Observar la chapa y el maletero del automóvil que nos precede en un semáforo se ha convertido en una costumbre casi inconsciente para muchos conductores. Entre calcomanías que proclaman destinos playeros, siluetas familiares que enumeran miembros del hogar o escudos de equipos deportivos, emerge con frecuencia la figura estilizada de un pez cuyos trazos simples contrastan con la profundidad de su trasfondo.. Quienes lucen este emblema acuático no están declarando una afición especial por la pesca deportiva ni una inclinación desmedida por el sushi, sino que portan una declaración de principios que hunde sus raíces en los pasajes evangélicos y en las catacumbas del cristianismo primitivo.. El contorno inconfundible de este animal marino recibe el nombre de Ichthys, un vocablo tomado directamente del griego clásico que sirve como acrónimo para las palabras Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador.. En los textos que componen el Nuevo Testamento, la presencia del pez es recurrente y adquiere una dimensión que trasciende lo meramente alimenticio. Aparece multiplicándose por decenas para saciar a una multitud hambrienta, llenando las redes de unos pescadores desalentados en plena faena e incluso figura como el plato principal que el resucitado comparte con sus discípulos a orillas del lago Tiberíades.. Esta insistencia narrativa terminó por convertir al animal en una insignia natural para los primeros seguidores de aquel credo naciente.. Del disimulo en las persecuciones romanas al renacer sobre ruedas en el siglo XX. Fue en el contexto del siglo II cuando el pez adquirió su función más pragmática y discreta. Durante los períodos en que profesar la fe cristiana podía acarrear severas represalias por parte de las legiones imperiales, la comunidad de creyentes necesitaba mecanismos que les permitieran distinguir a los suyos sin alertar a los posibles delatores.. Cuentan los historiadores que un viajero podía dibujar con el dedo uno de los arcos del pez sobre la arena o la madera y aguardar a que su interlocutor completase la otra mitad del dibujo para confirmar que se hallaba ante un hermano de credo y no ante un enemigo.. Aquel gesto mudo se convirtió en una contraseña visual que protegía tanto la identidad de las personas como el acceso a los lugares de reunión.. Aquel lenguaje cifrado regresó con fuerza a la esfera pública en la década de 1970, cuando ciertos movimientos de renovación cristiana rescataron el Ichthys como distintivo de una espiritualidad vivida sin complejos.. La evolución de los materiales adhesivos y la cultura de la personalización automovilística hicieron el resto.. Hoy, la pequeña pieza de vinilo adherida a la pintura metalizada cumple una función similar a la del rosario que pende del espejo retrovisor o la estampa piadosa colocada sobre la guantera, aunque proyectada hacia el exterior. Actúa como un testigo silencioso que anuncia, a quien sepa interpretarlo, que tras el volante de ese utilitario viaja alguien que se reconoce heredero de una tradición bimilenaria que comenzó siendo un secreto susurrado entre sombras.
Un símbolo que viaja del Imperio romano hasta el portón trasero de los vehículos modernos, cargado de una historia clandestina y un mensaje religioso que ha sobrevivido veinte siglos
Observar la chapa y el maletero del automóvil que nos precede en un semáforo se ha convertido en una costumbre casi inconsciente para muchos conductores. Entre calcomanías que proclaman destinos playeros, siluetas familiares que enumeran miembros del hogar o escudos de equipos deportivos, emerge con frecuencia la figura estilizada de un pez cuyos trazos simples contrastan con la profundidad de su trasfondo.. Quienes lucen este emblema acuático no están declarando una afición especial por la pesca deportiva ni una inclinación desmedida por el sushi, sino que portan una declaración de principios que hunde sus raíces en los pasajes evangélicos y en las catacumbas del cristianismo primitivo.. El contorno inconfundible de este animal marino recibe el nombre de Ichthys, un vocablo tomado directamente del griego clásico que sirve como acrónimo para las palabras Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador.. En los textos que componen el Nuevo Testamento, la presencia del pez es recurrente y adquiere una dimensión que trasciende lo meramente alimenticio. Aparece multiplicándose por decenas para saciar a una multitud hambrienta, llenando las redes de unos pescadores desalentados en plena faena e incluso figura como el plato principal que el resucitado comparte con sus discípulos a orillas del lago Tiberíades.. Esta insistencia narrativa terminó por convertir al animal en una insignia natural para los primeros seguidores de aquel credo naciente.. Fue en el contexto del siglo II cuando el pez adquirió su función más pragmática y discreta. Durante los períodos en que profesar la fe cristiana podía acarrear severas represalias por parte de las legiones imperiales, la comunidad de creyentes necesitaba mecanismos que les permitieran distinguir a los suyos sin alertar a los posibles delatores.. Cuentan los historiadores que un viajero podía dibujar con el dedo uno de los arcos del pez sobre la arena o la madera y aguardar a que su interlocutor completase la otra mitad del dibujo para confirmar que se hallaba ante un hermano de credo y no ante un enemigo.. Aquel gesto mudo se convirtió en una contraseña visual que protegía tanto la identidad de las personas como el acceso a los lugares de reunión.. Aquel lenguaje cifrado regresó con fuerza a la esfera pública en la década de 1970, cuando ciertos movimientos de renovación cristiana rescataron el Ichthys como distintivo de una espiritualidad vivida sin complejos.. La evolución de los materiales adhesivos y la cultura de la personalización automovilística hicieron el resto.. Hoy, la pequeña pieza de vinilo adherida a la pintura metalizada cumple una función similar a la del rosario que pende del espejo retrovisor o la estampa piadosa colocada sobre la guantera, aunque proyectada hacia el exterior. Actúa como un testigo silencioso que anuncia, a quien sepa interpretarlo, que tras el volante de ese utilitario viaja alguien que se reconoce heredero de una tradición bimilenaria que comenzó siendo un secreto susurrado entre sombras.
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