La vida muchas veces son casualidades. Caprichos del destino. Y en esta ocasión, como confirma Mercedes de Córdoba, «Olvidadas (a las Sinsombrero)» es fruto de ese azar. Trabajando en otro proyecto, se topó de pronto con este grupo de mujeres de la Generación del 27 y ya no pudo quitárselas de encima. «Primero, fue una obsesión: me enfadé conmigo misma por no saber más de ellas; y luego, fue una obligación por ser mujer y artista. Gracias a ellas y a tantas otras de las que ni siquiera conocemos sus nombres yo hoy puedo firmar mis obras y dedicarme a lo que me gusta», sentencia la bailaora y coreógrafa que llega al Centro Danza Matadero los días 27 y 28 de marzo.. Ella y ellas en un encuentro imaginario. A través de un espacio íntimo en el que une su propio mundo con el de estas intelectuales a partir de un encuentro imaginario, la artista andaluza afronta la función con la «necesidad enfermiza» de sacar de la oscuridad, represión y silencio al que fueron sometidas a todas estas mujeres que rompieron las convenciones de su época, «pero que fueron silenciadas y olvidadas por la historia», explica.. Así, las Sinsombrero, pasadas por el filtro de De Córdoba, llegan a Madrid con el aval de su «madre», quizá en su trabajo aparentemente menos personal, y con el del Premio Lorca 2025 a mejor espectáculo español/flamenco.. La artista, dice, huye de «hacer algo clásico»; no quiere caer en lo «evidente». No se dicen sus nombres, ni sus obras. Ni tampoco hay sombreros que valgan; aquí no existen, han sido sustituidos por cubos de zinc y por los movimientos que surgen de todo ese estudio previo de la bailaora. Está la fuerza de Concha Méndez, la mujer que, además escritora, marcó la «pauta» de este espectáculo: «Me llegó a lo más hondo de mí cuando escuché ese audio en el que contaba el día en el que, estando con sus hermanos, llegó un amigo de la familia y les preguntó a todos los varones qué querían ser. A ella no le preguntaron, pero respondió que quería ser capitán de barco», explica. La contestación a aquella joven Méndez fue que se callase: «Las niñas no sois nada», recuerda la cordobesa de un gesto que pone en valor que la autora de «El solitario» tuviera las cosas muy claras: «Siempre quiso ser algo». De Córdoba también tiene muy presente otro nombre, el de Marga Gil: la figura del 27 que, afirma, más le ha marcado. En concreto, el rostro que encontró en una fotografía de internet. «La melancolía de sus ojos me transmitió que este mundo se le quedó completamente pequeño. Creo que ese es el motivo de su triste final», señala de una artista que se quitó la vida a los 24 años de un tiro. «Su obra me parece de otro mundo. Tenía un interior bastante perturbado o realista, según como lo mires. Fue muy tétrica».. Para la bailaora, la lucha de aquellas se ha metido en el tuétano de las mujeres de hoy –«eso se lleva en el ADN»– y su deber es dar la batalla contra el olvido: «¿Alguna vez os ha calado tanto una historia injusta hasta el punto de sentir en tu cuerpo el miedo, la angustia, la rabia y hasta las cicatrices que esta provoca? Esta la sentí así, dolió como propia. Como si hubiese estado dentro de cada una de ellas y es que, siendo mujer y artista, pienso que no es tan extraño», defiende la artista en el programa de mano.. Dónde: Centro Danza Matadero, Madrid. Cuándo: 27 y 28 de marzo. Cuánto: desde 27 euros.
La artista andaluza rinde tributo en Centro Danza Matadero a las Sinsombrero en un montaje que huye de lo evidente y de los clásico
La vida muchas veces son casualidades. Caprichos del destino. Y en esta ocasión, como confirma Mercedes de Córdoba, «Olvidadas (a las Sinsombrero)» es fruto de ese azar. Trabajando en otro proyecto, se topó de pronto con este grupo de mujeres de la Generación del 27 y ya no pudo quitárselas de encima. «Primero, fue una obsesión: me enfadé conmigo misma por no saber más de ellas; y luego, fue una obligación por ser mujer y artista. Gracias a ellas y a tantas otras de las que ni siquiera conocemos sus nombres yo hoy puedo firmar mis obras y dedicarme a lo que me gusta», sentencia la bailaora y coreógrafa que llega al Centro Danza Matadero los días 27 y 28 de marzo.. A través de un espacio íntimo en el que une su propio mundo con el de estas intelectuales a partir de un encuentro imaginario, la artista andaluza afronta la función con la «necesidad enfermiza» de sacar de la oscuridad, represión y silencio al que fueron sometidas a todas estas mujeres que rompieron las convenciones de su época, «pero que fueron silenciadas y olvidadas por la historia», explica.. Así, las Sinsombrero, pasadas por el filtro de De Córdoba, llegan a Madrid con el aval de su «madre», quizá en su trabajo aparentemente menos personal, y con el del Premio Lorca 2025 a mejor espectáculo español/flamenco.. La artista, dice, huye de «hacer algo clásico»; no quiere caer en lo «evidente». No se dicen sus nombres, ni sus obras. Ni tampoco hay sombreros que valgan; aquí no existen, han sido sustituidos por cubos de zinc y por los movimientos que surgen de todo ese estudio previo de la bailaora. Está la fuerza de Concha Méndez, la mujer que, además escritora, marcó la «pauta» de este espectáculo: «Me llegó a lo más hondo de mí cuando escuché ese audio en el que contaba el día en el que, estando con sus hermanos, llegó un amigo de la familia y les preguntó a todos los varones qué querían ser. A ella no le preguntaron, pero respondió que quería ser capitán de barco», explica. La contestación a aquella joven Méndez fue que se callase: «Las niñas no sois nada», recuerda la cordobesa de un gesto que pone en valor que la autora de «El solitario» tuviera las cosas muy claras: «Siempre quiso ser algo». De Córdoba también tiene muy presente otro nombre, el de Marga Gil: la figura del 27 que, afirma, más le ha marcado. En concreto, el rostro que encontró en una fotografía de internet. «La melancolía de sus ojos me transmitió que este mundo se le quedó completamente pequeño. Creo que ese es el motivo de su triste final», señala de una artista que se quitó la vida a los 24 años de un tiro. «Su obra me parece de otro mundo. Tenía un interior bastante perturbado o realista, según como lo mires. Fue muy tétrica».. Para la bailaora, la lucha de aquellas se ha metido en el tuétano de las mujeres de hoy –«eso se lleva en el ADN»– y su deber es dar la batalla contra el olvido: «¿Alguna vez os ha calado tanto una historia injusta hasta el punto de sentir en tu cuerpo el miedo, la angustia, la rabia y hasta las cicatrices que esta provoca? Esta la sentí así, dolió como propia. Como si hubiese estado dentro de cada una de ellas y es que, siendo mujer y artista, pienso que no es tan extraño», defiende la artista en el programa de mano.. Dónde: Centro Danza Matadero, Madrid. Cuándo: 27 y 28 de marzo. Cuánto: desde 27 euros.
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