Nunca me imaginé bailando cerca de Nacho Duato en un concierto. Menos aún imaginé que Nacho Duato bailaría igual que todos nosotros en un concierto. La realidad me lo reveló hace unos días en la emblemática Sala Sol, que inauguró Nacha Pop allá por los setenta. La democracia del ocio queda sintetizada cuando es indiferente cómo te muevas: porque solo importa que estás disfrutando.. Mi admirada Raquel Martos me invitó a aquel concierto. En el escenario, el grupo de Jordi Évole. Sí, Jordi Évole es vocalista de una banda y están de gira bajo el nombre de Los niños Jesús. Llevan ya años en la carretera. El plan era la excusa perfecta para encontrarnos más que por la expectativa artística.. Incluso pensé “otro de la tele que se aburre y monta un grupo para entretenerse”. Nadie negará que la lista de televisivos metidos a cantantes es larga. De David Hasselhoff a Javier Calvo. Mi sabia amiga Raquel, rápido, me corrigió el chascarrillo. Mejor los que invierten su prosperidad en alegría que los que la gastan en odio. Tenía razón. Empezó la primera canción y empezaron a caérseme todos los prejuicios de la cabeza. Porque Los niños Jesús no solo suenan bien, sino que nos devuelven al tarareo himnos con los que crecimos y que se habían quedado en el fondo de armario de nuestra memoria. Princesas de Pereza, Hago chas de Álex y Cristina Rosenvinge, Felicidad de La Cabra Mecánica… El revival nos conecta con los que fuimos y seguimos brincando. Así el concierto se va convirtiendo en una fiesta de recuerdos actualizada por las ironías sobre la trepidante actualidad de Évole: ácido que no chungo, libre que no liberal, progresista que no comunista. Y, sobre todo, de vuelta del qué dirán que no es lo mismo que estar de vuelta de todo: porque el de Cornellá sigue comprometido con su sociedad. Quizá, por tal implicación, no cantó A quién le importa lo que yo haga. Porque, claro, que queremos importar. Queremos que nos importemos los unos a los otros. Que nos respetemos, que nos admiremos, que nos empaticemos, que nos bailemos como bailemos. Tan relajados como Nacho Duato siendo uno más de la multitud.. Al acabar el show, Évole no se fue al hotel más caro de la ciudad. Se marchó con sus músicos al hostal Corazón de Madrid, a solo 170 pasos del hostal donde se alojó Federico García Lorca la primera vez que llegó a Madrid. La fama pasa, el verdadero éxito está en no perder la congregación de la convivencia. Suele ser la causa de los grandes males de los triunfadores del oficio de la tele. Dejan de pisar los barrios, dejan de sorprenderse con la belleza de la cotidianidad.. Entonces, me percaté de que Jordi Évole lo ha vuelto a hacer. Lleva una vida profesional desafiando nuestros prejuicios. Los ajenos. Y los propios, también. Estoy seguro. En 2008, giró un programa de humor para cubrir la campaña electoral en uno de los referentes del periodismo documental español desde la tele: Salvados. El Follonero de Buenafuente se transformó para siempre en Jordi Évole. Ahora, creí ir a una parodia de amigos jugando a ser músicos y terminamos celebrando los significados de las canciones que nos han traído prendida la ilusión hasta aquí. Imposible no vibrar el esqueleto. Imposible hasta para un bailarín y coreógrafo de primer nivel como Nacho Duato.
Desafía a los prejuicios con su banda ‘Los niños jesús’
20MINUTOS.ES – Televisión
Nunca me imaginé bailando cerca de Nacho Duato en un concierto. Menos aún imaginé que Nacho Duato bailaría igual que todos nosotros en un concierto. La realidad me lo reveló hace unos días en la emblemática Sala Sol, que inauguró Nacha Pop allá por los setenta. La democracia del ocio queda sintetizada cuando es indiferente cómo te muevas: porque solo importa que estás disfrutando.. Mi admirada Raquel Martos me invitó a aquel concierto. En el escenario, el grupo de Jordi Évole. Sí, Jordi Évole es vocalista de una banda y están de gira bajo el nombre de Los niños Jesús. Llevan ya años en la carretera. El plan era la excusa perfecta para encontrarnos más que por la expectativa artística.. Incluso pensé “otro de la tele que se aburre y monta un grupo para entretenerse”. Nadie negará que la lista de televisivos metidos a cantantes es larga. De David Hasselhoff a Javier Calvo. Mi sabia amiga Raquel, rápido, me corrigió el chascarrillo. Mejor los que invierten su prosperidad en alegría que los que la gastan en odio. Tenía razón. Empezó la primera canción y empezaron a caérseme todos los prejuicios de la cabeza. Porque Los niños Jesús no solo suenan bien, sino que nos devuelven al tarareo himnos con los que crecimos y que se habían quedado en el fondo de armario de nuestra memoria. Princesas de Pereza, Hago chas de Álex y Cristina Rosenvinge, Felicidad de La Cabra Mecánica… El revival nos conecta con los que fuimos y seguimos brincando. Así el concierto se va convirtiendo en una fiesta de recuerdos actualizada por las ironías sobre la trepidante actualidad de Évole: ácido que no chungo, libre que no liberal, progresista que no comunista. Y, sobre todo, de vuelta del qué dirán que no es lo mismo que estar de vuelta de todo: porque el de Cornellá sigue comprometido con su sociedad. Quizá, por tal implicación, no cantó A quién le importa lo que yo haga. Porque, claro, que queremos importar. Queremos que nos importemos los unos a los otros. Que nos respetemos, que nos admiremos, que nos empaticemos, que nos bailemos como bailemos. Tan relajados como Nacho Duato siendo uno más de la multitud.. Al acabar el show, Évole no se fue al hotel más caro de la ciudad. Se marchó con sus músicos al hostal Corazón de Madrid, a solo 170 pasos del hostal donde se alojó Federico García Lorca la primera vez que llegó a Madrid. La fama pasa, el verdadero éxito está en no perder la congregación de la convivencia. Suele ser la causa de los grandes males de los triunfadores del oficio de la tele. Dejan de pisar los barrios, dejan de sorprenderse con la belleza de la cotidianidad.. Entonces, me percaté de que Jordi Évole lo ha vuelto a hacer. Lleva una vida profesional desafiando nuestros prejuicios. Los ajenos. Y los propios, también. Estoy seguro. En 2008, giró un programa de humor para cubrir la campaña electoral en uno de los referentes del periodismo documental español desde la tele: Salvados. El Follonero de Buenafuente se transformó para siempre en Jordi Évole. Ahora, creí ir a una parodia de amigos jugando a ser músicos y terminamos celebrando los significados de las canciones que nos han traído prendida la ilusión hasta aquí. Imposible no vibrar el esqueleto. Imposible hasta para un bailarín y coreógrafo de primer nivel como Nacho Duato.
