El domingo 24, el paraje el Rincón del Membrillo de Almonte, ubicado en pleno corazón del Parque Nacional de Doñana, se convirtió en el escenario de un incendio forestal que despertó todas las alarmas, al ser una de las reservas ecológicas más importantes de Europa. Tras intensas jornadas de trabajo, el Plan Infoca logró estabilizar el fuego el martes a las 22:15 horas y controlarlo 24 horas después. Actualmente, el dispositivo se encuentra a la espera de darlo por extinguido totalmente para retirar los últimos medios que refrescan el perímetro afectado.. A falta de las mediciones oficiales definitivas, la Estación Biológica de Doñana ya estima que el fuego ha afectado unas 500 hectáreas, según las mediciones preliminares, de enorme valor ecológico. Mientras las causas siguen bajo investigación, la administración autonómica no descarta que el origen del fuego haya sido intencionado. Ante este nuevo fuego surgen preguntas: ¿Es posible prevenir estos incendios en una zona tan sensible? ¿Qué medidas urgentes se deben adoptar? Los colectivos ecologistas responden.. Para ellos, este incendio no es un hecho aislado, sino la consecuencia de deficiencias estructurales en la vigilancia y gestión del espacio protegido. Juan Romero, portavoz de Ecologistas en Acción en el Consejo de Participación de Doñana , advierte de que la percepción de que el parque es un espacio blindado no se corresponde con la realidad.. «Los accesos en Doñana están, efectivamente, restringidos o controlados, pero eso no significa que no pasen personas ni que se prohíba la circulación. De hecho, por allí transitan muchos investigadores, propietarios, visitantes y ganaderos», señala a LA RAZÓN, al tiempo que subraya que este espacio sufre presiones constantes que van desde el furtivismo hasta el narcotráfico, al ser un punto estratégico de entrada de droga por el río Guadalquivir y el propio parque. Ante esta situación, denuncia una alarmante escasez de personal para custodio de más de 120.000 hectáreas y critica la falta de control en puntos clave como Matalascañas, donde afirma que «cualquier vehículo motorizado puede entrar» debido a la ausencia de vigilantes.. Romero pone el foco en dos problemas críticos: la gestión de la masa forestal y el estado de las infraestructuras de emergencia: «Existen muchísimos pinos que están completamente secos, así como montones de pinos cortados y abandonados dentro del espacio protegido, algo que es ilegal». Además, denuncia que algunos caminos de cortafuegos están tan cubiertos de vegetación que resultaron intransitables durante el último incendio: «Se han registrado muchos coches del Infoca que se han quedado atascados y otros que iban de forma incompleta, dedicándose más a sacar vehículos atrapados que a apagar el propio fuego».. Finalmente, alerta sobre la masificación de las tradiciones locales. Aunque aclara que los tránsitos rocieros se mantienen todo el año debido a las peregrinaciones extraordinarias, apunta que este año se autorizó el paso de más personas por las vías pecuarias: «Hoy en día El Rocío está muy masificado, los caminos están saturados y, evidentemente, un incendio en esas condiciones puede convertirse en una gran tragedia. Afortunadamente, en este caso no ha ocurrido nada grave, pero no queremos ni imaginar lo que supondría un incendio en el Coto del Rey, en la zona de Marismillas o en el Cerro del Trigo mientras pasa una hermandad», concluye, exigiendo un modelo sostenible y el desvío de vehículos motorizados hacia las carreteras.. Desde una perspectiva técnica y científica, las soluciones pasan por asumir que el entorno ha cambiado debido a la crisis climática y que las estrategias de prevención deben evolucionar en consecuencia. Juanjo Carmona, portavoz de la Oficina Técnica de WWF en Doñana, recuerda a LA RAZÓN, que «el riesgo cero lógicamente no existe» y que, al albergar especies pirófitas que conviven con el fuego, el objetivo debe ser minimizar los riesgos mediante la planificación.. Explica que, dejando a un lado las causas naturales –las menos probables–, los incendios forestales están vinculados a la acción humana, ya sea por intencionalidad, negligencia o imprudencia. Para combatirlos cree necesario romper con la homogeneidad de los montes: «Un pinar continuo de 50 kilómetros es, por definición, carne de cañón para un incendio. Por muy maravilloso que nos pueda parecer e integrado que lo tengamos en nuestra conciencia, ese tipo de paisaje a la larga no será resiliente a los fuegos».. Asimismo, considera que hay que tener en cuenta el impacto del incremento de las temperaturas. Los datos de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir reflejan que los termómetros en Doñana se sitúan sistemáticamente por encima de la media: en los últimos cuatro años el mes de mayo se han registrado medias mensuales de hasta 21,5 grados (2,8 grados por encima de lo habitual).. Esto obliga, según Carmona, a modificar el calendario legislativo de los periodos de riesgo: «Si se incluyen los primeros quince días de octubre en el periodo de riesgo, no se pueden obviar de ningún modo los primeros quince días de mayo», señala. Ello implicaría activar por ley a la totalidad de los equipos de prevención y extinción del Infoca con su capacidad máxima de personal y recursos materiales desde mediados de mayo. «Cuando éramos niños en los años 80, los incendios forestales quedaban restringidos básicamente al verano. Hoy en día, en cambio, sufrimos incendios forestales graves durante todo el año», argumenta.. Por último, el representante de WWF apela a la educación ciudadana para atajar las imprudencias y conductas cotidianas en eventos multitudinarios o romerías, recordando que incluso una botella de plástico abandonada puede generar un efecto lupa: «Toda prevención que se aplica será poca. Debemos adaptarnos a las nuevas circunstancias del cambio climático y adecuar las medidas de respuesta a esta realidad», concluye.
Ecologistas advierten de deficiencias estructurales en la vigilancia y en la gestión
El domingo 24, el paraje el Rincón del Membrillo de Almonte, ubicado en pleno corazón del Parque Nacional de Doñana, se convirtió en el escenario de un incendio forestal que despertó todas las alarmas, al ser una de las reservas ecológicas más importantes de Europa. Tras intensas jornadas de trabajo, el Plan Infoca logró estabilizar el fuego el martes a las 22:15 horas y controlarlo 24 horas después. Actualmente, el dispositivo se encuentra a la espera de darlo por extinguido totalmente para retirar los últimos medios que refrescan el perímetro afectado.. A falta de las mediciones oficiales definitivas, la Estación Biológica de Doñana ya estima que el fuego ha afectado unas 500 hectáreas, según las mediciones preliminares, de enorme valor ecológico. Mientras las causas siguen bajo investigación, la administración autonómica no descarta que el origen del fuego haya sido intencionado. Ante este nuevo fuego surgen preguntas: ¿Es posible prevenir estos incendios en una zona tan sensible? ¿Qué medidas urgentes se deben adoptar? Los colectivos ecologistas responden.. Para ellos, este incendio no es un hecho aislado, sino la consecuencia de deficiencias estructurales en la vigilancia y gestión del espacio protegido. Juan Romero, portavoz de Ecologistas en Acción en el Consejo de Participación de Doñana , advierte de que la percepción de que el parque es un espacio blindado no se corresponde con la realidad.. «Los accesos en Doñana están, efectivamente, restringidos o controlados, pero eso no significa que no pasen personas ni que se prohíba la circulación. De hecho, por allí transitan muchos investigadores, propietarios, visitantes y ganaderos», señala a LA RAZÓN, al tiempo que subraya que este espacio sufre presiones constantes que van desde el furtivismo hasta el narcotráfico, al ser un punto estratégico de entrada de droga por el río Guadalquivir y el propio parque. Ante esta situación, denuncia una alarmante escasez de personal para custodio de más de 120.000 hectáreas y critica la falta de control en puntos clave como Matalascañas, donde afirma que «cualquier vehículo motorizado puede entrar» debido a la ausencia de vigilantes.. Romero pone el foco en dos problemas críticos: la gestión de la masa forestal y el estado de las infraestructuras de emergencia: «Existen muchísimos pinos que están completamente secos, así como montones de pinos cortados y abandonados dentro del espacio protegido, algo que es ilegal». Además, denuncia que algunos caminos de cortafuegos están tan cubiertos de vegetación que resultaron intransitables durante el último incendio: «Se han registrado muchos coches del Infoca que se han quedado atascados y otros que iban de forma incompleta, dedicándose más a sacar vehículos atrapados que a apagar el propio fuego».. Finalmente, alerta sobre la masificación de las tradiciones locales. Aunque aclara que los tránsitos rocieros se mantienen todo el año debido a las peregrinaciones extraordinarias, apunta que este año se autorizó el paso de más personas por las vías pecuarias: «Hoy en día El Rocío está muy masificado, los caminos están saturados y, evidentemente, un incendio en esas condiciones puede convertirse en una gran tragedia. Afortunadamente, en este caso no ha ocurrido nada grave, pero no queremos ni imaginar lo que supondría un incendio en el Coto del Rey, en la zona de Marismillas o en el Cerro del Trigo mientras pasa una hermandad», concluye, exigiendo un modelo sostenible y el desvío de vehículos motorizados hacia las carreteras.. Desde una perspectiva técnica y científica, las soluciones pasan por asumir que el entorno ha cambiado debido a la crisis climática y que las estrategias de prevención deben evolucionar en consecuencia. Juanjo Carmona, portavoz de la Oficina Técnica de WWF en Doñana, recuerda a LA RAZÓN, que «el riesgo cero lógicamente no existe» y que, al albergar especies pirófitas que conviven con el fuego, el objetivo debe ser minimizar los riesgos mediante la planificación.. Explica que, dejando a un lado las causas naturales –las menos probables–, los incendios forestales están vinculados a la acción humana, ya sea por intencionalidad, negligencia o imprudencia. Para combatirlos cree necesario romper con la homogeneidad de los montes: «Un pinar continuo de 50 kilómetros es, por definición, carne de cañón para un incendio. Por muy maravilloso que nos pueda parecer e integrado que lo tengamos en nuestra conciencia, ese tipo de paisaje a la larga no será resiliente a los fuegos».. Asimismo, considera que hay que tener en cuenta el impacto del incremento de las temperaturas. Los datos de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir reflejan que los termómetros en Doñana se sitúan sistemáticamente por encima de la media: en los últimos cuatro años el mes de mayo se han registrado medias mensuales de hasta 21,5 grados (2,8 grados por encima de lo habitual).. Esto obliga, según Carmona, a modificar el calendario legislativo de los periodos de riesgo: «Si se incluyen los primeros quince días de octubre en el periodo de riesgo, no se pueden obviar de ningún modo los primeros quince días de mayo», señala. Ello implicaría activar por ley a la totalidad de los equipos de prevención y extinción del Infoca con su capacidad máxima de personal y recursos materiales desde mediados de mayo. «Cuando éramos niños en los años 80, los incendios forestales quedaban restringidos básicamente al verano. Hoy en día, en cambio, sufrimos incendios forestales graves durante todo el año», argumenta.. Por último, el representante de WWF apela a la educación ciudadana para atajar las imprudencias y conductas cotidianas en eventos multitudinarios o romerías, recordando que incluso una botella de plástico abandonada puede generar un efecto lupa: «Toda prevención que se aplica será poca. Debemos adaptarnos a las nuevas circunstancias del cambio climático y adecuar las medidas de respuesta a esta realidad», concluye.
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