La Escuela Taurina «Mar de Nubes» ha logrado lo que parecía imposible: seguir respirando en Zaragoza. Lo hará gracias a un nuevo local municipal que el Ayuntamiento ha cedido en el barrio del Actur, tras el último portazo de la Diputación Provincial. La negativa a permitir que los alumnos entrenen en la plaza de toros de la Misericordia no ha frenado a esta entidad, que lleva una década formando nuevos profesionales del toreo.. La alcaldesa, Natalia Chueca, anunció públicamente la cesión del espacio, subrayando que el consistorio mantendrá su apoyo a quienes defienden la tauromaquia con compromiso y trabajo. «Siempre encontraréis en nosotros la mano tendida para defender la cultura taurina sin complejos», declaró, en una frase que sonó tanto a respaldo como a posicionamiento frente a quienes vetan el uso de espacios públicos a esta expresión cultural.. El inmueble, situado en plaza Ortilla número 8, tiene algo más de 180 metros cuadrados y estará disponible durante los próximos cuatro años, con opción de prórroga. Aunque el espacio no tiene las dimensiones de un ruedo, permitirá entrenamientos básicos, visionados, reuniones y formación teórica, aspectos fundamentales para una escuela que ha hecho de la constancia su principal virtud.. El veto en La Misericordia ha servido de revulsivo. La moción rechazada por los grupos de izquierda en la Diputación no solo impidió el acceso al coso, sino que dejó claro el clima de hostilidad política hacia cualquier iniciativa vinculada al mundo del toro. En este contexto, la cesión del local es mucho más que un gesto logístico: es un acto de resistencia cultural.. Mar de Nubes ha aprendido a trabajar con lo justo. Sin grandes recursos ni lobbies detrás, la escuela ha mantenido vivo el pulso taurino en Zaragoza con paciencia, sacrificio y resultados. No tener plaza no significa quedarse sin vocación, y este nuevo espacio representa una pequeña victoria en un escenario que les pone más trabas que oportunidades.. Con este local, la escuela sigue adelante. Quizá no puedan aún pisar el albero de La Misericordia, pero sí podrán seguir preparando a los jóvenes que creen en el toreo como una forma de vida. Porque, en tiempos de cancelaciones y vetos, seguir en pie ya es una forma de torear.
Tras años de peticiones ignoradas, los jóvenes aspirantes a toerros tendrán un espacio para seguir en pie y defender una de las expresiones culturales más vivas de Aragón
La Escuela Taurina «Mar de Nubes» ha logrado lo que parecía imposible: seguir respirando en Zaragoza. Lo hará gracias a un nuevo local municipal que el Ayuntamiento ha cedido en el barrio del Actur, tras el último portazo de la Diputación Provincial. La negativa a permitir que los alumnos entrenen en la plaza de toros de la Misericordia no ha frenado a esta entidad, que lleva una década formando nuevos profesionales del toreo.. La alcaldesa, Natalia Chueca, anunció públicamente la cesión del espacio, subrayando que el consistorio mantendrá su apoyo a quienes defienden la tauromaquia con compromiso y trabajo. «Siempre encontraréis en nosotros la mano tendida para defender la cultura taurina sin complejos», declaró, en una frase que sonó tanto a respaldo como a posicionamiento frente a quienes vetan el uso de espacios públicos a esta expresión cultural.. El inmueble, situado en plaza Ortilla número 8, tiene algo más de 180 metros cuadrados y estará disponible durante los próximos cuatro años, con opción de prórroga. Aunque el espacio no tiene las dimensiones de un ruedo, permitirá entrenamientos básicos, visionados, reuniones y formación teórica, aspectos fundamentales para una escuela que ha hecho de la constancia su principal virtud.. El veto en La Misericordia ha servido de revulsivo. La moción rechazada por los grupos de izquierda en la Diputación no solo impidió el acceso al coso, sino que dejó claro el clima de hostilidad política hacia cualquier iniciativa vinculada al mundo del toro. En este contexto, la cesión del local es mucho más que un gesto logístico: es un acto de resistencia cultural.. Mar de Nubes ha aprendido a trabajar con lo justo. Sin grandes recursos ni lobbies detrás, la escuela ha mantenido vivo el pulso taurino en Zaragoza con paciencia, sacrificio y resultados. No tener plaza no significa quedarse sin vocación, y este nuevo espacio representa una pequeña victoria en un escenario que les pone más trabas que oportunidades.. Con este local, la escuela sigue adelante. Quizá no puedan aún pisar el albero de La Misericordia, pero sí podrán seguir preparando a los jóvenes que creen en el toreo como una forma de vida. Porque, en tiempos de cancelaciones y vetos, seguir en pie ya es una forma de torear.
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