Seamos sinceros: el smartphone nos lo ha arrebatado todo. El tiempo, la forma de socializar, la libertad laboral, la creatividad, el modo de relacionarnos con el entorno y la manera de percibir el espacio-tiempo. La terrible máquina deja en pañales la adicción que teníamos a la televisión en los años 90 y nos convierte en zombis aletargados que solo piensan en cabrearse y frustrarse con la política, cual hooligans en una final. Antes el ocio lo inundaba todo y el mensaje estaba claro: «Diviértete, es la mejor época para la humanidad». Ahora el entretenimiento es otro: analizar la actividad sociopolítica hasta la extenuación y hacernos creer que el mundo siempre está a punto de acabarse.. La generación Alfa y la Z están mostrando un curioso viraje; para nosotros lo digital resultaba atractivo porque era la novedad, mientras que para ellos la auténtica vanguardia empieza a residir en lo analógico. No lo conocen, pero lo han visto en imágenes, series y películas, y quieren poder sentir las emociones que nosotros conocemos a la perfección.. Siempre digo que la era retro es el periodo comprendido entre 1970 y 1995. A partir de ahí llegó el movimiento Cybercore y su estética visual de optimismo metalizado y futurista ciberpunk, que brindaba por el año 2000 y cuyo estandarte es la película Matrix. Luego, en 2004, la Frutiger Aero inundó con sus burbujas, naturaleza, acuarios y estética azulada-verdosa un amable futuro que nunca llegaría a nuestras vidas. A partir de 2013 aterrizó el minimalismo puro y aplastó todos los logos en 3D, machacando la paleta de colores e imponiendo una escala de blancos y grises para vendernos que cualquier producto que cumpliera con esa estética era percibido como algo lujoso. «Nos la han colado, bacalao».. Todo el mundo se cree que tiene acceso al lujo solo por tomarse un refresco a precio de onza de oro en pleno centro de una neourbe. Porque las ciudades tampoco son ajenas a este fenómeno, y los negocios locales y cercanos que decoraban con sus rótulos y personalidad las calles durante décadas han ido cediendo terreno en favor del avance de las grandes marcas. Y ojo, que lo que se avecina con la industria del automóvil china va a ser como una bomba atómica para los fabricantes europeos.. Y en medio de todo esto, llegan los jóvenes queriendo volver a lo tangible; están hartos de imaginar emociones, citas, viajes y metas. Quieren vivirlos de verdad, ser protagonistas en primera persona y no contemplarlos a través de una pequeña pantalla. Esa es otra: recuerdo perfectamente cuando usar pantallas de pocas pulgadas te decían que era lo peor y que te compraras un televisor en condiciones. El mundo al revés.. De hecho, hay un movimiento que pisa con fuerza y que llega directamente desde EE. UU. como respuesta a la ansiedad digital a la que estamos sometidos. Sus seguidores se organizan en clubes cuyo requisito es dejar los dispositivos móviles a la entrada para socializar, leer y dibujar. También proliferan retos virales de 30 días sin usar el smartphone. Después vuelven a adquirir móviles básicos y adoptan la filosofía JOMO (Joy Of Missing Out), o lo que es lo mismo, la alegría de perderse cosas, como base psicológica.. La desintoxicación digital nace como respuesta a un mundo enfermo de sobreexposición e hiperconectividad, y han tenido que ser las nuevas generaciones quienes nos lo enseñen. Los expertos relacionan el uso continuo de las redes sociales con índices de depresión y niveles de ansiedad que pueden afectar seriamente a nuestras vidas. Depende de nosotros que ese futuro dichoso, donde lo digital y lo analógico formen las dos caras de una misma moneda, llegue de una vez y no nos sea arrebatado.
«Hay un movimiento que pisa con fuerza y que llega directamente desde EE. UU. como respuesta a la ansiedad digital a la que estamos sometidos»
Seamos sinceros: el smartphone nos lo ha arrebatado todo. El tiempo, la forma de socializar, la libertad laboral, la creatividad, el modo de relacionarnos con el entorno y la manera de percibir el espacio-tiempo. La terrible máquina deja en pañales la adicción que teníamos a la televisión en los años 90 y nos convierte en zombis aletargados que solo piensan en cabrearse y frustrarse con la política, cual hooligans en una final. Antes el ocio lo inundaba todo y el mensaje estaba claro: «Diviértete, es la mejor época para la humanidad». Ahora el entretenimiento es otro: analizar la actividad sociopolítica hasta la extenuación y hacernos creer que el mundo siempre está a punto de acabarse.. La generación Alfa y la Z están mostrando un curioso viraje; para nosotros lo digital resultaba atractivo porque era la novedad, mientras que para ellos la auténtica vanguardia empieza a residir en lo analógico. No lo conocen, pero lo han visto en imágenes, series y películas, y quieren poder sentir las emociones que nosotros conocemos a la perfección.. Siempre digo que la era retro es el periodo comprendido entre 1970 y 1995. A partir de ahí llegó el movimiento Cybercore y su estética visual de optimismo metalizado y futurista ciberpunk, que brindaba por el año 2000 y cuyo estandarte es la película Matrix. Luego, en 2004, la Frutiger Aero inundó con sus burbujas, naturaleza, acuarios y estética azulada-verdosa un amable futuro que nunca llegaría a nuestras vidas. A partir de 2013 aterrizó el minimalismo puro y aplastó todos los logos en 3D, machacando la paleta de colores e imponiendo una escala de blancos y grises para vendernos que cualquier producto que cumpliera con esa estética era percibido como algo lujoso. «Nos la han colado, bacalao».. Todo el mundo se cree que tiene acceso al lujo solo por tomarse un refresco a precio de onza de oro en pleno centro de una neourbe. Porque las ciudades tampoco son ajenas a este fenómeno, y los negocios locales y cercanos que decoraban con sus rótulos y personalidad las calles durante décadas han ido cediendo terreno en favor del avance de las grandes marcas. Y ojo, que lo que se avecina con la industria del automóvil china va a ser como una bomba atómica para los fabricantes europeos.. Y en medio de todo esto, llegan los jóvenes queriendo volver a lo tangible; están hartos de imaginar emociones, citas, viajes y metas. Quieren vivirlos de verdad, ser protagonistas en primera persona y no contemplarlos a través de una pequeña pantalla. Esa es otra: recuerdo perfectamente cuando usar pantallas de pocas pulgadas te decían que era lo peor y que te compraras un televisor en condiciones. El mundo al revés.. De hecho, hay un movimiento que pisa con fuerza y que llega directamente desde EE. UU. como respuesta a la ansiedad digital a la que estamos sometidos. Sus seguidores se organizan en clubes cuyo requisito es dejar los dispositivos móviles a la entrada para socializar, leer y dibujar. También proliferan retos virales de 30 días sin usar el smartphone. Después vuelven a adquirir móviles básicos y adoptan la filosofía JOMO (Joy Of Missing Out), o lo que es lo mismo, la alegría de perderse cosas, como base psicológica.. La desintoxicación digital nace como respuesta a un mundo enfermo de sobreexposición e hiperconectividad, y han tenido que ser las nuevas generaciones quienes nos lo enseñen. Los expertos relacionan el uso continuo de las redes sociales con índices de depresión y niveles de ansiedad que pueden afectar seriamente a nuestras vidas. Depende de nosotros que ese futuro dichoso, donde lo digital y lo analógico formen las dos caras de una misma moneda, llegue de una vez y no nos sea arrebatado.
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