Déjenme que les diga que hay una forma de analfabetismo que no tiene nada que ver con no haber ido a la escuela. ¿Lo dudan? Sí, se presenta con un reloj caro o cambia de coche cada tres años y por si fuera poco pronuncia la palabra “éxito” como si fuese una contraseña privada… Me fascina verlos y mucho más escucharlos…. Es gente que sabe perfectamente cuánto cuesta una cocina italiana, pero jamás en su divina vida ha leído un poema entero. Personas capaces de discutir horas sobre hipotecas variables o metros útiles, y que, sin embargo, son incapaces de escribir cuatro líneas sin destrozar la sintaxis como quien atraviesa un jardín con una excavadora.. Sí, vivimos en la época del tener. Lo del ser, eso ya quedó para los filósofos fatigados y los profesores mal pagados. Tener coche. Tener casa. Tener terraza. Tener viajes. Tener un móvil que cuesta lo mismo que el salario mensual de quien limpia la oficina donde ese móvil se exhibe sobre la mesa.. La posesión se ha convertido en una forma de prestigio y, peor aún, en un sustituto de la personalidad.. Hay gente que cree que una biblioteca es decoración escandinava. Y. lo verdaderamente inquietante no es la ignorancia, porque todos ignoramos casi todo, lo alarmante es el orgullo contemporáneo de seguir siendo ignorante mientras se acumulan símbolos externos de prosperidad. Antes, quien no sabía algo solía callar. Hoy presume. Habla. E incluso levanta la voz. Lo bueno del asunto (sonrío) es que después hablan de inversiones, de marcas, de oportunidades, con la solemnidad de un ministro y el vocabulario de un catálogo de electrodomésticos.. Resulta curioso observar cómo muchos han convertido la vida en una permanente operación inmobiliaria. Todo se mide en propiedades, rentabilidades y apariencias. La casa ya no es refugio: es estatus. El coche ya no transporta: representa. Incluso las vacaciones se han vuelto una competición silenciosa entre quienes necesitan demostrar que existen a través de fotografías frente a piscinas infinitas.. Mientras tanto, la conversación desaparece. Porque la cultura (la verdadera) no consiste en citar autores rusos ni en escuchar ópera con gesto inteligente. ¡Cultura es tener curiosidad! Saber escuchar y entender matices. Poder escribir una carta sin cometer un asesinato gramatical. Comprender que el mundo no empieza en uno mismo ni termina en la pantalla del banco.. Hay personas con dos viviendas y ninguna idea propia.. Y eso termina notándose. Se percibe en la pobreza del lenguaje, en la agresividad del debate público, en la incapacidad de sostener una conversación sin recurrir a tópicos de redes sociales o frases aprendidas en algún podcast de hombres enfadados. Cuando el pensamiento desaparece, el ruido ocupa su lugar. Y el ruido, a diferencia de la inteligencia, suele venir amplificado.. Quizá por eso hay tanta gente obsesionada con comprar cosas: porque comprar es infinitamente más fácil que construirse. Adquirir un coche requiere dinero. Formarse exige tiempo, humildad y cierta capacidad para aceptar que uno no sabe demasiado. Y eso duele más que firmar una financiación a ocho años.. Al final, las sociedades no se hunden por falta de riqueza material. Se erosionan cuando dejan de considerar valioso el conocimiento. Cuando un futbolista que apenas articula dos frases coherentes se convierte en modelo social, y un profesor en una figura decorativa a la que nadie escucha. Cuando importa más enseñar el salón que la cabeza.. Entonces ocurre lo inevitable: abundan las cosas y escasean las personas.
«Resulta curioso observar cómo muchos han convertido la vida en una permanente operación inmobiliaria. Todo se mide en propiedades, rentabilidades y apariencias»
Déjenme que les diga que hay una forma de analfabetismo que no tiene nada que ver con no haber ido a la escuela. ¿Lo dudan? Sí, se presenta con un reloj caro o cambia de coche cada tres años y por si fuera poco pronuncia la palabra “éxito” como si fuese una contraseña privada… Me fascina verlos y mucho más escucharlos…. Es gente que sabe perfectamente cuánto cuesta una cocina italiana, pero jamás en su divina vida ha leído un poema entero. Personas capaces de discutir horas sobre hipotecas variables o metros útiles, y que, sin embargo, son incapaces de escribir cuatro líneas sin destrozar la sintaxis como quien atraviesa un jardín con una excavadora.. Sí, vivimos en la época del tener. Lo del ser, eso ya quedó para los filósofos fatigados y los profesores mal pagados. Tener coche. Tener casa. Tener terraza. Tener viajes. Tener un móvil que cuesta lo mismo que el salario mensual de quien limpia la oficina donde ese móvil se exhibe sobre la mesa.. La posesión se ha convertido en una forma de prestigio y, peor aún, en un sustituto de la personalidad.. Hay gente que cree que una biblioteca es decoración escandinava. Y. lo verdaderamente inquietante no es la ignorancia, porque todos ignoramos casi todo, lo alarmante es el orgullo contemporáneo de seguir siendo ignorante mientras se acumulan símbolos externos de prosperidad. Antes, quien no sabía algo solía callar. Hoy presume. Habla. E incluso levanta la voz. Lo bueno del asunto (sonrío) es que después hablan de inversiones, de marcas, de oportunidades, con la solemnidad de un ministro y el vocabulario de un catálogo de electrodomésticos.. Resulta curioso observar cómo muchos han convertido la vida en una permanente operación inmobiliaria. Todo se mide en propiedades, rentabilidades y apariencias. La casa ya no es refugio: es estatus. El coche ya no transporta: representa. Incluso las vacaciones se han vuelto una competición silenciosa entre quienes necesitan demostrar que existen a través de fotografías frente a piscinas infinitas.. Mientras tanto, la conversación desaparece. Porque la cultura (la verdadera) no consiste en citar autores rusos ni en escuchar ópera con gesto inteligente. ¡Cultura es tener curiosidad! Saber escuchar y entender matices. Poder escribir una carta sin cometer un asesinato gramatical. Comprender que el mundo no empieza en uno mismo ni termina en la pantalla del banco.. Hay personas con dos viviendas y ninguna idea propia.. Y eso termina notándose. Se percibe en la pobreza del lenguaje, en la agresividad del debate público, en la incapacidad de sostener una conversación sin recurrir a tópicos de redes sociales o frases aprendidas en algún podcast de hombres enfadados. Cuando el pensamiento desaparece, el ruido ocupa su lugar. Y el ruido, a diferencia de la inteligencia, suele venir amplificado.. Quizá por eso hay tanta gente obsesionada con comprar cosas: porque comprar es infinitamente más fácil que construirse. Adquirir un coche requiere dinero. Formarse exige tiempo, humildad y cierta capacidad para aceptar que uno no sabe demasiado. Y eso duele más que firmar una financiación a ocho años.. Al final, las sociedades no se hunden por falta de riqueza material. Se erosionan cuando dejan de considerar valioso el conocimiento. Cuando un futbolista que apenas articula dos frases coherentes se convierte en modelo social, y un profesor en una figura decorativa a la que nadie escucha. Cuando importa más enseñar el salón que la cabeza.. Entonces ocurre lo inevitable: abundan las cosas y escasean las personas.
Noticias de Castilla y León: última hora local en La Razón
