En mi recuerdo mi padre la cantaba mientras se afeitaba, su espejo no tan empañado: el tiempo desempaña los espejos. Y ya ha pasado tiempo: más de 60 años. Eran los años sesenta, y él cantaba y yo, cuatro o cinco, quizás incluso seis, cantaba con él: “Si dejamos nuestras casas por la guerra / nuestro hogar será el ínclito Madrid”. La palabra ínclito era un misterio fácil: mi padre me había contado que significaba uno que nunca pierde, como Boca —bueno, Boca lo agregaba yo—. En cambio la palabra Madrid era más complicada: en la canción era un lugar donde aquellos cantantes llegaban desde todos los rincones de la Tierra para tener un hogar nuevo; más allá de la canción, mi padre me había dicho que era una ciudad vieja, muy lejana, la más grande de un país que se llamaba España y que era la ciudad donde él había nacido y había vivido con los abuelos hasta sus 18, pero que entonces tuvieron que irse.. Seguir leyendo
Somos una de las escasísimas ciudades importantes de Occidente que nos dejamos gobernar por la derecha tonta. ¿Será que somos más necios?
En mi recuerdo mi padre la cantaba mientras se afeitaba, su espejo no tan empañado: el tiempo desempaña los espejos. Y ya ha pasado tiempo: más de 60 años. Eran los años sesenta, y él cantaba y yo, cuatro o cinco, quizás incluso seis, cantaba con él: “Si dejamos nuestras casas por la guerra / nuestro hogar será el ínclito Madrid”. La palabra ínclito era un misterio fácil: mi padre me había contado que significaba uno que nunca pierde, como Boca —bueno, Boca lo agregaba yo—. En cambio la palabra Madrid era más complicada: en la canción era un lugar donde aquellos cantantes llegaban desde todos los rincones de la Tierra para tener un hogar nuevo; más allá de la canción, mi padre me había dicho que era una ciudad vieja, muy lejana, la más grande de un país que se llamaba España y que era la ciudad donde él había nacido y había vivido con los abuelos hasta sus 18, pero que entonces tuvieron que irse.. Seguir leyendo
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