Andalucía ha encontrado en el autoconsumo algo más que un complemento para la, denominada por la Junta, «revolución verde»: un acelerador. La comunidad cerró 2025 con cerca de 198.000 instalaciones en hogares y empresas y una potencia de 1.922 megavatios, lo que supone multiplicar por 243 el nivel existente en 2018. Ese salto explica buena parte del liderazgo andaluz en energías renovables, consolidado en la última legislatura con cifras que sitúan a la región en una posición inédita en el mapa energético nacional.. Casí el 70% –el 68,5%– de la electricidad producida en Andalucía tiene ya origen renovable –frente al 33,8% de hace siete años– y el consumo de energía procedente de estas fuentes alcanza el 21,5% del total, un 45% más. La fotografía es la de un sistema en transición acelerada, donde el autoconsumo ha dejado de ser marginal para convertirse en pieza estructural.. El crecimiento no se limita a los tejados. Desde el ejercicio 2019, la potencia renovable instalada ha aumentado en Andalucía un 184% hasta los 17.360 megavatios, con el objetivo inmediato de alcanzar los 20.000 MW a finales de 2026. En paralelo, la producción eléctrica verde se ha incrementado un 83%, hasta los 22.290 gigavatios hora en 2024, último dato consolidado. La comunidad andaluza no solo genera más energía limpia sino que la genera a mayor velocidad.. En ese avance, la fotovoltaica actúa como columna vertebral. En el año 2025, la comunidad andaluza lideró la producción nacional con 15.549 GWh, con un peso creciente del autoconsumo –2.320 GWh dentro de esta tecnología y 4.012 GWh en el conjunto del sistema–. El modelo energético se descentraliza mientras gana escala.. La Junta de Andalucía vincula este despliegue a la Estrategia Energética de Andalucía 2030, revisada al alza tras el impulso de los últimos años. El nuevo horizonte fija que las renovables representen el 82% de la generación eléctrica y el 48,5% del consumo final en el ejercicio 2030. Un objetivo que se apoya tanto en la expansión de la potencia instalada como en el cambio de hábitos de consumo.. El contexto internacional ha jugado a favor. La crisis energética global derivada de la guerra en Irán ha reforzado la necesidad de reducir la dependencia exterior y acelerar la soberanía energética. Andalucía, con una ventaja comparativa basada en sus recursos naturales –especialmente el sol–, ha aprovechado esa ventana de oportunidad.. A esa ecuación se suma el hidrógeno verde, la otra gran apuesta industrial para la región andaluza. El denominado Valle Andaluz del Hidrógeno Verde, impulsado por Moeve en Huelva y Cádiz, prevé movilizar hasta 5.000 millones de euros para situar a la comunidad en la vanguardia europea de este vector energético. La inversión inicial de 1.000 millones en el municipio onubense de Palos de la Frontera para biocombustibles es solo la primera pieza de un engranaje que busca descarbonizar sectores intensivos como el transporte marítimo o la industria pesada.. El impacto trasciende lo energético. Desde 2018, las emisiones de dióxido de carbono (CO₂) asociadas al consumo de energía han caído un 30%, mientras que el desarrollo de renovables a precios competitivos se ha convertido en un imán para la inversión. Andalucía ha captado más de 17.000 millones de euros en proyectos industriales en la legislatura, de los que más de 9.000 millones están vinculados directamente a la economía verde.. Reducción de costes. Ese dinamismo empieza además a permear en el tejido productivo local, con pymes que incorporan generación propia para reducir costes y ganar competitividad en un contexto de volatilidad energética.. El autoconsumo en la comunidad andaluza, más allá del dato agregado, se traduce en menores facturas, mayor resiliencia y una progresiva electrificación de la actividad económica. La transición energética deja así de ser un relato institucional para convertirse en una realidad tangible en polígonos, explotaciones agrarias y comunidades de vecinos.. El autoconsumo, en este contexto, funciona como síntoma y como causa. Síntoma de un cambio cultural en hogares y empresas; causa de una transformación estructural que ha alterado el equilibrio del sistema eléctrico. Andalucía, tradicionalmente dependiente, juega ahora a producir, consumir y atraer industria con la energía como palanca. La transición ya no es un horizonte. La estadística dibuja la ruta.
Casi 200.000 instalaciones impulsan un modelo que sostiene el 68,5% de la generación eléctrica
Andalucía ha encontrado en el autoconsumo algo más que un complemento para la, denominada por la Junta, «revolución verde»: un acelerador. La comunidad cerró 2025 con cerca de 198.000 instalaciones en hogares y empresas y una potencia de 1.922 megavatios, lo que supone multiplicar por 243 el nivel existente en 2018. Ese salto explica buena parte del liderazgo andaluz en energías renovables, consolidado en la última legislatura con cifras que sitúan a la región en una posición inédita en el mapa energético nacional.. Casí el 70% –el 68,5%– de la electricidad producida en Andalucía tiene ya origen renovable –frente al 33,8% de hace siete años– y el consumo de energía procedente de estas fuentes alcanza el 21,5% del total, un 45% más. La fotografía es la de un sistema en transición acelerada, donde el autoconsumo ha dejado de ser marginal para convertirse en pieza estructural.. El crecimiento no se limita a los tejados. Desde el ejercicio 2019, la potencia renovable instalada ha aumentado en Andalucía un 184% hasta los 17.360 megavatios, con el objetivo inmediato de alcanzar los 20.000 MW a finales de 2026. En paralelo, la producción eléctrica verde se ha incrementado un 83%, hasta los 22.290 gigavatios hora en 2024, último dato consolidado. La comunidad andaluza no solo genera más energía limpia sino que la genera a mayor velocidad.. En ese avance, la fotovoltaica actúa como columna vertebral. En el año 2025, la comunidad andaluza lideró la producción nacional con 15.549 GWh, con un peso creciente del autoconsumo –2.320 GWh dentro de esta tecnología y 4.012 GWh en el conjunto del sistema–. El modelo energético se descentraliza mientras gana escala.. La Junta de Andalucía vincula este despliegue a la Estrategia Energética de Andalucía 2030, revisada al alza tras el impulso de los últimos años. El nuevo horizonte fija que las renovables representen el 82% de la generación eléctrica y el 48,5% del consumo final en el ejercicio 2030. Un objetivo que se apoya tanto en la expansión de la potencia instalada como en el cambio de hábitos de consumo.. El contexto internacional ha jugado a favor. La crisis energética global derivada de la guerra en Irán ha reforzado la necesidad de reducir la dependencia exterior y acelerar la soberanía energética. Andalucía, con una ventaja comparativa basada en sus recursos naturales –especialmente el sol–, ha aprovechado esa ventana de oportunidad.. A esa ecuación se suma el hidrógeno verde, la otra gran apuesta industrial para la región andaluza. El denominado Valle Andaluz del Hidrógeno Verde, impulsado por Moeve en Huelva y Cádiz, prevé movilizar hasta 5.000 millones de euros para situar a la comunidad en la vanguardia europea de este vector energético. La inversión inicial de 1.000 millones en el municipio onubense de Palos de la Frontera para biocombustibles es solo la primera pieza de un engranaje que busca descarbonizar sectores intensivos como el transporte marítimo o la industria pesada.. El impacto trasciende lo energético. Desde 2018, las emisiones de dióxido de carbono (CO₂) asociadas al consumo de energía han caído un 30%, mientras que el desarrollo de renovables a precios competitivos se ha convertido en un imán para la inversión. Andalucía ha captado más de 17.000 millones de euros en proyectos industriales en la legislatura, de los que más de 9.000 millones están vinculados directamente a la economía verde.. Reducción de costes. Ese dinamismo empieza además a permear en el tejido productivo local, con pymes que incorporan generación propia para reducir costes y ganar competitividad en un contexto de volatilidad energética.. El autoconsumo en la comunidad andaluza, más allá del dato agregado, se traduce en menores facturas, mayor resiliencia y una progresiva electrificación de la actividad económica. La transición energética deja así de ser un relato institucional para convertirse en una realidad tangible en polígonos, explotaciones agrarias y comunidades de vecinos.. El autoconsumo, en este contexto, funciona como síntoma y como causa. Síntoma de un cambio cultural en hogares y empresas; causa de una transformación estructural que ha alterado el equilibrio del sistema eléctrico. Andalucía, tradicionalmente dependiente, juega ahora a producir, consumir y atraer industria con la energía como palanca. La transición ya no es un horizonte. La estadística dibuja la ruta.
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