Una inabarcable y rico patrimonio, es el que atesora Castilla y León. No es para menos, la comunidad cuenta con un amplio y extenso territorio que ha vivido una y mil peripecias, y testigo de esas batallas se encuentran muchas joyas patrimoniales que han llegado hasta nuestros días, desde iglesias, monasterios, catedrales o construcciones centenarios e incluso milenarias.. Y donde se exhiben algunos de esos tesoros, que también se han salvado del expolio de magnates y de robos, incluso de los propios vecinos, es en pequeñas localidades, que sus habitantes veneran y salvaguardan, no sea que los fantasmas del pasado vuelvan a aparecer.. Nos acercamos hasta la provincia de Segovia. A una localidad pujante aún, gracias al negocio de la chacinería, que es el verdadero motor de la economía y del empleo de la zona en estos tiempos. Pero como tantas otras localidades segovianas goza de un importante patrimonio artístico y cultural. Se trata de la localidad de Carbonero el Mayor.. Y entre todo ese patrimonio colosal que atesora nos detenemos en la Iglesia de San Juan Bautista, ya que en su interior descansa una de las joyas y obras maestras del Renacimiento español. Una iglesia, cuyos orígenes nos llevan hasta el siglo XIII, pero es a finales del siglo XV, coincidiendo con el máximo esplendor de la zona, momento en el que el templo varía al estilo gótico, para posteriormente con nuevas obras, contar con reminiscencias barrocas.. Pero vamos al gran protagonista de este artículo, su retablo mayor, una de las obras más sobresalientes que se realizaron en el renacimiento castellano. Un retablo que aúna el estilo flamenco con la herencia italiana, dedicada a la figura de San Juan Bautista, y con un remarcado carácter antropológico donde predomina la exaltación de la fe.. Un retablo que cuenta con 21 tablas, distribuidas en cinco calles, con un cuerpo de tres pisos y un ático. En el banco sobresalen las figuras de los cuatro evangelistas con sus símbolos alados, y de todos ellos emerge la figura de San Lucas. A lo largo del primer cuerpo y la calle central salen representadas escenas de la vida de San Juan Bautista, rodeados de santos mártires y arcángeles. Todo con frisos con bajorrelieves y altorrelieves con cresterías que van coronando la tabla, y todo ello rodeado de una bella policromía, con la figura del Padre Eterno.. Baltasar Grande y Diego de Rosales se encuentran entre los autores de esta colosal obra, aunque la estrecha relación formal existente entre sus tablas ha hecho difícil dilucidar el autor de cada pintura.. Pero continuando nuestro periplo por Carbonero el Mayor nos lleva a descubrir otros encantos como los restos de las ermitas de San Miguel de Quintana y Santa Ágüeda, así como la iglesia de Fuentes, el Palacio del Sello del siglo XV al estilo isabelino o la ermita de Nuestra Señora del Bustar.. Y para los amantes del buen yantar, aquí uno debe probar su excelente repostería casera que va desde ciegas, rosquillas o florones; las carnes, desde el cochinillo al lechazo asado y ahora, en pleno invierno, los pucheros y platos de cuchara con unos estofados sobresalientes.
Este municipio, capital de la chacinería, cuenta con un legado patrimonial relevante
Una inabarcable y rico patrimonio, es el que atesora Castilla y León. No es para menos, la comunidad cuenta con un amplio y extenso territorio que ha vivido una y mil peripecias, y testigo de esas batallas se encuentran muchas joyas patrimoniales que han llegado hasta nuestros días, desde iglesias, monasterios, catedrales o construcciones centenarios e incluso milenarias.. Y donde se exhiben algunos de esos tesoros, que también se han salvado del expolio de magnates y de robos, incluso de los propios vecinos, es en pequeñas localidades, que sus habitantes veneran y salvaguardan, no sea que los fantasmas del pasado vuelvan a aparecer.. Nos acercamos hasta la provincia de Segovia. A una localidad pujante aún, gracias al negocio de la chacinería, que es el verdadero motor de la economía y del empleo de la zona en estos tiempos. Pero como tantas otras localidades segovianas goza de un importante patrimonio artístico y cultural. Se trata de la localidad de Carbonero el Mayor.. Y entre todo ese patrimonio colosal que atesora nos detenemos en la Iglesia de San Juan Bautista, ya que en su interior descansa una de las joyas y obras maestras del Renacimiento español. Una iglesia, cuyos orígenes nos llevan hasta el siglo XIII, pero es a finales del siglo XV, coincidiendo con el máximo esplendor de la zona, momento en el que el templo varía al estilo gótico, para posteriormente con nuevas obras, contar con reminiscencias barrocas.. Pero vamos al gran protagonista de este artículo, su retablo mayor, una de las obras más sobresalientes que se realizaron en el renacimiento castellano. Un retablo que aúna el estilo flamenco con la herencia italiana, dedicada a la figura de San Juan Bautista, y con un remarcado carácter antropológico donde predomina la exaltación de la fe.. Un retablo que cuenta con 21 tablas, distribuidas en cinco calles, con un cuerpo de tres pisos y un ático. En el banco sobresalen las figuras de los cuatro evangelistas con sus símbolos alados, y de todos ellos emerge la figura de San Lucas. A lo largo del primer cuerpo y la calle central salen representadas escenas de la vida de San Juan Bautista, rodeados de santos mártires y arcángeles. Todo con frisos con bajorrelieves y altorrelieves con cresterías que van coronando la tabla, y todo ello rodeado de una bella policromía, con la figura del Padre Eterno.. Baltasar Grande y Diego de Rosales se encuentran entre los autores de esta colosal obra, aunque la estrecha relación formal existente entre sus tablas ha hecho difícil dilucidar el autor de cada pintura.. Pero continuando nuestro periplo por Carbonero el Mayor nos lleva a descubrir otros encantos como los restos de las ermitas de San Miguel de Quintana y Santa Ágüeda, así como la iglesia de Fuentes, el Palacio del Sello del siglo XV al estilo isabelino o la ermita de Nuestra Señora del Bustar.. Y para los amantes del buen yantar, aquí uno debe probar su excelente repostería casera que va desde ciegas, rosquillas o florones; las carnes, desde el cochinillo al lechazo asado y ahora, en pleno invierno, los pucheros y platos de cuchara con unos estofados sobresalientes.
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