Estados Unidos ha entrado en una nueva fase de la guerra con drones al desplegar un nuevo UAV de ataque, económico, inspirado en el Shahed-136 iraní. La semana pasada, el Mando Central de EE. UU. (CENTCOM) anunció la creación de la Task Force Scorpion Strike (TFSS) y el estreno operativo de los Low-cost Unmanned Combat Attack Systems o LUCAS.. Se trata de munición merodeadora de un solo uso, pensada para volar de forma autónoma y ser desplegada en grandes cantidades a bajo coste. En la práctica, es la formalización de algo que Washington no esconde y es que buena parte de la tecnología procede del estudio de un Shahed-136 capturado.. En su comunicado del 3 de diciembre, CENTCOM destacaba que los drones LUCAS cuentan con un ‘amplio alcance’ y varias opciones de lanzamiento que van desde catapultas a despegue asistido por cohetes o sistemas montados sobre vehículos.. Lucas vs Shahaed-136. El LUCAS, desarrollado por la empresa estadounidense SpektreWorks en colaboración con el Pentágono, es un dron de ala en delta de unos tres metros de largo y algo más de dos de envergadura, muy similar en silueta al Shahed-136 iraní.. Según fuentes citadas por The War Zone, el diseño de LUCAS incorpora funciones de coordinación autónoma pensadas para ataques en enjambre y en red y la idea de CENTCOM es poder lanzarlo no solo desde posiciones en tierra, sino también desde otras plataformas, incluidos buques.. Documentación del Ejército estadounidense sitúa al Shahed-136 con un alcance de unos 2.000 kilómetros, una ojiva de unos 40 kilos y velocidades en torno a los 185 km/h, mientras que los datos del dron FLM-136 de SpektreWorks, muy cercano en diseño a LUCAS, hablan de varios cientos de kilómetros de alcance, hasta seis horas de vuelo y una carga útil más ligera.. Del Reaper a la guerra de drones sacrificables. A diferencia de plataformas avanzadas y caras como el MQ-9 Reaper, con un coste estimado de unos 30 millones de dólares por unidad, los LUCAS se sitúan en la franja de precio del Shahed, en torno a los 35.000 dólares por dron. Esa diferencia permite al Pentágono asumir tasas de pérdidas mucho más altas y responder de forma proporcional a los ataques con Shahed sin arriesgar aeronaves críticas para misiones de inteligencia, vigilancia o ataque de precisión.. Supone, además, un giro poco habitual por el que Washington adopta la lógica de guerra de drones baratos y en alto volumen que Irán y, más recientemente, Rusia han exportado a varios frentes.. Durante años, los Shahed-136 y Shahed-131 se han empleado a través de la red de milicias de Irán en Oriente Medio y por Rusia en sus ataques contra ciudades e infraestructuras ucranianas. Su bajo coste permite saturar defensas aéreas y golpear centros urbanos. Irán, además, ha exportado tecnología y conocimientos de producción, hasta el punto de que Moscú fabrica ya derivados locales a una escala lo bastante alta como para causar, según el medio, fricciones con Teherán.. Frente a esa apuesta, Estados Unidos ha confiado sobre todo en sistemas no tripulados más sofisticados. Pero la vulnerabilidad del Reaper frente a misiles superficie-aire, especialmente en las operaciones contra los hutíes respaldados por Irán en Yemen, ha dejado claro al Pentágono que necesita drones fácilmente reemplazables, pensados para operar en espacios aéreos muy disputados sin que su pérdida suponga un gran coste.. La ingeniería inversa, esta vez en dirección contraria. El programa LUCAS invierte una dinámica que lleva décadas funcionando en sentido opuesto, la de Irán copiando tecnología militar estadounidense sin permiso. Como recuerda el periodista de defensa Paul Iddon en Forbes, desde los años ochenta Teherán ha ido produciendo versiones no autorizadas de sistemas norteamericanos heredados del arsenal del Sha, adquiridos de forma encubierta o capturados en combate.. Entre los ejemplos más conocidos están el misil anticarro Toophan, basado en el TOW estadounidense, o el misil aire-aire de largo alcance Fakour-90, desarrollado a partir de componentes del AIM-54 Phoenix y del MIM-23 Hawk. Ese esfuerzo de ingeniería inversa se aceleró tras la captura, en 2011, de un dron furtivo estadounidense RQ-170 Sentinel, que dio pie a varios modelos iraníes de aeronaves no tripuladas de baja observabilidad.. Ahora el guion se ha invertido. Empresas estadounidenses han examinado un Shahed-136 dañado, obtenido años atrás, y han incorporado las lecciones de diseño y fabricación al desarrollo de LUCAS.. No deja de ser paradójico dado que numerosos análisis han demostrado que los propios Shahed dependen en gran medida de componentes occidentales, incluidos chips de navegación fabricados en Estados Unidos. El dron que Washington ha estudiado nunca fue, en sentido estricto, un producto plenamente autóctono iraní.. Iddon encuadra LUCAS en un patrón más amplio. En Oriente Medio es habitual reutilizar o someter a ingeniería inversa municiones sin detonar o capturadas. El ciclo continúa ahora que Rusia, según diversas informaciones, estaría transfiriendo a Irán misiles Javelin estadounidenses capturados para su análisis.. Con LUCAS ya operativo bajo el paraguas de la TFSS, Estados Unidos parece dispuesto a competir en la misma arena de drones baratos y alto volumen de producción que Irán ha contribuido a establecer. Así, el Pentágono asume que, en la guerra contemporánea, el ritmo lo marcan los sistemas asequibles y fáciles de fabricar, independientemente de quién los desarrollara primero.
De los 30 millones de dólares por cada MQ-9 Reaper a unos 35.000 $ por cada LUCAS
Estados Unidos ha entrado en una nueva fase de la guerra con drones al desplegar un nuevo UAV de ataque, económico, inspirado en el Shahed-136 iraní. La semana pasada, el Mando Central de EE. UU. (CENTCOM) anunció la creación de la Task Force Scorpion Strike (TFSS) y el estreno operativo de los Low-cost Unmanned Combat Attack Systems o LUCAS.. Se trata de munición merodeadora de un solo uso, pensada para volar de forma autónoma y ser desplegada en grandes cantidades a bajo coste. En la práctica, es la formalización de algo que Washington no esconde y es que buena parte de la tecnología procede del estudio de un Shahed-136 capturado.. En su comunicado del 3 de diciembre, CENTCOM destacaba que los drones LUCAS cuentan con un ‘amplio alcance’ y varias opciones de lanzamiento que van desde catapultas a despegue asistido por cohetes o sistemas montados sobre vehículos.. Lucas vs Shahaed-136. El LUCAS, desarrollado por la empresa estadounidense SpektreWorks en colaboración con el Pentágono, es un dron de ala en delta de unos tres metros de largo y algo más de dos de envergadura, muy similar en silueta al Shahed-136 iraní.. Según fuentes citadas por The War Zone, el diseño de LUCAS incorpora funciones de coordinación autónoma pensadas para ataques en enjambre y en red y la idea de CENTCOM es poder lanzarlo no solo desde posiciones en tierra, sino también desde otras plataformas, incluidos buques.. Documentación del Ejército estadounidense sitúa al Shahed-136 con un alcance de unos 2.000 kilómetros, una ojiva de unos 40 kilos y velocidades en torno a los 185 km/h, mientras que los datos del dron FLM-136 de SpektreWorks, muy cercano en diseño a LUCAS, hablan de varios cientos de kilómetros de alcance, hasta seis horas de vuelo y una carga útil más ligera.. Del Reaper a la guerra de drones sacrificables. A diferencia de plataformas avanzadas y caras como el MQ-9 Reaper, con un coste estimado de unos 30 millones de dólares por unidad, los LUCAS se sitúan en la franja de precio del Shahed, en torno a los 35.000 dólares por dron. Esa diferencia permite al Pentágono asumir tasas de pérdidas mucho más altas y responder de forma proporcional a los ataques con Shahed sin arriesgar aeronaves críticas para misiones de inteligencia, vigilancia o ataque de precisión.. Supone, además, un giro poco habitual por el que Washington adopta la lógica de guerra de drones baratos y en alto volumen que Irán y, más recientemente, Rusia han exportado a varios frentes.. Durante años, los Shahed-136 y Shahed-131 se han empleado a través de la red de milicias de Irán en Oriente Medio y por Rusia en sus ataques contra ciudades e infraestructuras ucranianas. Su bajo coste permite saturar defensas aéreas y golpear centros urbanos. Irán, además, ha exportado tecnología y conocimientos de producción, hasta el punto de que Moscú fabrica ya derivados locales a una escala lo bastante alta como para causar, según el medio, fricciones con Teherán.. Frente a esa apuesta, Estados Unidos ha confiado sobre todo en sistemas no tripulados más sofisticados. Pero la vulnerabilidad del Reaper frente a misiles superficie-aire, especialmente en las operaciones contra los hutíes respaldados por Irán en Yemen, ha dejado claro al Pentágono que necesita drones fácilmente reemplazables, pensados para operar en espacios aéreos muy disputados sin que su pérdida suponga un gran coste.. La ingeniería inversa, esta vez en dirección contraria. El programa LUCAS invierte una dinámica que lleva décadas funcionando en sentido opuesto, la de Irán copiando tecnología militar estadounidense sin permiso. Como recuerda el periodista de defensa Paul Iddon en Forbes, desde los años ochenta Teherán ha ido produciendo versiones no autorizadas de sistemas norteamericanos heredados del arsenal del Sha, adquiridos de forma encubierta o capturados en combate.. Entre los ejemplos más conocidos están el misil anticarro Toophan, basado en el TOW estadounidense, o el misil aire-aire de largo alcance Fakour-90, desarrollado a partir de componentes del AIM-54 Phoenix y del MIM-23 Hawk. Ese esfuerzo de ingeniería inversa se aceleró tras la captura, en 2011, de un dron furtivo estadounidense RQ-170 Sentinel, que dio pie a varios modelos iraníes de aeronaves no tripuladas de baja observabilidad.. Ahora el guion se ha invertido. Empresas estadounidenses han examinado un Shahed-136 dañado, obtenido años atrás, y han incorporado las lecciones de diseño y fabricación al desarrollo de LUCAS.. No deja de ser paradójico dado que numerosos análisis han demostrado que los propios Shahed dependen en gran medida de componentes occidentales, incluidos chips de navegación fabricados en Estados Unidos. El dron que Washington ha estudiado nunca fue, en sentido estricto, un producto plenamente autóctono iraní.. Iddon encuadra LUCAS en un patrón más amplio. En Oriente Medio es habitual reutilizar o someter a ingeniería inversa municiones sin detonar o capturadas. El ciclo continúa ahora que Rusia, según diversas informaciones, estaría transfiriendo a Irán misiles Javelin estadounidenses capturados para su análisis.. Con LUCAS ya operativo bajo el paraguas de la TFSS, Estados Unidos parece dispuesto a competir en la misma arena de drones baratos y alto volumen de producción que Irán ha contribuido a establecer. Así, el Pentágono asume que, en la guerra contemporánea, el ritmo lo marcan los sistemas asequibles y fáciles de fabricar, independientemente de quién los desarrollara primero.
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