La Pasionaria se encontró con su antiguo amante por última vez en Roma el 14 de diciembre de 1975. Era su ochenta cumpleaños. El hombre, Francisco Antón, arrastraba las secuelas de haberse separado de ella. Se habían conocido en el Madrid del «¡No pasarán!», cuando él ya había pasado a su alcoba. Luego marcharon al exilio y Antón encontró el amor en los brazos de otra mujer. La Pasionaria, al enterarse, juró venganza y le denunció. Dijo que era espía del imperialismo, y el ex amante fue enviado a Siberia a enfriar su ardor amoroso. En Roma, ya viejos, con más recuerdos que futuro, se saludaron con la alegría hipócrita de los camaradas de partido.. Era necesario escenificar que el comunismo estaba unido ante la situación que se abría en España con la muerte de Franco y el inicio del reinado de Juan Carlos I. El PCE había organizado un encuentro en Roma bajo la estela del poderoso Partido Comunista Italiano (PCI). Allí estaba el periodista Manuel Vázquez Montalbán, asiduo de la prensa española ya fuera con su nombre o uno inventado, que pasaba por ser uno de los lápices más afilados de la izquierda. Le había enviado la revista «Triunfo», que se había convertido en la publicación progre del momento. El reportaje saldría en el número del 10 de enero de 1976.. La preparación del mitin romano de los comunistas fue minuciosa. Estaba propuesto para el 7 diciembre, pero decidieron aplazarlo una semana para no coincidir con los miles de peregrinos que llegaban a Roma por el Año Santo Católico. El retraso no vino mal porque Italia seguía conmocionada por el reciente asesinato a golpes del intelectual Pier Paolo Pasolini. Los comunistas aprovecharon ese tiempo para pegar carteles con el rostro de la Pasionaria por las calles de medio país. El PCI cubrió los gastos de hoteles, coches, autobuses y traducción simultánea.. El 12 de diciembre, dos días antes del acto principal, se celebró una ceremonia oficial en honor a Ibárruri en Piazza del Campidoglio. Presidió el acto Clelio Darida, alcalde de Roma. Allí este democristiano exaltó a la anticlerical[[LINK:TAG|||tag|||63361c695c059a26e23f85e7||| Segunda República española]] para criticar a la nueva monarquía de Juan Carlos I. La ceremonia concluyó con la entrega a la Pasionaria de una medalla de la capital en conmemoración de la batalla de Porta San Paolo contra los alemanes.. Dos días después, el 14 de diciembre, se produjo el mitin en el Palazzo dello Sport (Palasport), pensado para veinte mil espectadores. Las gradas se llenaron de puños en alto, banderas rojas y pancartas reivindicativas. Entre todos, cuatro mil almas eran españolas, algunas llegadas desde otros puntos de Europa. A la entrada del Palasport, el PCE puso una mesa vendiendo pósteres de la Pasionaria con un poema de Rafael Alberti. Se dice que vendieron los 20.000 que llevaron, que en la práctica supone una maquinaria de venta encomiable para quienes se dicen enemigos del mercado.. Propaganda y agitación. El acto lo abrió Alberti, el mismo que unos años antes escribió unos versos de elogio a Stalin. Al escritor le siguieron las palabras de algunos políticos italianos y un discurso de Santiago Carrillo. El líder del PCE dijo que el franquismo se acabaría cuando Ibárruri pudiera hablar en Madrid, y proclamó: «No habrá fuerza humana que pueda impedir el restablecimiento de la democracia en nuestra España». Tomó la palabra la Pasionaria, que hasta entonces había aplaudido los atentados de ETA, GRAPO y FRAP, y dijo que se hizo comunista por la opresión de la Iglesia. Concluyó con una promesa: «¡No os digo adiós, sino hasta pronto en Madrid!» y el público coreó «¡Sí, sí, sí… Dolores a Madrid!». Berlinguer, Secretario General del PCI, desatado, se subió a una silla para cerrar el acto, levantó el puño y se puso a gritar para que España se «normalizara».. Todo estaba guionizado, cada palabra y gesto, las pancartas y los coros, la posición de la gente en los graderíos, las sonrisas y los abrazos porque el PCI había pagado el rodaje de un documental titulado «Dolores e la Spagna», que fue estrenado en abril de 1976. Sin propaganda no había agitación que mereciera la pena. A los italianos les interesaba porque superaban el 30% de los votos. A los españoles para demostrar que tenían fuerza internacional y competir con el PSOE, el gran ausente durante el franquismo.. Con eso acabó el acto. Los vomitorios del estadio se llenaron de comunistas marchando al paso alegre de Raimon y Luis Pastor, que venía de publicar un disco en España titulado»Fidelidad» con la compañía Movieplay, que también llevaba a El Fary. Luego, las trattorias romanas se llenaron de brindis en español por la República, el comunismo y la Pasionaria.
Puños en alto y banderas rojas llenaron gradas italianas en un encuentro organizado por el PCE y donde se vendían pósteres de Ibárruri con poemas de Alberti
La Pasionaria se encontró con su antiguo amante por última vez en Roma el 14 de diciembre de 1975. Era su ochenta cumpleaños. El hombre, Francisco Antón, arrastraba las secuelas de haberse separado de ella. Se habían conocido en el Madrid del «¡No pasarán!», cuando él ya había pasado a su alcoba. Luego marcharon al exilio y Antón encontró el amor en los brazos de otra mujer. La Pasionaria, al enterarse, juró venganza y le denunció. Dijo que era espía del imperialismo, y el ex amante fue enviado a Siberia a enfriar su ardor amoroso. En Roma, ya viejos, con más recuerdos que futuro, se saludaron con la alegría hipócrita de los camaradas de partido.. Era necesario escenificar que el comunismo estaba unido ante la situación que se abría en España con la muerte de Franco y el inicio del reinado de Juan Carlos I. El PCE había organizado un encuentro en Roma bajo la estela del poderoso Partido Comunista Italiano (PCI). Allí estaba el periodista Manuel Vázquez Montalbán, asiduo de la prensa española ya fuera con su nombre o uno inventado, que pasaba por ser uno de los lápices más afilados de la izquierda. Le había enviado la revista «Triunfo», que se había convertido en la publicación progre del momento. El reportaje saldría en el número del 10 de enero de 1976.. La preparación del mitin romano de los comunistas fue minuciosa. Estaba propuesto para el 7 diciembre, pero decidieron aplazarlo una semana para no coincidir con los miles de peregrinos que llegaban a Roma por el Año Santo Católico. El retraso no vino mal porque Italia seguía conmocionada por el reciente asesinato a golpes del intelectual Pier Paolo Pasolini. Los comunistas aprovecharon ese tiempo para pegar carteles con el rostro de la Pasionaria por las calles de medio país. El PCI cubrió los gastos de hoteles, coches, autobuses y traducción simultánea.. El 12 de diciembre, dos días antes del acto principal, se celebró una ceremonia oficial en honor a Ibárruri en Piazza del Campidoglio. Presidió el acto Clelio Darida, alcalde de Roma. Allí este democristiano exaltó a la anticlerical Segunda República española para criticar a la nueva monarquía de Juan Carlos I. La ceremonia concluyó con la entrega a la Pasionaria de una medalla de la capital en conmemoración de la batalla de Porta San Paolo contra los alemanes.. Dos días después, el 14 de diciembre, se produjo el mitin en el Palazzo dello Sport (Palasport), pensado para veinte mil espectadores. Las gradas se llenaron de puños en alto, banderas rojas y pancartas reivindicativas. Entre todos, cuatro mil almas eran españolas, algunas llegadas desde otros puntos de Europa. A la entrada del Palasport, el PCE puso una mesa vendiendo pósteres de la Pasionaria con un poema de Rafael Alberti. Se dice que vendieron los 20.000 que llevaron, que en la práctica supone una maquinaria de venta encomiable para quienes se dicen enemigos del mercado.. El acto lo abrió Alberti, el mismo que unos años antes escribió unos versos de elogio a Stalin. Al escritor le siguieron las palabras de algunos políticos italianos y un discurso de Santiago Carrillo. El líder del PCE dijo que el franquismo se acabaría cuando Ibárruri pudiera hablar en Madrid, y proclamó: «No habrá fuerza humana que pueda impedir el restablecimiento de la democracia en nuestra España». Tomó la palabra la Pasionaria, que hasta entonces había aplaudido los atentados de ETA, GRAPO y FRAP, y dijo que se hizo comunista por la opresión de la Iglesia. Concluyó con una promesa: «¡No os digo adiós, sino hasta pronto en Madrid!» y el público coreó «¡Sí, sí, sí… Dolores a Madrid!». Berlinguer, Secretario General del PCI, desatado, se subió a una silla para cerrar el acto, levantó el puño y se puso a gritar para que España se «normalizara».. Todo estaba guionizado, cada palabra y gesto, las pancartas y los coros, la posición de la gente en los graderíos, las sonrisas y los abrazos porque el PCI había pagado el rodaje de un documental titulado «Dolores e la Spagna», que fue estrenado en abril de 1976. Sin propaganda no había agitación que mereciera la pena. A los italianos les interesaba porque superaban el 30% de los votos. A los españoles para demostrar que tenían fuerza internacional y competir con el PSOE, el gran ausente durante el franquismo.. Con eso acabó el acto. Los vomitorios del estadio se llenaron de comunistas marchando al paso alegre de Raimon y Luis Pastor, que venía de publicar un disco en España titulado»Fidelidad» con la compañía Movieplay, que también llevaba a El Fary. Luego, las trattorias romanas se llenaron de brindis en español por la República, el comunismo y la Pasionaria.
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