Castilla y León, región histórica donde las haya e imprescindible en la construcción de lo que hoy es España, es tierra de reyes y gestas. Una comunidad formada por los antiguos reinos de Castilla y de León, que puede presumir, y de hecho lo hace, de su magna historia forjada con sangre, sudor y lágrimas a lo largo de los siglos.. En estas líneas de hoy de LA RAZÓN, queremos acercar la figura de uno de los reyes que tuvo el Reino de Castilla y que apenas gobernó tres años bajo la regencia de su hermana Berenguela y la tutoría de la nobleza, ya que solo tenía diez años cuando accedió al trono: Enrique I de Castilla, al que la historia apenas recuerda salvo por su trágica muerte, fruto de la mala suerte, cuando apenas contaba con trece años de edad, al caerle una teja en la cabeza mientras jugaba a finales de mayo en el patio del Palacio Episcopal de Palencia. El brutal impacto provocó su muerte unos días más tarde.. El joven se hallaba jugando con otros donceles nobles de su edad, uno de ellos, Íñigo de Mendoza, arrojó un tejuelo que fue a herir al rey Enrique en la cabeza, según cuenta la Real Academia de Historia (RAH).. La herida era muy grave y ante el peligro de muerte, los médicos optaron por la intervención quirúrgica, esto es, por una trepanación, operación bien conocida por la medicina de la época, pero muy atrevida dado el instrumental con que se contaba en el siglo XIII.. Pero a pesar del empeño puesto, la operación no logró salvar la vida del regio paciente y éste murió el 6 de junio del año 1217. Sus restos mortales fueron llevados y ocultados en el castillo de Tariego por orden de don Álvaro; luego doña Berenguela trasladó el cadáver a su sepultura definitiva en las Huelgas Reales de Burgos.. Un fatal desenlace para el joven monarca que se produjo tal día como hoy, 6 de junio, pero de 1217, en el siglo XIII. O lo que es lo mismo, hace 809 años. Su muerte tuvo una gran repercusión posterior y, debido a lo que ocurrió, se pude decir que supuso uno de los acontecimientos más relevantes en la historia de España. Y es que al fallecer Enrique I sin descendencia, su hermana Berenguela renunció al trono cediendo la corona a su hijo, quien pasaría a reinar como Fernando III de Castilla, más conocido como «El Santo», el único Rey canonizado por la Iglesia Católica.. Un monarca que está considerado uno de los monarcas más influyentes de la historia de España gracias a su arrollador avance militar en la Reconquista y porque fue quien consiguió unificar los reinos de Castilla y de León. También fue un gran gestor cultural, ya que impulsó el uso del castellano y las grandes catedrales góticas.. Entre sus logros culturales, oficializó y promovió el uso del castellano en los documentos reales en sustitución del latín y colocó la primera piedra de la Catedral de Burgos además de iniciar la de Toledo y León. En materia educativa protegió y consolidó la Universidad de Salamanca para situarla al nivel de las mejores de Europa.. De origen humilde, nació en la pequeña localidad zamorana de Peleas de Arriba, conquistó bajo su reinado el territorio de un tercer reino en tierras andaluzas de unos 100.000 km2 que se encargó de repoblar de cristianos llamando a los castellanos, a los leoneses y a los gallegos a que se fueran allí a vivir ofreciéndoles casas y heredades.. Un rey títere. Pero dicho esto, regresamos a la figura del adolescente rey castellano cuya muerte propició la llegada de «El santo» al trono. Enrique I de Castilla ha pasado a la historia también como el único rey castellano que nunca llegó a gobernar.. Fue el menor de los diez hijos, ocho de ellos niñas, que tuvieron el rey de Castilla Alfonso VIII y la reina Leonor de Inglaterra. Fue bautizado con el nombre de Enrique en honor de su abuelo materno el rey Enrique II de Inglaterra.. La muerte imprevista de su hermano Fernando en Madrid el 14 de octubre de 1211, cuando iba a cumplir los veintidós años de edad, colocó al infante Enrique a la cabeza en el orden sucesorio, según cuenta la Real Academia de Historia de España.. Por eso a la muerte de su padre, el rey Alfonso VIII, en Gutierre Muñoz (Ávila) el 6 de octubre de 1214, y la de su madre unos días después gravemente enferma, provocó que fuera su hermana Berenguela, reina de León -que residía en la corte castellana desde que su matrimonio con Alfonso IX de León había sido anulado en 1204 por el papa Inocencio III y que estaba cargada de experiencia en la vida pública y en la vida familiar como madre de cuatro hijos-, quien se convirtiera en la regente del joven monarca.. A lo largo de su breve reinado, el joven rey fue un monarca títere dividido entre su hermana y heredera, la reina Berenguela, y su tutor, el conde Álvaro Núñez de Lara.. La regencia de la infanta Berenguela fue importunada por los miembros de la Casa de Lara, familia de la alta nobleza castellana, con Álvaro a la cabeza, quienes negaron a apoyar a la infanta Berenguela como regente del reino y la obligaron a renunciar a la regencia de su hermano para evitar los conflictos que caracterizaron los primeros años del reinado de su padre Alfonso VIII, cuando llegaron a producirse choques armados como la batalla de Lobregal o la batalla de Huete.. La tutela del conde de Lara produjo desavenencias entre la nobleza castellana, puesto que sus miembros temían el poder que con ella obtenían los miembros de la Casa de Lara, que desde un primer momento maniobraron a fin de consolidar su posición, concertando para ello, en el año 1215, el matrimonio de Enrique I de Castilla con la infanta Mafalda de Portugal, hija del Rey Sancho I de Portugal. El matrimonio del Rey se celebró en la ciudad de Burgos antes del día 29 de agosto, aunque nunca fue consumado y fue anulado al año siguiente, en 1216, por el papa Inocencio III, debido al grado de parentesco que había entre ambos cónyuges.. La anulación del matrimonio del Rey impulsó a Álvaro Núñez de Lara a concertar un nuevo matrimonio con Sancha, hija del Rey Alfonso IX de León, pretendiendo con ello unir los reinos de Castilla y León y apartar de la línea sucesoria de ambos reinos al infante Fernando de León, hijo de la la reina Berenguela y de Alfonso IX de León. El matrimonio no llegó a celebrarse debido a la defunción de Enrique.. A principios de abril de 1217 salía don Álvaro con su ejército de Valladolid, donde acababa de celebrar la Pascua y llevando consigo al Rey marchó contra la Tierra de Campos. Devastó primero el valle de Trigueros, ocupó el castillo de Montealegre y asedió Villalba de los Alcores; luego con el rey Enrique se trasladó a Palencia hospedándose en el Palacio Episcopal.. Aquí esperaba la tragedia.. Después de su defunción, el cadáver del Rey Enrique fue conducido por el conde Álvaro Núñez de Lara al municipio de Tariego de Cerrato para ocultar su muerte. Su hermana Berenguela, que le sucedió en el trono castellano, sin embargo se apoderó de la ciudad de Dueñas y envió a los obispos de Palencia y de Burgos a hacerse cargo de los restos mortales del difunto Rey y posteriormente los acompañó hasta el Monasterio de las Huelgas de Burgos donde recibieron sepultura.
El monarca, hijo de Alfonso VIII y la reina Leonor de Inglaterra, perdió la vida tal día como hoy de 1217 en Palencia cuando apenas contaba con trece años
Castilla y León, región histórica donde las haya e imprescindible en la construcción de lo que hoy es España, es tierra de reyes y gestas. Una comunidad formada por los antiguos reinos de Castilla y de León, que puede presumir, y de hecho lo hace, de su magna historia forjada con sangre, sudor y lágrimas a lo largo de los siglos.. En estas líneas de hoy de LA RAZÓN, queremos acercar la figura de uno de los reyes que tuvo el Reino de Castilla y que apenas gobernó tres años bajo la regencia de su hermana Berenguela y la tutoría de la nobleza, ya que solo tenía diez años cuando accedió al trono: Enrique I de Castilla, al que la historia apenas recuerda salvo por su trágica muerte, fruto de la mala suerte, cuando apenas contaba con trece años de edad, al caerle una teja en la cabeza mientras jugaba a finales de mayo en el patio del Palacio Episcopal de Palencia. El brutal impacto provocó su muerte unos días más tarde.. El joven se hallaba jugando con otros donceles nobles de su edad, uno de ellos, Íñigo de Mendoza, arrojó un tejuelo que fue a herir al rey Enrique en la cabeza, según cuenta la Real Academia de Historia (RAH).. La herida era muy grave y ante el peligro de muerte, los médicos optaron por la intervención quirúrgica, esto es, por una trepanación, operación bien conocida por la medicina de la época, pero muy atrevida dado el instrumental con que se contaba en el siglo XIII.. Pero a pesar del empeño puesto, la operación no logró salvar la vida del regio paciente y éste murió el 6 de junio del año 1217. Sus restos mortales fueron llevados y ocultados en el castillo de Tariego por orden de don Álvaro; luego doña Berenguela trasladó el cadáver a su sepultura definitiva en las Huelgas Reales de Burgos.. Un fatal desenlace para el joven monarca que se produjo tal día como hoy, 6 de junio, pero de 1217, en el siglo XIII. O lo que es lo mismo, hace 809 años. Su muerte tuvo una gran repercusión posterior y, debido a lo que ocurrió, se pude decir que supuso uno de los acontecimientos más relevantes en la historia de España. Y es que al fallecer Enrique I sin descendencia, su hermana Berenguela renunció al trono cediendo la corona a su hijo, quien pasaría a reinar como Fernando III de Castilla, más conocido como «El Santo», el único Rey canonizado por la Iglesia Católica.. Un monarca que está considerado uno de los monarcas más influyentes de la historia de España gracias a su arrollador avance militar en la Reconquista y porque fue quien consiguió unificar los reinos de Castilla y de León. También fue un gran gestor cultural, ya que impulsó el uso del castellano y las grandes catedrales góticas.. Entre sus logros culturales, oficializó y promovió el uso del castellano en los documentos reales en sustitución del latín y colocó la primera piedra de la Catedral de Burgos además de iniciar la de Toledo y León. En materia educativa protegió y consolidó la Universidad de Salamanca para situarla al nivel de las mejores de Europa.. De origen humilde, nació en la pequeña localidad zamorana de Peleas de Arriba, conquistó bajo su reinado el territorio de un tercer reino en tierras andaluzas de unos 100.000 km2 que se encargó de repoblar de cristianos llamando a los castellanos, a los leoneses y a los gallegos a que se fueran allí a vivir ofreciéndoles casas y heredades.. Pero dicho esto, regresamos a la figura del adolescente rey castellano cuya muerte propició la llegada de «El santo» al trono. Enrique I de Castilla ha pasado a la historia también como el único rey castellano que nunca llegó a gobernar.. Fue el menor de los diez hijos, ocho de ellos niñas, que tuvieron el rey de Castilla Alfonso VIII y la reina Leonor de Inglaterra. Fue bautizado con el nombre de Enrique en honor de su abuelo materno el rey Enrique II de Inglaterra.. La muerte imprevista de su hermano Fernando en Madrid el 14 de octubre de 1211, cuando iba a cumplir los veintidós años de edad, colocó al infante Enrique a la cabeza en el orden sucesorio, según cuenta la Real Academia de Historia de España.. Por eso a la muerte de su padre, el rey Alfonso VIII, en Gutierre Muñoz (Ávila) el 6 de octubre de 1214, y la de su madre unos días después gravemente enferma, provocó que fuera su hermana Berenguela, reina de León -que residía en la corte castellana desde que su matrimonio con Alfonso IX de León había sido anulado en 1204 por el papa Inocencio III y que estaba cargada de experiencia en la vida pública y en la vida familiar como madre de cuatro hijos-, quien se convirtiera en la regente del joven monarca.. A lo largo de su breve reinado, el joven rey fue un monarca títere dividido entre su hermana y heredera, la reina Berenguela, y su tutor, el conde Álvaro Núñez de Lara.. La regencia de la infanta Berenguela fue importunada por los miembros de la Casa de Lara, familia de la alta nobleza castellana, con Álvaro a la cabeza, quienes negaron a apoyar a la infanta Berenguela como regente del reino y la obligaron a renunciar a la regencia de su hermano para evitar los conflictos que caracterizaron los primeros años del reinado de su padre Alfonso VIII, cuando llegaron a producirse choques armados como la batalla de Lobregal o la batalla de Huete.. La tutela del conde de Lara produjo desavenencias entre la nobleza castellana, puesto que sus miembros temían el poder que con ella obtenían los miembros de la Casa de Lara, que desde un primer momento maniobraron a fin de consolidar su posición, concertando para ello, en el año 1215, el matrimonio de Enrique I de Castilla con la infanta Mafalda de Portugal, hija del Rey Sancho I de Portugal. El matrimonio del Rey se celebró en la ciudad de Burgos antes del día 29 de agosto, aunque nunca fue consumado y fue anulado al año siguiente, en 1216, por el papa Inocencio III, debido al grado de parentesco que había entre ambos cónyuges.. La anulación del matrimonio del Rey impulsó a Álvaro Núñez de Lara a concertar un nuevo matrimonio con Sancha, hija del Rey Alfonso IX de León, pretendiendo con ello unir los reinos de Castilla y León y apartar de la línea sucesoria de ambos reinos al infante Fernando de León, hijo de la la reina Berenguela y de Alfonso IX de León. El matrimonio no llegó a celebrarse debido a la defunción de Enrique.. A principios de abril de 1217 salía don Álvaro con su ejército de Valladolid, donde acababa de celebrar la Pascua y llevando consigo al Rey marchó contra la Tierra de Campos. Devastó primero el valle de Trigueros, ocupó el castillo de Montealegre y asedió Villalba de los Alcores; luego con el rey Enrique se trasladó a Palencia hospedándose en el Palacio Episcopal.. Aquí esperaba la tragedia.. Después de su defunción, el cadáver del Rey Enrique fue conducido por el conde Álvaro Núñez de Lara al municipio de Tariego de Cerrato para ocultar su muerte. Su hermana Berenguela, que le sucedió en el trono castellano, sin embargo se apoderó de la ciudad de Dueñas y envió a los obispos de Palencia y de Burgos a hacerse cargo de los restos mortales del difunto Rey y posteriormente los acompañó hasta el Monasterio de las Huelgas de Burgos donde recibieron sepultura.
Noticias de Castilla y León: última hora local en La Razón
