Cuando los cardiólogos tienen que recomendar una disciplina que cuide el corazón lo primero que se les viene a la cabeza es el running o el spinning, incluso hay varios que suelen nombra la natación o ejercicios de resistencia física en el gimnasio. No obstante, para que la actividad física no le pase factura a las rodillas, la espalda o las caderas, la respuesta suele apuntar siempre a lo mismo, y esto es el yoga.. Durante los últimos años, esta faceta deportiva se ha ido abriendo hueco dentro del ámbito de la salud cardiovascular, dado a que se la relaciona con una herramienta bastante eficaz y muy infravalorada dado a que se tiene cierto prejuicio contra ella.. Según los expertos, el yoga, practicado con regularidad, contribuye a reducir la tensión arterial, mejorar los niveles de colesterol y bajar la frecuencia cardíaca en reposo.. Eso sí, el fin de practicar este deporte no implica que no se deba de dejar de lado otros ejercicios, ya que hay que seguir caminando a ligero, nadar o pedalear sobre una bicicleta, por ejemplo; el objetivo es incorporarla para que el corazón se vea beneficiado relajando el sistema nervioso de aquellos que la practican.. Y ahí está, probablemente, la gran particularidad de este deporte. El yoga combina posturas, control y respiración, combinación que activa el sistema nervioso parasimpático, el encargado de poner al cuerpo en modo ‘zen’. Esos minutos de relax tiene consecuencias muy concretas en el plano fisiológico, como pueden ser el descenso del cortisol, dilatación de los vasos sanguíneos, mejora de la función endotelial y una respuesta más eficiente del corazón ante el estrés.. La OMS recomienda un mínimo de 150 minutos semanales de actividad física. En personas con hipertensión leve o moderada, varios ensayos clínicos publicados en revistas como el European Journal of Preventive Cardiology han documentado caídas significativas, aunque beneficiosas, de la tensión sistólica tras semanas de práctica.. El componente respiratorio juega un papel crucial. Las técnicas de pranayama entrenan al diafragma y aumentan la variabilidad de la frecuencia cardíaca, indicador que los cardiólogos asocian con un corazón más resistente y mejor regulado.. Otra ventaja que trae consigo el yoga es la accesibilidad. Su práctica no está obligada a implicar una cuota de gimnasio, ni material caro, ni una condición física excelsa. Vale con una esterilla, un rincón del salón y media hora. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce practicar yoga como costumbre ayuda a alcanzar los 150 minutos semanales de actividad física recomendados para los adultos.
Estudios publicados en el European Journal of Preventive Cardiology demuestran caídas significativas de la tensión sistólica tras varias semanas practicándolo
Cuando los cardiólogos tienen que recomendar una disciplina que cuide el corazón lo primero que se les viene a la cabeza es el running o el spinning, incluso hay varios que suelen nombra la natación o ejercicios de resistencia física en el gimnasio. No obstante, para que la actividad física no le pase factura a las rodillas, la espalda o las caderas, la respuesta suele apuntar siempre a lo mismo, y esto es el yoga.. Durante los últimos años, esta faceta deportiva se ha ido abriendo hueco dentro del ámbito de la salud cardiovascular, dado a que se la relaciona con una herramienta bastante eficaz y muy infravalorada dado a que se tiene cierto prejuicio contra ella.. Según los expertos, el yoga, practicado con regularidad, contribuye areducir la tensión arterial, mejorar los niveles de colesterol y bajar la frecuencia cardíaca en reposo.. Eso sí, el fin de practicar este deporte no implica que no se deba de dejar de lado otros ejercicios, ya que hay que seguir caminando a ligero, nadar o pedalear sobre una bicicleta, por ejemplo; el objetivo es incorporarla para que el corazón se vea beneficiado relajando el sistema nervioso de aquellos que la practican.. Y ahí está, probablemente, la gran particularidad de este deporte. El yoga combina posturas, control y respiración, combinación que activa el sistema nervioso parasimpático, el encargado de poner al cuerpo en modo ‘zen’. Esos minutos de relax tiene consecuencias muy concretas en el plano fisiológico, como pueden ser el descenso del cortisol, dilatación de los vasos sanguíneos, mejora de la función endotelial y una respuesta más eficiente del corazón ante el estrés.. En personas con hipertensión leve o moderada, varios ensayos clínicos publicados en revistas como el European Journal of Preventive Cardiology han documentado caídas significativas, aunque beneficiosas, de la tensión sistólica tras semanas de práctica.. El componente respiratorio juega un papel crucial. Las técnicas de pranayama entrenan al diafragma y aumentan la variabilidad de la frecuencia cardíaca, indicador que los cardiólogos asocian con un corazón más resistente y mejor regulado.. Otra ventaja que trae consigo el yoga es la accesibilidad. Su práctica no está obligada a implicar una cuota de gimnasio, ni material caro, ni una condición física excelsa. Vale con una esterilla, un rincón del salón y media hora. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce practicar yoga como costumbre ayuda a alcanzar los 150 minutos semanales de actividad física recomendados para los adultos.
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