Según los calendarios culturales de cada año, abril, mayo, junio y julio son los meses con mayor número de ferias del libro en España. Abril nos ha dejado con las jacarandas en flor, las casetas repletas de aventuras desplegadas en parques y avenidas, libreros inquietos que miran al cielo, y el recuerdo de dos grandes autores que se marcharon por estas fechas hace ya algunos años, pero que antes intentaron enseñarnos a mirar al mundo con palabras. Sí, porque, aunque no hayamos reparado en ello, uno no imagina con los ojos, lo hace con las palabras.. Antonio Buero Vallejo y Gabriel García Márquez, dos escritores separados por tierra, mar, género y tradición, pero unidos por una convicción común: la palabra no es un simple ornamento ni un entretenimiento fugaz, sino una forma de conciencia, de resistencia.. La palabra nos separa, nos junta, se nos clava, nos maltrata y nos acaricia; nos hace libres y también esclavos. Nos obliga a decidir, nos engaña en ocasiones y, al mismo tiempo, nos vuelve inmensos. Gracias a ellas tocamos el cielo y, por su culpa, nos invade el dolor, el derrumbe, la incomodidad o la belleza más inalcanzable que hubiéramos podido imaginar jamás. «Imaginar», qué palabra más emocionante.. Así, mientras las ferias del libro nos acompañan, los autores y lectores nos damos la mano, compartimos y vibramos juntos por un momento, la literatura vive una paradoja fértil. Nunca habíamos hablado tanto de cosas como la crisis de atención, lectores cansados, escritores poco exigentes consigo mismos, pantallas que devoran nuestro tiempo, y sin embargo el sector editorial atraviesa un momento de crecimiento sostenido.. En nuestro país, las ventas de libros superan los niveles previos a la crisis del 2008. Según los datos recogidos por la consultora GFK, en 2025 el mercado editorial volvió a firmar un año histórico, con cerca de 1250 millones de euros de facturación, lo que supone un crecimiento del 4 por ciento respecto al año anterior. Se venden más títulos que hace diez años, pero —peligro— no podemos afirmar que se lean del mismo modo ni con el mismo aliento.. Es evidente que algo ha cambiado: no solo la forma en la que leemos, sino también la manera de escribir. Estudios recientes en el ámbito de las humanidades digitales han demostrado que, en el último siglo, las frases de las novelas se han ido acortando de manera creciente. El fenómeno ha sido documentado a partir del análisis de miles de novelas publicadas entre los siglos XX y XXI. Antes del cambio de siglo, la media de palabras que contenía cada frase en una novela se movía entre veinte y veintidós; hoy no llega a doce. ¿Qué interpretación debemos dar a esta sintaxis más breve? ¿Obedece a un empobrecimiento literario? ¿Es la consecuencia de una lectura fragmentada? ¿O se trata de la condensación de información sin perdida de riqueza narrativa en las expectativas del lector contemporáneo? (Schöch Christof, Average sentence length in novels dataset, Zenodo).. No me atrevo a pensar hacia dónde vamos. La preocupación no es solo literaria, sino también educativa. En los últimos años, universidades del Reino Unido han comenzado a ofrecer cursos de «reading resilience» para ayudar a los estudiantes a recuperar la capacidad de enfrentarse a textos largos y complejos. Profesores universitarios cuentan que muchos alumnos llegan a las aulas con serias dificultades para mantener la concentración ante novelas largas o ensayos complejos. Se les tiene que enseñar, literalmente, a resistir: a sostener la atención, a convivir con la dificultad, a no abandonar la lectura al primer esfuerzo… Según The Times, a concentrarse en novelas extensas y análisis literarios.. En el país de Shakespeare, la caída del interés por la Literatura Inglesa ha llevado a las universidades a cambiar su enfoque. La lectura profunda se vuelve a enseñar… ahí dejo la más que inquietante paradoja.. Volvamos a García Márquez y Buero Vallejo. ¿Qué pasaría hoy con sus textos? ¿Qué será de las genealogías de García Márquez, de sus tiempos circulares, de sus mundos enteros en un solo párrafo? ¿Qué ocurriría con ese teatro de Buero Vallejo de palabras densas cargadas de responsabilidad moral? No puedo menos que preguntarme si tendrían hoy el mismo espacio editorial, si les publicarían sin pedirles que acortaran o aligeraran el texto, o sin esa consigna tan de moda en el mundo editorial: «El lector lo que quiere es que la trama avance sin retoricismos». Créanme, sé de lo que hablo.. Así, la primavera y sus ferias del libro llega como un espejo en el que mirarnos, como una estación en la que detenerse. Celebramos la abundancia del libro, confirmamos la buena salud del sector, pero Buero Vallejo y García Márquez nos obligan a pensar, a reconocer la importancia de la palabra poderosa. La literatura no es solo consumo, es una forma de entendernos, de habitar, y así debe seguir siendo.. El desafío ante el que nos encontramos no es conseguir que se publiquen cada vez más, sino preservar al escritor capaz de escribirlos y al lector capaz de leerlos. Nos estamos jugando el futuro de la palabra.. ¡Nos vemos en la Feria del libro de Valencia!. P.D: Hasta dentro de unos días. Y no se olviden de una cosa: el mar les espera.
El sector editorial atraviesa un momento de crecimiento sostenido
Según los calendarios culturales de cada año, abril, mayo, junio y julio son los meses con mayor número de ferias del libro en España. Abril nos ha dejado con las jacarandas en flor, las casetas repletas de aventuras desplegadas en parques y avenidas, libreros inquietos que miran al cielo, y el recuerdo de dos grandes autores que se marcharon por estas fechas hace ya algunos años, pero que antes intentaron enseñarnos a mirar al mundo con palabras. Sí, porque, aunque no hayamos reparado en ello, uno no imagina con los ojos, lo hace con las palabras.. Antonio Buero Vallejo y Gabriel García Márquez, dos escritores separados por tierra, mar, género y tradición, pero unidos por una convicción común: la palabra no es un simple ornamento ni un entretenimiento fugaz, sino una forma de conciencia, de resistencia.. La palabra nos separa, nos junta, se nos clava, nos maltrata y nos acaricia; nos hace libres y también esclavos. Nos obliga a decidir, nos engaña en ocasiones y, al mismo tiempo, nos vuelve inmensos. Gracias a ellas tocamos el cielo y, por su culpa, nos invade el dolor, el derrumbe, la incomodidad o la belleza más inalcanzable que hubiéramos podido imaginar jamás. «Imaginar», qué palabra más emocionante.. Así, mientras las ferias del libro nos acompañan, los autores y lectores nos damos la mano, compartimos y vibramos juntos por un momento, la literatura vive una paradoja fértil. Nunca habíamos hablado tanto de cosas como la crisis de atención, lectores cansados, escritores poco exigentes consigo mismos, pantallas que devoran nuestro tiempo, y sin embargo el sector editorial atraviesa un momento de crecimiento sostenido.. En nuestro país, las ventas de libros superan los niveles previos a la crisis del 2008. Según los datos recogidos por la consultora GFK, en 2025 el mercado editorial volvió a firmar un año histórico, con cerca de 1250 millones de euros de facturación, lo que supone un crecimiento del 4 por ciento respecto al año anterior. Se venden más títulos que hace diez años, pero —peligro— no podemos afirmar que se lean del mismo modo ni con el mismo aliento.. Es evidente que algo ha cambiado: no solo la forma en la que leemos, sino también la manera de escribir. Estudios recientes en el ámbito de las humanidades digitales han demostrado que, en el último siglo, las frases de las novelas se han ido acortando de manera creciente. El fenómeno ha sido documentado a partir del análisis de miles de novelas publicadas entre los siglos XX y XXI. Antes del cambio de siglo, la media de palabras que contenía cada frase en una novela se movía entre veinte y veintidós; hoy no llega a doce. ¿Qué interpretación debemos dar a esta sintaxis más breve? ¿Obedece a un empobrecimiento literario? ¿Es la consecuencia de una lectura fragmentada? ¿O se trata de la condensación de información sin perdida de riqueza narrativa en las expectativas del lector contemporáneo? (Schöch Christof, Average sentence length in novels dataset, Zenodo).. No me atrevo a pensar hacia dónde vamos. La preocupación no es solo literaria, sino también educativa. En los últimos años, universidades del Reino Unido han comenzado a ofrecer cursos de «reading resilience» para ayudar a los estudiantes a recuperar la capacidad de enfrentarse a textos largos y complejos. Profesores universitarios cuentan que muchos alumnos llegan a las aulas con serias dificultades para mantener la concentración ante novelas largas o ensayos complejos. Se les tiene que enseñar, literalmente, a resistir: a sostener la atención, a convivir con la dificultad, a no abandonar la lectura al primer esfuerzo… Según The Times, a concentrarse en novelas extensas y análisis literarios.. En el país de Shakespeare, la caída del interés por la Literatura Inglesa ha llevado a las universidades a cambiar su enfoque. La lectura profunda se vuelve a enseñar… ahí dejo la más que inquietante paradoja.. Volvamos a García Márquez y Buero Vallejo. ¿Qué pasaría hoy con sus textos? ¿Qué será de las genealogías de García Márquez, de sus tiempos circulares, de sus mundos enteros en un solo párrafo? ¿Qué ocurriría con ese teatro de Buero Vallejo de palabras densas cargadas de responsabilidad moral? No puedo menos que preguntarme si tendrían hoy el mismo espacio editorial, si les publicarían sin pedirles que acortaran o aligeraran el texto, o sin esa consigna tan de moda en el mundo editorial: «El lector lo que quiere es que la trama avance sin retoricismos». Créanme, sé de lo que hablo.. Así, la primavera y sus ferias del libro llega como un espejo en el que mirarnos, como una estación en la que detenerse. Celebramos la abundancia del libro, confirmamos la buena salud del sector, pero Buero Vallejo y García Márquez nos obligan a pensar, a reconocer la importancia de la palabra poderosa. La literatura no es solo consumo, es una forma de entendernos, de habitar, y así debe seguir siendo.. El desafío ante el que nos encontramos no es conseguir que se publiquen cada vez más, sino preservar al escritor capaz de escribirlos y al lector capaz de leerlos. Nos estamos jugando el futuro de la palabra.. ¡Nos vemos en la Feria del libro de Valencia!. P.D: Hasta dentro de unos días. Y no se olviden de una cosa: el mar les espera.
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