Llega el llamado mes del «orgullo» y España se prepara para recibir decenas de celebraciones y desfiles de la comunidad LGTBI, y pese a que el Gobierno lleva años ensalzando esta causa como una de sus principales banderas, la seguridad y la situación de las personas homosexuales no ha hecho sino empeorar en nuestro país.. Este mayo de 2026, España lideraba por primera vez el Rainbow Map 2026 de ILGA-Europe, un informe que evalúa la protección legal y las políticas públicas en relación con la comunidad LGTBI, con un sólido 89%, siendo considerado como uno de los mejores países para vivir en este sentido. Ahora bien, el análisis formal sitúa a España como un país enormemente cómodo, pero según los últimos datos revelados por parte del propio Ministerio de Derechos sociales del pasado abril, la realidad no parece ser tan positiva.. El informe al que hacemos mención es el «Estado del Odio LGTBI+ 2026» de la FELGTBI+, en el que se muestra una realidad compleja. Y es que según declaran las personas encuestadas, desde el 2024 la prevalencia del acoso público habría aumentado desde el 20% al 36% en el período estudiado. En cuanto a la violencia explícita, con ataques o asaltos, se ha disparado hasta el 22% desde el 7% de 2024. El informe afirma que en todo el ciclo histórico, estos son los peores resultados analizados, al mismo tiempo que en sus conclusiones finales alega que los datos oficiales ofrecidos por el Ministerio del Interior suelen ser incorrectos, ya que de forma sistémica se produciría una «situación de infra detección».. Este fracaso práctico se produce después de casi una década en la que el Ejecutivo ha convertido la agenda identitaria en prioridad absoluta. Lejos de generar más seguridad y aceptación, leyes como la Ley Trans de 2023 parecen haber contribuido a una mayor polarización social y, sobre todo, no haber generado ningún efecto real de protección ni de mejora de las condiciones.. Tras años de imposición legal acelerada, visibilidad obligada y criminalización de la discrepancia, una parte creciente de la sociedad percibe estas políticas como imposición ideológica más que como protección real, algo a lo que, en principio, nadie se opone.. La situación de España. Un libro muy interesante sobre esto es «We Have Never Been Woke: The Cultural Contradictions of a New Elite» (2024) del sociólogo Musa al-Gharbi. En él se analiza cómo estas políticas «progresistas», llevadas al extremo y teñidas por un aura de censura, estarían provocando que muchas personas que no tenían opinión o que estaban incluso a favor, se hayan situado en una posición totalmente contraria. Esto habría convertido causas legítimas, como en este caso la protección a las personas LGTBI, en soflamas políticas que han creado un debate que no existía, evitando avances y leyes reales y útiles en nombre de políticas de confrontación.. El informe de la consultora Llorente y Cuenca «El discurso de odio y el orgullo LGTBIQ+ en la conversación digital» de 2023 ya nos empezaba a avisar de la situación en España. Y es que el apoyo a este tipo de medidas había caído de forma masiva en las redes sociales y las personas críticas habían aumentado en España un 133% en escasos dos años. Datos más cercanos, en este caso, en junio de 2025 nos revelan también unos matices interesantes. El informe de IPSOS «Ipsos LGBT+ Pride Report 2025», muestra que el apoyo a las personas LGTBI no se ha reducido en esencia y que los grupos más jóvenes, Millennials y X, habitualmente señalados como extremistas por muchos, apoyan con más fuerza que ningún otro grupo la igualdad sexual.. El 78% apoya el matrimonio igualitario. El 81% cree que es necesario proteger a lesbianas, gays y bisexuales de la discriminación en el trabajo, la educación y la vivienda, y el 69% respalda leyes específicas para garantizar esa protección. Sin embargo, cuando se trata de temas más controvertidos y polémicos, el respaldo cae de forma más clara. Solo el 29% está a favor de que las personas trans compitan en categorías deportivas según su identidad de género (21 puntos menos que en 2021). El apoyo a tratamientos de reasignación de género en adolescentes con permiso de los padres baja al 61% (diez puntos menos desde 2021), y sólo el 56% acepta que las personas trans utilicen baños e instalaciones de un solo sexo según su identidad.. El orgullo de 2026 llega, por tanto, en un momento de profunda contradicción. Mientras la sociedad sigue apoyando la igualdad y la protección frente a la discriminación. El activismo radical y su alianza con el poder político han logrado desgastar la legitimidad de una causa que, manejada con más prudencia y menos dogmatismo, podría haber consolidado avances reales frente a la violencia que aumenta cada año. El experimento de convertir la agenda LGTBI en bandera de combate cultural ha demostrado, una vez más, que no se puede lograr nada cuando se impone mediante censura, simplificación y confrontación.
Casi una década de imposición ideológica ha generado más polarización, pero no ha mejorado las condiciones reales que necesita el colectivo
Llega el llamado mes del «orgullo» y España se prepara para recibir decenas de celebraciones y desfiles de la comunidad LGTBI, y pese a que el Gobierno lleva años ensalzando esta causa como una de sus principales banderas, la seguridad y la situación de las personas homosexuales no ha hecho sino empeorar en nuestro país.. Este mayo de 2026, España lideraba por primera vez el Rainbow Map 2026 de ILGA-Europe, un informe que evalúa la protección legal y las políticas públicas en relación con la comunidad LGTBI, con un sólido 89%, siendo considerado como uno de los mejores países para vivir en este sentido. Ahora bien, el análisis formal sitúa a España como un país enormemente cómodo, pero según los últimos datos revelados por parte del propio Ministerio de Derechos sociales del pasado abril, la realidad no parece ser tan positiva.. El informe al que hacemos mención es el «Estado del Odio LGTBI+ 2026» de la FELGTBI+, en el que se muestra una realidad compleja. Y es que según declaran las personas encuestadas, desde el 2024 la prevalencia del acoso público habría aumentado desde el 20% al 36% en el período estudiado. En cuanto a la violencia explícita, con ataques o asaltos, se ha disparado hasta el 22% desde el 7% de 2024. El informe afirma que en todo el ciclo histórico, estos son los peores resultados analizados, al mismo tiempo que en sus conclusiones finales alega que los datos oficiales ofrecidos por el Ministerio del Interior suelen ser incorrectos, ya que de forma sistémica se produciría una «situación de infra detección».. Este fracaso práctico se produce después de casi una década en la que el Ejecutivo ha convertido la agenda identitaria en prioridad absoluta. Lejos de generar más seguridad y aceptación, leyes como la Ley Trans de 2023 parecen haber contribuido a una mayor polarización social y, sobre todo, no haber generado ningún efecto real de protección ni de mejora de las condiciones.. Tras años de imposición legal acelerada, visibilidad obligada y criminalización de la discrepancia, una parte creciente de la sociedad percibe estas políticas como imposición ideológica más que como protección real, algo a lo que, en principio, nadie se opone.. Un libro muy interesante sobre esto es «We Have Never Been Woke: The Cultural Contradictions of a New Elite» (2024) del sociólogo Musa al-Gharbi. En él se analiza cómo estas políticas «progresistas», llevadas al extremo y teñidas por un aura de censura, estarían provocando que muchas personas que no tenían opinión o que estaban incluso a favor, se hayan situado en una posición totalmente contraria. Esto habría convertido causas legítimas, como en este caso la protección a las personas LGTBI, en soflamas políticas que han creado un debate que no existía, evitando avances y leyes reales y útiles en nombre de políticas de confrontación.. El informe de la consultora Llorente y Cuenca «El discurso de odio y el orgullo LGTBIQ+ en la conversación digital» de 2023 ya nos empezaba a avisar de la situación en España. Y es que el apoyo a este tipo de medidas había caído de forma masiva en las redes sociales y las personas críticas habían aumentado en España un 133% en escasos dos años. Datos más cercanos, en este caso, en junio de 2025 nos revelan también unos matices interesantes. El informe de IPSOS «Ipsos LGBT+ Pride Report 2025», muestra que el apoyo a las personas LGTBI no se ha reducido en esencia y que los grupos más jóvenes, Millennials y X, habitualmente señalados como extremistas por muchos, apoyan con más fuerza que ningún otro grupo la igualdad sexual.. El 78% apoya el matrimonio igualitario. El 81% cree que es necesario proteger a lesbianas, gays y bisexuales de la discriminación en el trabajo, la educación y la vivienda, y el 69% respalda leyes específicas para garantizar esa protección. Sin embargo, cuando se trata de temas más controvertidos y polémicos, el respaldo cae de forma más clara. Solo el 29% está a favor de que las personas trans compitan en categorías deportivas según su identidad de género (21 puntos menos que en 2021). El apoyo a tratamientos de reasignación de género en adolescentes con permiso de los padres baja al 61% (diez puntos menos desde 2021), y sólo el 56% acepta que las personas trans utilicen baños e instalaciones de un solo sexo según su identidad.. El orgullo de 2026 llega, por tanto, en un momento de profunda contradicción. Mientras la sociedad sigue apoyando la igualdad y la protección frente a la discriminación. El activismo radical y su alianza con el poder político han logrado desgastar la legitimidad de una causa que, manejada con más prudencia y menos dogmatismo, podría haber consolidado avances reales frente a la violencia que aumenta cada año. El experimento de convertir la agenda LGTBI en bandera de combate cultural ha demostrado, una vez más, que no se puede lograr nada cuando se impone mediante censura, simplificación y confrontación.
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