«El que quiere hacer algo encuentra un medio; el que no quiere encuentra una excusa». Este antiguo proverbio árabe ha sobrevivido al paso de los siglos y continúa siendo una de las reflexiones más compartidas sobre la actitud con la que las personas afrontan los retos de la vida. Su mensaje gira en torno a una idea sencilla: la diferencia entre quienes consiguen avanzar y quienes terminan renunciando no siempre está en las circunstancias, sino en la forma de enfrentarse a ellas. Mientras unos buscan alternativas para superar los obstáculos, otros encuentran razones para no intentarlo. Lejos de prometer que el esfuerzo garantiza el éxito, el proverbio invita a reflexionar sobre la importancia de la determinación y la capacidad para buscar soluciones cuando aparecen las dificultades. Un consejo que sigue vigente siglos después Los sabios árabes utilizaban esta frase para explicar que una persona verdaderamente comprometida con un objetivo suele probar distintos caminos hasta alcanzarlo. En ese recorrido puede equivocarse, replantearse sus decisiones o encontrarse con numerosos obstáculos, pero mantiene la voluntad de seguir avanzando. Por el contrario, quien carece de esa convicción suele centrar su atención en los impedimentos. Las dificultades pasan a convertirse en el argumento perfecto para abandonar antes de tiempo y dejar a un lado sus aspiraciones. El proverbio no sostiene que cualquier meta sea fácil de conseguir ni que el trabajo duro garantice el éxito. Su enseñanza apunta más bien a que la actitud con la que se afrontan los problemas puede resultar determinante para encontrar una salida. Por qué esta reflexión sigue teniendo sentido hoy Aunque fue formulado hace siglos, muchos consideran que este proverbio resulta especialmente actual en una época marcada por las redes sociales, las plataformas de entretenimiento y las constantes distracciones digitales. Hoy existen más recursos que nunca para aprender nuevas habilidades, hacer ejercicio o emprender un proyecto personal. Sin embargo, también abundan las interrupciones que llevan a muchas personas a repetir frases como «no tengo tiempo» o «ya empezaré otro día». La reflexión invita precisamente a preguntarse si esas razones responden a obstáculos reales o, simplemente, a una falta de motivación. Reconocerlo puede ser el primer paso para cambiar de actitud. Los expertos en desarrollo personal suelen recomendar tres ideas que encajan con la filosofía del proverbio: ser sincero con uno mismo sobre lo que realmente se quiere hacer, comenzar con pequeños objetivos asumibles y centrar la atención en las posibles soluciones en lugar de hacerlo únicamente en los problemas.
Su mensaje gira en torno a una idea sencilla: la diferencia entre quienes consiguen avanzar y quienes terminan renunciando no siempre está en las circunstancias
«El que quiere hacer algo encuentra un medio; el que no quiere encuentra una excusa». Este antiguo proverbio árabe ha sobrevivido al paso de los siglos y continúa siendo una de las reflexiones más compartidas sobre la actitud con la que las personas afrontan los retos de la vida.Su mensaje gira en torno a una idea sencilla: la diferencia entre quienes consiguen avanzar y quienes terminan renunciando no siempre está en las circunstancias, sino en la forma de enfrentarse a ellas. Mientras unos buscan alternativas para superar los obstáculos, otros encuentran razones para no intentarlo.Lejos de prometer que el esfuerzo garantiza el éxito, el proverbio invita a reflexionar sobre la importancia de la determinación y la capacidad para buscar soluciones cuando aparecen las dificultades.Un consejo que sigue vigente siglos despuésLos sabios árabes utilizaban esta frase para explicar que una persona verdaderamente comprometida con un objetivo suele probar distintos caminos hasta alcanzarlo. En ese recorrido puede equivocarse, replantearse sus decisiones o encontrarse con numerosos obstáculos, pero mantiene la voluntad de seguir avanzando.Por el contrario, quien carece de esa convicción suele centrar su atención en los impedimentos. Las dificultades pasan a convertirse en el argumento perfecto para abandonar antes de tiempo y dejar a un lado sus aspiraciones.El proverbio no sostiene que cualquier meta sea fácil de conseguir ni que el trabajo duro garantice el éxito. Su enseñanza apunta más bien a que la actitud con la que se afrontan los problemas puede resultar determinante para encontrar una salida.Por qué esta reflexión sigue teniendo sentido hoyAunque fue formulado hace siglos, muchos consideran que este proverbio resulta especialmente actual en una época marcada por las redes sociales, las plataformas de entretenimiento y las constantes distracciones digitales.Hoy existen más recursos que nunca para aprender nuevas habilidades, hacer ejercicio o emprender un proyecto personal. Sin embargo, también abundan las interrupciones que llevan a muchas personas a repetir frases como «no tengo tiempo» o «ya empezaré otro día».La reflexión invita precisamente a preguntarse si esas razones responden a obstáculos reales o, simplemente, a una falta de motivación. Reconocerlo puede ser el primer paso para cambiar de actitud.Los expertos en desarrollo personal suelen recomendar tres ideas que encajan con la filosofía del proverbio: ser sincero con uno mismo sobre lo que realmente se quiere hacer, comenzar con pequeños objetivos asumibles y centrar la atención en las posibles soluciones en lugar de hacerlo únicamente en los problemas.
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