Libertad Pedraza es consciente de lo que significa empezar una nueva vida lejos del lugar donde nació. Natural de Perú, dejó atrás su país para comenzar de nuevo en España y hoy, desde Burgos, abre las puertas de su casa en verano a Wahba Neymuna, una niña saharaui que desde el pasado 4 de julio se ha convertido en un miembro más de su familia gracias al programa ‘Vacaciones en Paz’ que desarrolla la Asociación Burgalesa Amigos del Pueblo Saharaui y que permite que durante julio y agosto, niños y niñas llegados del campamento de refugiados de Tinduf, en Argelia, disfruten de un verano diferente.. Para Libertad y su familia este ha sido el primer contacto con el programa ‘Vacaciones en paz’, y la llegada de la pequeña Wahba ha supuesto una gran alegría para ellos. Durante este período, Perú, España y el Sáhara se han dado la mano, y su historia demuestra que acoger también puede convertirse en un gesto de solidaridad que trasciende fronteras.. “La cultura enriquece mucho a las personas. Yo siempre había querido ser familia de acogida aquí en Burgos, y cuando llegó la oportunidad, me aferré a ella”, señala Libertad, que explica que conoció este programa gracias a un amigo, que compartió a través de sus redes sociales la noticia de que se buscaban familias para recibir a niños saharauis en verano. Fue como una señal, y Libertad y su marido no dudaron en presentar su solicitud para poder dar un hogar durante el verano a esos pequeños.. Así llegó a su hogar Wahba Neymuna, una niña de 10 años que ha podido disfrutar de estas vacaciones en compañía de los otros cuatro hijos de Libertad. Dos meses dan para mucho, y la familia ha querido que Wahba disfrute de cada minuto de su estancia en Burgos. Por ello, han aprovechado los fines de semana y las vacaciones también para viajar y conocer más rincones de España.. “Estamos todos muy contentos”, afirma Libertad, que reconoce que la adaptación ha sido un proceso de ir “poco a poco”, y recuerda que “vivir también es compartir lo bueno y lo malo”. Para ella, la acogida no tiene que ver con la caridad, sino con la justicia. “Es de justicia darles a estos niños un poco de vacaciones en paz, porque lo pasan muy mal en su país”, señala. Una experiencia que, además, siente que le aporta más de lo que ella entrega: “A veces es más egoísta que otra cosa, porque recibes más de lo que das”, afirma.. Un vínculo que crece cada verano. Sin embargo, Wahba no es la única que ha disfrutado de un verano diferente en Burgos. Desde principios de julio, una veintena de niños saharauis veranean en esta provincia. Algunos llegaban por primera vez a la ciudad, mientras otros han repetido experiencia. Es el caso del pequeño Ayub, un niño de doce años, que participó por primera vez en este programa cuando apenas tenía ocho años y este 2026 ha cumplido su quinto año con la familia de Eduardo Heras, presidente de la Asociación Burgalesa de Amigos del Pueblo Saharaui.. Su historia comenzó hace un lustro. Vinculado a la asociación y al programa ‘Vacaciones en paz’ desde hace años, un verano decidió sumarse a la iniciativa y acoger a uno de los pequeños en su hogar. Así llegó Ayub, un niño que recuerda “más tímido” al principio, pero que poco a poco fue adaptándose y juntos, cada verano, han ido construyendo una relación basada en el día a día, en compartir costumbres y en conocerse el uno al otro, permitiendo al burgalés conocer más acerca de la realidad del pueblo saharaui.. El vínculo ha crecido con el paso del tiempo. Lo que empezó con planes sencillos, como llevarle a la piscina, poco a poco fue evolucionando hasta compartir momentos cotidianos de una familia más. «Nos hemos ido adaptando a él, en el tiempo, en nuestras costumbres, procurando también abrir un poquito el horizonte de lo que él allí hace y las posibilidades que tendría aquí. Ha sido una experiencia súper positiva”, añade Eduardo.. El idioma tampoco ha sido una barrera. Aunque Eduardo reconoce que todavía le cuestan algunas expresiones, se comunican perfectamente y Ayub aprende muy rápido. La integración se refleja en pequeños detalles, como pedir ingredientes para preparar un postre, ayudar en la cocina o interesarse por actividades que forman parte de su verano en Burgos.. Para Heras, la acogida no consiste en enseñarles que una forma de vida es mejor que otra, sino en mostrarles una realidad diferente. “No se trata de enseñarles cosas nuestras y que esto es lo nuestro, lo bueno. Es abrirles un horizonte”, explica.. Una experiencia viva. El programa ‘Vacaciones en Paz’ comenzó a llevarse a cabo en Burgos en 1997. A punto de cumplir 30 años, esta iniciativa solidaria ha permitido que decenas de niños saharauis disfruten a lo largo de las décadas de un verano diferente, lejos de las temperaturas extremas y las duras condiciones de vida del desierto durante los meses estivales, al tiempo que conocen nuevas realidades y culturas.. Además del acompañamiento a las familias, la asociación facilita revisiones médicas, dentales y ópticas para los niños durante su estancia. En algunos casos, estos controles permiten detectar problemas de visión u otras necesidades que pueden atenderse durante el verano.. Las familias deben cumplir una serie de requisitos, entre ellos presentar certificados y comprometerse a que los menores regresen a sus hogares al finalizar el programa. Una experiencia que muchas deciden repetir cada verano y que, desde la asociación, animan a vivir a más burgaleses, invitándoles a acoger durante dos meses de verano a estos pequeños y a descubrir todo lo que esta experiencia puede aportar.
Libertad, peruana afincada en Burgos, y su familia reciben por primera vez en su hogar a Wahba, una pequeña saharaui que llegó a la ciudad a principios de julio dentro del programa ‘Vacaciones en paz’
Libertad Pedraza es consciente de lo que significa empezar una nueva vida lejos del lugar donde nació. Natural de Perú, dejó atrás su país para comenzar de nuevo en España y hoy, desde Burgos, abre las puertas de su casa en verano a Wahba Neymuna, una niña saharaui que desde el pasado 4 de julio se ha convertido en un miembro más de su familia gracias al programa ‘Vacaciones en Paz’ que desarrolla la Asociación Burgalesa Amigos del Pueblo Saharaui y que permite que durante julio y agosto, niños y niñas llegados del campamento de refugiados de Tinduf, en Argelia, disfruten de un verano diferente.. Para Libertad y su familia este ha sido el primer contacto con el programa ‘Vacaciones en paz’, y la llegada de la pequeña Wahba ha supuesto una gran alegría para ellos. Durante este período, Perú, España y el Sáhara se han dado la mano, y su historia demuestra que acoger también puede convertirse en un gesto de solidaridad que trasciende fronteras.. “La cultura enriquece mucho a las personas. Yo siempre había querido ser familia de acogida aquí en Burgos, y cuando llegó la oportunidad, me aferré a ella”, señala Libertad, que explica que conoció este programa gracias a un amigo, que compartió a través de sus redes sociales la noticia de que se buscaban familias para recibir a niños saharauis en verano. Fue como una señal, y Libertad y su marido no dudaron en presentar su solicitud para poder dar un hogar durante el verano a esos pequeños.. Así llegó a su hogar Wahba Neymuna, una niña de 10 años que ha podido disfrutar de estas vacaciones en compañía de los otros cuatro hijos de Libertad. Dos meses dan para mucho, y la familia ha querido que Wahba disfrute de cada minuto de su estancia en Burgos. Por ello, han aprovechado los fines de semana y las vacaciones también para viajar y conocer más rincones de España.. “Estamos todos muy contentos”, afirma Libertad, que reconoce que la adaptación ha sido un proceso de ir “poco a poco”, y recuerda que “vivir también es compartir lo bueno y lo malo”. Para ella, la acogida no tiene que ver con la caridad, sino con la justicia. “Es de justicia darles a estos niños un poco de vacaciones en paz, porque lo pasan muy mal en su país”, señala. Una experiencia que, además, siente que le aporta más de lo que ella entrega: “A veces es más egoísta que otra cosa, porque recibes más de lo que das”, afirma.. Un vínculo que crece cada verano. Sin embargo, Wahba no es la única que ha disfrutado de un verano diferente en Burgos. Desde principios de julio, una veintena de niños saharauis veranean en esta provincia. Algunos llegaban por primera vez a la ciudad, mientras otros han repetido experiencia. Es el caso del pequeño Ayub, un niño de doce años, que participó por primera vez en este programa cuando apenas tenía ocho años y este 2026 ha cumplido su quinto año con la familia de Eduardo Heras, presidente de la Asociación Burgalesa de Amigos del Pueblo Saharaui.. Su historia comenzó hace un lustro. Vinculado a la asociación y al programa ‘Vacaciones en paz’ desde hace años, un verano decidió sumarse a la iniciativa y acoger a uno de los pequeños en su hogar. Así llegó Ayub, un niño que recuerda “más tímido” al principio, pero que poco a poco fue adaptándose y juntos, cada verano, han ido construyendo una relación basada en el día a día, en compartir costumbres y en conocerse el uno al otro, permitiendo al burgalés conocer más acerca de la realidad del pueblo saharaui.. El vínculo ha crecido con el paso del tiempo. Lo que empezó con planes sencillos, como llevarle a la piscina, poco a poco fue evolucionando hasta compartir momentos cotidianos de una familia más. «Nos hemos ido adaptando a él, en el tiempo, en nuestras costumbres, procurando también abrir un poquito el horizonte de lo que él allí hace y las posibilidades que tendría aquí. Ha sido una experiencia súper positiva”, añade Eduardo.. El idioma tampoco ha sido una barrera. Aunque Eduardo reconoce que todavía le cuestan algunas expresiones, se comunican perfectamente y Ayub aprende muy rápido. La integración se refleja en pequeños detalles, como pedir ingredientes para preparar un postre, ayudar en la cocina o interesarse por actividades que forman parte de su verano en Burgos.. Para Heras, la acogida no consiste en enseñarles que una forma de vida es mejor que otra, sino en mostrarles una realidad diferente. “No se trata de enseñarles cosas nuestras y que esto es lo nuestro, lo bueno. Es abrirles un horizonte”, explica.. Una experiencia viva. El programa ‘Vacaciones en Paz’ comenzó a llevarse a cabo en Burgos en 1997. A punto de cumplir 30 años, esta iniciativa solidaria ha permitido que decenas de niños saharauis disfruten a lo largo de las décadas de un verano diferente, lejos de las temperaturas extremas y las duras condiciones de vida del desierto durante los meses estivales, al tiempo que conocen nuevas realidades y culturas.. Además del acompañamiento a las familias, la asociación facilita revisiones médicas, dentales y ópticas para los niños durante su estancia. En algunos casos, estos controles permiten detectar problemas de visión u otras necesidades que pueden atenderse durante el verano.. Las familias deben cumplir una serie de requisitos, entre ellos presentar certificados y comprometerse a que los menores regresen a sus hogares al finalizar el programa. Una experiencia que muchas deciden repetir cada verano y que, desde la asociación, animan a vivir a más burgaleses, invitándoles a acoger durante dos meses de verano a estos pequeños y a descubrir todo lo que esta experiencia puede aportar.
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