Aún recuerdo el primero robot cortacésped que tuve: el Parkside PMRDA 20-Li. Por 179 euros, era prácticamente un regalo. Tenía varias alturas de corte, una batería adecuada para cumplir con un jardín de 200 metros y ruedas adecuadas para no quedar atrapado. Eso sí, había que instalar un cable perimetral que le señalara los límites, hacerlo de modo que las cuchillas no lo cortaran en sus recorridos o que las ruedas se engancharan con él. Si esto ocurría, había que empezar otra vez la instalación. Tampoco tenía una detección de obstáculos muy fina ni podía ser controlado a distancia mediante una app. Era efectivo y básico. Eso ocurrió hace dos años. Durante ese lapso, comprar un robot cortacésped significó aceptar uno de dos compromisos. El primero consistía en optar por un modelo económico y dedicar una tarde entera a instalar un cable perimetral alrededor del jardín. El segundo pasaba por olvidarse de ese cable y disfrutar de una navegación mucho más inteligente, aunque a cambio hubiera que desembolsar más de 2.000 euros. Era un dilema en blanco o negro. Sin tonos intermedios. Hasta que llegó el MOVA ViAX 500. Es cierto que no es el robot más avanzado del mercado, ni pretende serlo. Y esa es probablemente su mayor ventaja. No busca competir con los modelos profesionales de gama alta. Su apuesta es mucho más interesante: ofrecer una experiencia muy cercana a la de esos equipos premium por un precio considerablemente más asequible (€750). En pocas palabras, lo que ha hecho MOVA con este cortacésped es lo que hace 10 años hizo Xiaomi con los móviles: acercar las altas prestaciones de los flagships a los precios de la gama media. Y, tras probarlo, esa sensación se mantiene durante prácticamente toda la experiencia de uso. La gran diferencia comienza antes de empezar a cortar. Aunque MOVA pone el foco en el sensor LiDAR de 360 grados, las cámaras con inteligencia artificial y el sistema de navegación, lo realmente importante comienza antes de ponerlo en marcha: no necesita instalar un cable perimetral. Con el ViAX 500 ese proceso desaparece prácticamente por completo. El robot crea un mapa del jardín mediante su sensor LiDAR y sus cámaras, mientras que la aplicación permite definir las distintas zonas de corte directamente desde el teléfono móvil. Si más adelante cambia la distribución del jardín, basta con modificar el mapa virtual en lugar de volver a instalar cientos de metros de cable. Para quienes instalamos un cable alguna vez, no es un detalle menor: cambia completamente la experiencia de uso. Ahorra tiempo, aumenta el control y facilita caprichos de corte, como distintas alturas dependiendo de la zona y recorridos aleatorios para evitar una sola forma de crecimiento, algo que hace que la hierba crezca más rígida. El resultado es un césped mucho más uniforme y tiempos de trabajo más contenidos. Durante las pruebas que realicé (jardín de casi 280 metros cuadrados, con muchos árboles)
Su mayor ventaja es que a los 10 minutos de sacarlo de la caja, ya está trabajando. Por una fracción de lo que cuesta la competencia.
Aún recuerdo el primero robot cortacésped que tuve: el Parkside PMRDA 20-Li. Por 179 euros, era prácticamente un regalo. Tenía varias alturas de corte, una batería adecuada para cumplir con un jardín de 200 metros y ruedas adecuadas para no quedar atrapado. Eso sí, había que instalar un cable perimetral que le señalara los límites, hacerlo de modo que las cuchillas no lo cortaran en sus recorridos o que las ruedas se engancharan con él. Si esto ocurría, había que empezar otra vez la instalación. Tampoco tenía una detección de obstáculos muy fina ni podía ser controlado a distancia mediante una app. Era efectivo y básico. Eso ocurrió hace dos años. Durante ese lapso, comprar un robot cortacésped significó aceptar uno de dos compromisos. El primero consistía en optar por un modelo económico y dedicar una tarde entera a instalar un cable perimetral alrededor del jardín. El segundo pasaba por olvidarse de ese cable y disfrutar de una navegación mucho más inteligente, aunque a cambio hubiera que desembolsar más de 2.000 euros. Era un dilema en blanco o negro. Sin tonos intermedios.Hasta que llegó el MOVA ViAX 500. Es cierto que no es el robot más avanzado del mercado, ni pretende serlo. Y esa es probablemente su mayor ventaja. No busca competir con los modelos profesionales de gama alta. Su apuesta es mucho más interesante: ofrecer una experiencia muy cercana a la de esos equipos premium por un precio considerablemente más asequible (€750). En pocas palabras, lo que ha hecho MOVA con este cortacésped es lo que hace 10 años hizo Xiaomi con los móviles: acercar las altas prestaciones de los flagships a los precios de la gama media. Y, tras probarlo, esa sensación se mantiene durante prácticamente toda la experiencia de uso. La gran diferencia comienza antes de empezar a cortar. Aunque MOVA pone el foco en el sensor LiDAR de 360 grados, las cámaras con inteligencia artificial y el sistema de navegación, lo realmente importante comienza antes de ponerlo en marcha: no necesita instalar un cable perimetral. Con el ViAX 500 ese proceso desaparece prácticamente por completo. El robot crea un mapa del jardín mediante su sensor LiDAR y sus cámaras, mientras que la aplicación permite definir las distintas zonas de corte directamente desde el teléfono móvil. Si más adelante cambia la distribución del jardín, basta con modificar el mapa virtual en lugar de volver a instalar cientos de metros de cable. Para quienes instalamos un cable alguna vez, no es un detalle menor: cambia completamente la experiencia de uso. Ahorra tiempo, aumenta el control y facilita caprichos de corte, como distintas alturas dependiendo de la zona y recorridos aleatorios para evitar una sola forma de crecimiento, algo que hace que la hierba crezca más rígida. El resultado es un césped mucho más uniforme y tiempos de trabajo más contenidos. Durante las pruebas que realicé (jardín de casi 280 metros cuadrados, con muchos á
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