma que no se trata de una medida puntual, sino de una estrategia pensada para consolidar un sector que combina tradición y empleo especializado.. La exposición, organizada con un enfoque didáctico en cuatro secciones —imaginería, talla y dorado, orfebrería y arte textil—, permite comprender la diversidad de disciplinas que confluyen en el patrimonio cofrade. Aunque no incluye imágenes titulares por la complejidad de su traslado, el visitante puede descubrir enseres cargados de historia y simbolismo, piezas que han acompañado durante siglos la vida espiritual y cultural de los pueblos cordobeses.. En el ámbito de la imaginería, destacan obras como la Santa Ana del convento de Montilla o la Santa Marina de Aguas Santas, patrona de Fernán Núñez, ambas restauradas por el imaginero Miguel Ángel Sánchez. Junto a ellas, un delicado Niño Jesús procedente de la parroquia de la Asunción de Luque, intervenido por Ana Infante de la Torre, evidencia la importancia de la restauración profesional para preservar la devoción popular sin perder el rigor artístico. Cada una de estas intervenciones ha supuesto horas de trabajo especializado, estudios técnicos y la participación de profesionales que encuentran en este patrimonio una fuente de estabilidad laboral.. La sección de talla y dorado muestra cómo el cuidado del detalle puede devolver la vida a piezas que forman parte de la memoria colectiva de los municipios. El frontal del respiradero del paso de Nuestro Padre Jesús Nazareno de El Carpio, restaurado por Rafael Barón bajo la supervisión de Jesús Zurita, dialoga con el trono de la Virgen de la Salud de Posadas, recuperado por Ana Camas. También sobresalen el candelabro arbóreo de la Archicofradía de Cabra y un frontal de altar del siglo XVII perteneciente a la Hermandad del Calvario de Montalbán. A ellos se suman las peanas del Cristo de Gracia y de la Soledad de La Rambla, ejemplos de cómo la intervención técnica permite prolongar la vida útil de piezas fundamentales en la estética procesional.. La orfebrería ocupa otro de los espacios clave de la muestra, recordando la relevancia de talleres especializados que siguen trabajando con técnicas tradicionales. La custodia de la parroquia de San Pedro de Nueva Carteya, realizada por talleres Angulo, la corona de la Reina de los Ángeles o los faroles del Nazareno de Palma del Río —fechados en el siglo XVII— ilustran la riqueza histórica de estas piezas. También destaca la cruz del Nazareno de Bujalance, cuya restauración ha permitido recuperar su valor original y devolverla al culto con todas las garantías de conservación.. El apartado textil revela, quizá de manera más evidente, la conexión entre patrimonio y empleo artesanal. La túnica antigua del Nazareno de Pozoblanco, restaurada en el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, comparte espacio con el Simpecado antiguo de la Hermandad del Rocío de Córdoba y la túnica del Nazareno de Villafranca, pieza del siglo XVIII intervenida por el bordador Juan Pablo Morales. Los grandes mantos de la Virgen de los Dolores de Pozoblanco y de la Virgen de la Esperanza del Prendimiento de Baena, restaurado por Bordados Eloy en Aguilar de la Frontera, reflejan el peso de un oficio que combina tradición, precisión técnica y creatividad contemporánea. A ellos se suman la saya de las Amapolas del convento de Capuchinos y el terno de la Compañía, restaurado por Antonio Villar, que completan un recorrido donde el hilo y la aguja cuentan también una historia de supervivencia profesional.. Lo relevante, más allá del valor artístico, es cómo cada una de estas actuaciones conecta a los municipios entre sí. Montilla, Fernán Núñez, Luque, Cabra, Baena o Pozoblanco aparecen representados a través de piezas que hablan de identidad compartida. La Diputación ha entendido que invertir en patrimonio cofrade no solo preserva objetos, sino que activa redes culturales y económicas en el territorio, fortaleciendo talleres locales y generando oportunidades laborales que, en muchos casos, fijan población y evitan la pérdida de oficios tradicionales.. Así, la exposición no se limita a mostrar obras restauradas; plantea una reflexión sobre el presente del sector cofrade. En una sociedad que busca equilibrar tradición y modernidad, estas iniciativas demuestran que el patrimonio puede ser motor de desarrollo y herramienta educativa. Las hermandades siguen siendo guardianas de la memoria colectiva, pero también agentes culturales que impulsan formación, turismo y economía creativa.. Al recorrer las salas del Palacio de la Merced, el visitante no solo contempla piezas bellas o antiguas; observa el resultado de una política pública que ha decidido apostar por la cultura como recurso social. El legado de la fe, lejos de quedar anclado en el pasado, se proyecta hacia el futuro como un ejemplo de cómo el arte, la tradición y el empleo pueden caminar juntos en la Córdoba contemporánea.
La Diputación provincial ha subvencionado la restauración de un gran valor patrimonial y sentimental
En una provincia donde la tradición y la identidad colectiva han encontrado históricamente en las hermandades uno de sus principales motores sociales, la exposición El legado de la fe. Restauración del patrimonio cofrade provincial se presenta como algo más que una muestra artística. Es, en realidad, el reflejo de un ecosistema cultural que genera empleo, protege oficios y fortalece vínculos entre municipios. La Diputación de Córdoba ha decidido mirar al patrimonio cofrade no solo desde la nostalgia o la devoción, sino también como un activo contemporáneo capaz de impulsar economía, formación y cohesión social.. La iniciativa, instalada en el Palacio de la Merced hasta el 27 de febrero, reúne 21 obras restauradas gracias a una línea de subvenciones públicas que ha permitido intervenir en más de sesenta piezas repartidas por la provincia. Más allá de la cifra, lo significativo es el enfoque: reconocer que el universo cofrade no es únicamente una manifestación religiosa o estética, sino también un tejido productivo que sostiene a artesanos, restauradores y profesionales especializados. Imagineros, orfebres, bordadores, conservadores o tallistas forman parte de un entramado laboral que, en muchos casos, depende directamente de la conservación del patrimonio.. Ese valor social se entiende mejor al observar el impacto de las ayudas impulsadas por la institución provincial. La convocatoria cubre hasta el 80 por ciento del presupuesto de cada proyecto, con un máximo de 20.000 euros, y ha pasado en apenas un año de respaldar a 69 hermandades a alcanzar a 112 entidades en 2025, superando los 1,2 millones de euros. La continuidad anunciada para 2026 confirma que no se trata de una medida puntual, sino de una estrategia pensada para consolidar un sector que combina tradición y empleo especializado.. La exposición, organizada con un enfoque didáctico en cuatro secciones —imaginería, talla y dorado, orfebrería y arte textil—, permite comprender la diversidad de disciplinas que confluyen en el patrimonio cofrade. Aunque no incluye imágenes titulares por la complejidad de su traslado, el visitante puede descubrir enseres cargados de historia y simbolismo, piezas que han acompañado durante siglos la vida espiritual y cultural de los pueblos cordobeses.. En el ámbito de la imaginería, destacan obras como la Santa Ana del convento de Montilla o la Santa Marina de Aguas Santas, patrona de Fernán Núñez, ambas restauradas por el imaginero Miguel Ángel Sánchez. Junto a ellas, un delicado Niño Jesús procedente de la parroquia de la Asunción de Luque, intervenido por Ana Infante de la Torre, evidencia la importancia de la restauración profesional para preservar la devoción popular sin perder el rigor artístico. Cada una de estas intervenciones ha supuesto horas de trabajo especializado, estudios técnicos y la participación de profesionales que encuentran en este patrimonio una fuente de estabilidad laboral.. La sección de talla y dorado muestra cómo el cuidado del detalle puede devolver la vida a piezas que forman parte de la memoria colectiva de los municipios. El frontal del respiradero del paso de Nuestro Padre Jesús Nazareno de El Carpio, restaurado por Rafael Barón bajo la supervisión de Jesús Zurita, dialoga con el trono de la Virgen de la Salud de Posadas, recuperado por Ana Camas. También sobresalen el candelabro arbóreo de la Archicofradía de Cabra y un frontal de altar del siglo XVII perteneciente a la Hermandad del Calvario de Montalbán. A ellos se suman las peanas del Cristo de Gracia y de la Soledad de La Rambla, ejemplos de cómo la intervención técnica permite prolongar la vida útil de piezas fundamentales en la estética procesional.. La orfebrería ocupa otro de los espacios clave de la muestra, recordando la relevancia de talleres especializados que siguen trabajando con técnicas tradicionales. La custodia de la parroquia de San Pedro de Nueva Carteya, realizada por talleres Angulo, la corona de la Reina de los Ángeles o los faroles del Nazareno de Palma del Río —fechados en el siglo XVII— ilustran la riqueza histórica de estas piezas. También destaca la cruz del Nazareno de Bujalance, cuya restauración ha permitido recuperar su valor original y devolverla al culto con todas las garantías de conservación.. El apartado textil revela, quizá de manera más evidente, la conexión entre patrimonio y empleo artesanal. La túnica antigua del Nazareno de Pozoblanco, restaurada en el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, comparte espacio con el Simpecado antiguo de la Hermandad del Rocío de Córdoba y la túnica del Nazareno de Villafranca, pieza del siglo XVIII intervenida por el bordador Juan Pablo Morales. Los grandes mantos de la Virgen de los Dolores de Pozoblanco y de la Virgen de la Esperanza del Prendimiento de Baena, restaurado por Bordados Eloy en Aguilar de la Frontera, reflejan el peso de un oficio que combina tradición, precisión técnica y creatividad contemporánea. A ellos se suman la saya de las Amapolas del convento de Capuchinos y el terno de la Compañía, restaurado por Antonio Villar, que completan un recorrido donde el hilo y la aguja cuentan también una historia de supervivencia profesional.. Lo relevante, más allá del valor artístico, es cómo cada una de estas actuaciones conecta a los municipios entre sí. Montilla, Fernán Núñez, Luque, Cabra, Baena o Pozoblanco aparecen representados a través de piezas que hablan de identidad compartida. La Diputación ha entendido que invertir en patrimonio cofrade no solo preserva objetos, sino que activa redes culturales y económicas en el territorio, fortaleciendo talleres locales y generando oportunidades laborales que, en muchos casos, fijan población y evitan la pérdida de oficios tradicionales.. Así, la exposición no se limita a mostrar obras restauradas; plantea una reflexión sobre el presente del sector cofrade. En una sociedad que busca equilibrar tradición y modernidad, estas iniciativas demuestran que el patrimonio puede ser motor de desarrollo y herramienta educativa. Las hermandades siguen siendo guardianas de la memoria colectiva, pero también agentes culturales que impulsan formación, turismo y economía creativa.. Al recorrer las salas del Palacio de la Merced, el visitante no solo contempla piezas bellas o antiguas; observa el resultado de una política pública que ha decidido apostar por la cultura como recurso social. El legado de la fe, lejos de quedar anclado en el pasado, se proyecta hacia el futuro como un ejemplo de cómo el arte, la tradición y el empleo pueden caminar juntos en la Córdoba contemporánea.
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